Carta · tomo IV

A LAMBERTO AUX COUTEAUX, SUPERIOR

21 de junio de 1652

Tipo
Carta
Tomo
IV
Página inicial
403
Metadatos
Extraídos del documento
Ver tomo

1579 [1511,IV ,403-407] A LAMBERTO AUX COUTEAUX, SUPERIOR París, 21 de junio de 1652.

Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí ayer su carta del 20 de mayo y unos días antes me trajeron la del día 6, que debería haber recibido hace ya 15 días.

No sé de dónde habrá venido, pues el padre franciscano 1 y la señora des Essarts me habían dicho que no habían recibido nada para mí.

No contiene nada de particular; por eso sólo responderé a la última, que contiene dos puntos principales: el primero se refiere a las hijas de Santa María, y el segundo a su fundación.

Me dice usted que no puede pensar en qué razones se apoyará el señor arzobispo de París para impedir que esas hijas vayan a Polonia y desea que yo le diga algo para informar a la reina, que está preocupada por eso.

Tomo IV · p. 403

Le diré, pues, padre, que el señor de Morangis, en quien tiene cierta confianza el señor arzobispo y que ha hablado con él para procurar inclinarle en este sentido, me ha dicho que tiene dos razones por las que no quiere consentir en esa fundación: la primera es que la reina no se ha dirigido en primer lugar a él para ello; y la segunda, que está descontento de esas religiosas, no sólo porque ellas han tratado de este asunto sin saberlo él, sino por algunos otros motivo que no le digo y en los que puedo asegurarle que ellas no tienen ninguna culpa; de este modo, según Dios, la cosa es de tal naturaleza que no se ve ningún arreglo 2 Tenga usted en cuenta que hasta ahora él no ha intervenido en ninguna de sus fundaciones y que siempre se ha procedido en ellas de la misma manera que se ha intentado hacer en esta ocasión, sin que él haya tenido nada que decir.

En esto es en lo que se basa su negativa.

Dudo mucho de que se retracte, a no ser que la reina le escriba en francés una carta muy cordial en la que le dé satisfacciones; aún así, dudo mucho de que se rinda 3.

Sin ________ Carta 1579 (CF).

— Archivo de Cracovia, original. 1.

Tomo IV · p. 403

El padre Berthod. 2.

Estas palabras, a partir de en los que puedo, son de mano del santo. 3.

Juan Francisco de Gondi siguió en su negativa; las religiosas de 379

Tomo IV · p. 403

embargo, no hemos de dejar de acudir a este medio, si Su Majestad quiere hacerle este honor.

Después de todo esto, sigo aún temiendo la oposición de los parientes de esas religiosas, cuando sea menester destinar a algunas en concreto.

Pero he de decirle, padre, que en todas estas dificultades no hay ninguna culpa por parte de dichas religiosas, que de muy buena gana realizarían esa buena obra por la gloria de Dios, el consuelo de la reina y el honor de su santo Instituto, si no se lo impidiesen.

En cuanto al segundo punto de su carta, que habla de las dificultades que se ponen para permitir su fundación, adoro en esto la providencia de Dios, sin cuya disposición nada se hace; lo que mejor podemos hacer es ver su voluntad en todas las contrariedades que nos vengan, en vez de echarle la culpa a nadie.

Y aunque fuera verdad que esas personas de las que le han hablado sientan envidia y hagan todo lo que puedan en contra de nosotros, nunca dejaré de estimarlas, de quererlas y de servirlas en todo lo que pueda, tanto aquí, como en cualquier otra parte.

Tomo IV · página PDF 382

Entretanto, le envío una copia auténtica de nuestra bula 4 legalizada por el señor oficial de París 5 y por el señor nuncio 6, del que estoy esperando una carta para el señor nuncio de Polonia, para recomendarle y dar su testimonio en favor de nuestra compañía, a fin de que el mismo nuncio de Polonia tenga a bien intervenir ante el señor obispo de Poznan 7, a falta de las cartas testimoniales que les ha pedido de parte del señor arzobispo de París, a quien no me atrevo a pedírselas.

Espero de la bondad de Dios y de la fuerza de la verdad que esto sea suficiente y que pronto conseguirán su establecimiento definitivo.

Recibiremos cordialmente a ese buen eclesiástico familiar del señor nuncio de Polonia; le daremos alojamiento en Bons-Enfants, según le ha hecho esperar usted. ________ la Visitación que fueron a Polonia tuvieron que salir de los monasterios de otras provincias. 4.

La bula de erección de la compañía. 5.

Andrés de Saussay. 6.

Nicolás Bagni. 7.

Florián Casimiro Czartoryski (1650-1654). 380

Tomo IV · página PDF 382

Nuestras noticias son las mismas de siempre.

Como no podemos ir a misionar al campo, ya que la pobre gente anda esparcida por un sitio y por otro, pues han escapado de sus casas por temor a los malos tratos de los soldados, nos hemos decidido a tener una misión con los que se han refugiado en París y hemos comenzado hoy mismo en nuestra propia iglesia con 800 de esas pobres personas alojadas por estos barrios; luego iremos a los otros.

También han ido algunos padres nuestros a empezar otra misión con los refugiados de San Nicolás du Chardonnet, a los que iremos a confesar en aquella iglesia.

Tenemos ahora algunas esperanzas de paz, después de que el duque de Lorena se ha marchado para salir del reino con su ejército, que llegó a estar a nuestras puertas y entró él mismo en la ciudad.

El hizo las paces cuando el ejército del rey estaba ya a punto de darle la batalla junto a Charenton.

Prefirió aceptar un arreglo antes que atreverse al combate, de modo que este pobre país se ha librado de una pesada carga.

Tomo IV · página PDF 383

Según se cree piadosamente, se trata de un favor que nos han alcanzado los sufragios de los santos, especialmente santa Genoveva, por las procesiones que se han hecho con mucho orden y con tanta devoción exterior como jamás había visto, y por las buenas obras que se hacen en París en medio de las tribulaciones presentes y que son principalmente: 1.º dar de comer todos los días un potaje a cerca de 15.000 pobres, tanto vergonzantes como refugiados; 2.º acoger a las jóvenes refugiadas en casas particulares, en donde son mantenidas e instruidas hasta el número de 800; piense usted en los males que se habrían seguido si se las hubiera dejado vagabundear por las calles; nosotros tenemos a un centenar en una casa del barrio de Saint-Denis; 3.º se va a apartar de este mismo peligro a las religiosas del campo que los ejércitos han echado a París, algunas de las cuales están en la calle, otras se alojan en lugares sospechosos y otras en casas de sus parientes; pero como todas están en peligro y disipadas, se ha creído que podría hacerse un servicio muy agradable a Dios si se las acogiera en un monasterio, bajo la dirección de las hijas de Santa María.

Tomo IV · página PDF 383

Finalmente se nos ha enviado aquí a los pobres párrocos, vicarios y demás sacerdotes del campo que han dejado sus parroquias para huir a esta ciudad; vienen acá todos los días para que les demos 381

Tomo IV · página PDF 383

de comer y los ejercitemos en las cosas que tienen que saber y practicar 8.

Así es como quiere Dios que podamos participar en tantas y tan santas empresas.

Las pobres hijas de la Caridad todavía participan más que nosotros en la asistencia corporal de los pobres.

Hacen y distribuyen todos los días la comida en casa de la señorita Le Gras a 1.300 pobres vergonzantes, y en el barrio de Saint-Denis a 800 refugiados; solamente en la parroquia de San Pablo, cuatro o cinco de estas hermanas dan de comer a 5.000 pobres, además de los sesenta u ochenta enfermos que tienen que atender.

Hay otras que hacen esto mismo en otros lugares.

Le ruego que pida por ellas y por nosotros, como nosotros lo hacemos siempre por el éxito de sus santas intenciones, la santificación de sus almas, el acierto en su gobierno y la conservación de todos ustedes.

Le abrazo con cariño, juntamente con todas esas personas a las que Dios ha puesto en sus manos.

Soy en su amor, padre, su muy humilde servidor.

Tomo IV · página PDF 384

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Le acompaño dos cartas del señor nuncio; me parece que el señor du Chesne le indica la razón de por qué van dos. 1580 [1512,IV ,408-410] A LAS HERMANAS DE VALPUISEAUX París, 23 de junio de 1652 Mis buenas hermanas: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

¡Bendito sea Dios de que estén ustedes de nuevo en casa 1 y que se hayan podido salvar de tantas penas y peligros!

Se ________ 8.

Véanse los Annales de la Compagnie du Saint-Sacrement, 128.

Carta 1580 (CF).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

La aldea de Valpuisseaux, cerca de Etampes, había sufrido muchos saqueos por parte de los soldados y de los bandoleros.

Los habitantes habían huido a las ciudades, y las hermanas con ellos. 382

Tomo IV · página PDF 384

lo agradezco de todo corazón.

Me he alegrado mucho de tener noticias de ustedes, aunque también he sentido mucho lo que me dicen de sus indisposiciones.

Me someto sin embargo a la voluntad de Dios, que sacará su gloria de sus enfermedades, lo mismo que hizo de su salud, en la que espero que las restablecerá pronto por su gracia y por el cambio de aires.

No puedo expresarles lo mucho que me alegra el saber que ya están libres de preocupaciones; es algo así como la alegría de que, después de muertas, hubieran resucitado.

He de confesar, hermanas, que han pasado ustedes muchos sufrimientos, pero también sé que serán ampliamente recompensadas; y no sólo será grande su recompensa por el daño que han sufrido, sino también por el bien que han hecho atendiendo a los enfermos y a los heridos en el hospital y por los buenos ejemplos que les han dado; por todo ello le pido a Dios que sea su consuelo y su recompensa.

Tomo IV · página PDF 385

Me han dicho que hay muchos enfermos en Val de Puiseau y que en la actualidad ese lugar es el que necesita más ayuda; esto me hace redoblar mis oraciones a Dios, para que las ponga pronto en condiciones de ir a verlos y consolarlos; les ruego, hermanas, que hagan todo lo posible por ponerse bien.

La señorita Le Gras les manda para ello unos jarabes y medicinas, y yo le ruego a la pobre viuda del señor Pedro Charpentier que les proporcione todo el dinero que necesiten.

Les ruego que no reparen en nada para ponerse bien.

Les enviaríamos una hermana para ayudarles, si pudiéramos; pero ya saben ustedes lo difícil que están los caminos 2; por otro lado, las miserias son tan grandes en París que la señorita Le Gras no tiene gente suficiente para asistir a los enfermos y a los pobres refugiados en tantas partes como se las piden.

Les tienen que hacer la comida en gran número de parroquias; las hermanas de San Pablo 3 dan de comer todos los días a cerca de 8.000 pobres, tanto vergonzantes como refugiados, sin contar a los sesenta u ________ 2.

Los peligros no venían solamente de los bandoleros y de los soldados.

Tomo IV · página PDF 385

Por los campos erraban también las bestias salvajes, que entraban incluso en las ciudades en busca de cadáveres.

En la Rélation del mes de agosto se refiere que en Etampes murieron tres mujeres devoradas por los lobos. 3.

Parroquia de París. 383

Tomo IV · página PDF 385

ochenta enfermos que tienen que atender.

Nunca ha trabajado tanto su compañía como en esta ocasión, ni con tanta utilidad; espero que Dios la bendecirá mucho por ello.

Su buena madre 4 se encuentra mejor.

Vuelvo de nuevo, hermanas mías, a pedirles expresamente que se cuiden mucho para que recuperen pronto sus fuerzas perdidas; no tenga prisa en trabajar; antes es menester que se pongan del todo bien.

Ahora se encuentran ustedes en una especie de desierto, pues eso es lo que me parece el Val de Puiseaux; pero recuerden que también Nuestro Señor honró la soledad, pues quiso pasar algún tiempo en el desierto, como ustedes saben; pues bien, siempre es para nosotros una bendición encontrarnos en el estado por el que pasó Nuestro Señor y Maestro.

Les encomiendo a él muchas veces.

Sigan temiéndole y amándolo; ofrézcanIe sus molestias y sus pequeños servicios y no hagan nada más que para darle gusto a él; así es como irán creciendo en gracia y en virtud.

Pídanle por nosotros y por mí, que soy en su amor, mis buenas hermanas, su muy afectuoso servidor.

Tomo IV · página PDF 386

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: A las hermanas de la caridad, sirvientas de los pobres enfermos en Val de Puiseaux 1581 [1513,IV ,410-411] A UNA RELIGIOSA DEL SEGUNDO MONASTERIO DE LA VISITACION 1 [Junio o julio de 1652]2 ¡Dios mío!

Mi querida hermana, ¡cuánto le agradezco esa caridad que ha tenido con nosotros!

No puedo expresarle lo ________ 4.

Luisa de Marillac.

Carta 1581.

— Reg. 1, f.º 7, copia sacada del original autógrafo. 1.

La carta va dirigida «a la madre de Santa María de Santiago», esto es, a su superiora.

Está claro que se trata de un error.

Creemos que el santo le escribe a la madre María Inés Le Roy, que había acabado su segundo trienio el 13 de mayo de 1653. 384

Tomo IV · página PDF 386

agradecido que le estoy.

La continua agitación en que estamos me ha impedido ir a verla.

Hace ya siete u ocho días que no he ido por la ciudad.

Por lo demás, no creo que en casa de ustedes haya ningún motivo para tener miedo.

Aparte de la protección especial de Dios, cuentan ustedes con el aprecio de que su Orden goza por todas partes; y además el interés que todos los parientes de nuestras queridas hermanas y de sus niñas tienen en su salvación.

Sus muros son fuertes y altos, gracias a Dios, por la parte del campo.

No, hermana; no creo que tengan ustedes que alarmarse por nada, ni siquiera a pesar de que algunos otros monasterios se retiran a la ciudad 3.

Estas son, mi querida hermana, mis ideas sobre este punto.

Soy, mi querida hermana, su muy humilde y obediente servidor.

VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Saludo muy humildemente a nuestra querida madre 4 y soy su muy humilde servidor. 1582 [1514,IV ,411-416] ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR DE GENOVA, 1 A SAN VICENTE [Julio de 1652] 2 Niolo es un valle de unas tres leguas de largo y una y media de ancho, rodeado de montañas; los accesos y los caminos ________ 2.

Tomo IV · página PDF 387

Las alarmas de las religiosas de la Visitación de Santiago no pueden explicarse más que por los acontecimientos que entonces tuvieron a París como teatro. 3.

El primer monasterio dio albergue durante seis meses a las hermanas de Saint-Denis, Chaillot y Dammartin.

Las del segundo monasterio se quedaron en su casa y no sufrieron ningún daño. 4.

La madre María Agustina Bouvard.

Carta 1582.

— A BELL Y, o.c., II, cap.

I, sec.

V , 1.ª ed., 75 s. 1.

Esta carta se la atribuye equivocadamente a Juan Martin el autor de su biografía impresa (Notices, I, 277 s.).

Es de un misionero que conocía los Pirineos, o sea, de Esteban Blatiron, antiguo compañero de 385

Tomo IV · página PDF 387

para llegar allí son de los más difíciles que he visto en mi vida, tanto en los Pirineos como en Saboya; esto hace que aquel lugar sea una especie de refugio de todos los bandidos y maleantes de la isla que, al tener ese retiro, practican impunemente su bandolerismo y sus asesinatos, sin temor a los oficiales de la justicia.

En aquel valle hay varias pequeñas aldeas, que cuentan en total unos dos mil habitantes.

Y o nunca he conocido gente, ni sé que exista en toda la cristiandad, más abandonada que aquella.

No encontramos allí casi más restos de fe que su afirmación de que estaban bautizados y que había algunas iglesias aunque muy mal conservadas.

Tenían una ignorancia tan grande de las cosas de su salvación que apenas se habrían podido encontrar a cien personas que supiesen los mandamientos de Dios y el símbolo de los apóstoles.

Preguntarles si había un solo Dios o si había varios y cuál de las tres divinas personas se había hecho hombre por nosotros era hablarles en árabe.

Tomo IV · página PDF 388

El vicio pasaba por virtud y la venganza era tan corriente que los niños aprendían antes a vengarse de la menor ofensa que a andar o a hablar; no servía de nada predicarles lo contrario ya que el ejemplo de sus mayores y los malos consejos de sus propios padres relativos a este vicio habían echado tan profundas raíces en sus espíritus que no eran capaces de convencerse de lo contrario.

Había muchos que pasaban siete y ocho meses sin oír misa y que estaban t;es cuatro ocho y diez años sin confesarse.

Había incluso jóvenes de quince y dieciséis años que no se habían confesado nunca.

Con todo ello había un gran número de vicios que reinaban entre aquellas pobres gentes.

Eran hombres muy inclinados a robar; no tenían ningún escrúpulo en comer carne en cuaresma y en los otros días prohibidos; se perseguían y se molestaban unos a otros como bárbaros; y cuando tenían algún enemigo no ponían ninguna dificultad en imputarle falsamente algún gran crimen del que le acusaban ante la justicia presentando tantos falsos testimonios como querían.

Por otra parte los que eran acusados tanto si eran cul________ la casa de Alet.

Tomo IV · página PDF 388

Por lo demás, el mismo san Vicente se la atribuye a él en su carta del 9 de agosto a Juan Martin (carta 1604). 2.

Véase la nota 1.

El contenido demuestra que la carta no ha sido escrita antes del mes de julio. 386

Tomo IV · página PDF 388

pables como si no encontraban personas que decían y sostenían en justicia todo lo que querían para quedar justificados; de aquí que la justicia no podía actuar y se la hacían ellos mismos matándose con facilidad unos a otros en cualquier ocasión.

Además de todos estos desórdenes había grandes abusos entre los habitantes de aquella isla en relación con el sacramento del matrimonio; era raro que lo celebrasen antes de haber estado viviendo juntos; ordinariamente cuando no eran más que novios o se habían dado simplemente la palabra la joven iba a vivir a casa de su futuro marido y seguían en esa situación de concubinato dos y tres meses y a veces dos y tres años sin preocuparse del casamiento.

Y todavía es peor que gran parte de esos matrimonios se hacían entre personas que eran parientes sin pedir la dispensa del impedimento de consanguinidad permaneciendo en ese estado durante ocho y diez años e incluso quince años y más.

No obstante tenían varios hijos y si por ventura moría el padre eran abandonados como bastardos volviéndose a casar la mujer con otro que a veces era su mismo pariente.

Tomo IV · página PDF 389

Se han llegado a conocer casos de tres maridos con los que han vivido en concubinato e incesto.

Sucedía incluso que si las personas casadas de ese modo llegaban a cansarse la una de la otra aunque tuvieran hijos no por ello dejaban de separarse y buscar partido con otro.

Había además un gran abuso que es que los padres en su mayoría casaban a sus hijos antes de la edad núbil; encontramos algunos que los habían casado a los cuatro o a los cinco años; uno había casado a su hija de un año con un niño de cinco años.

De este desorden nacía otro que es que muchas veces esos niños al no sentir nunca afecto el uno por el otro no podían verse ni tolerarse por lo que muchos se divorciaban y llegaban a enemistarse y cometer atentados y asesinatos los unos contra los otros.

En solo este valle hemos llegado a encontrar a ciento veinte concubinarios de los cuales unos ochenta eran además incestuosos; entre estos había unos cuarenta que habían sido declarados denunciados y excomulgados por este motivo pero a pesar de ello no dejaban de tratar ni conversar con los demás habitantes con la misma libertad que si no estuvieran excomulgados.

Tomo IV · página PDF 389

De forma que casi toda aquella población se veía 387

Tomo IV · página PDF 389

impedida de censuras y excomulgados la mayor parte de sus habitantes por haber tratado y comulgado con aquellas personas.

Este era el deplorable estado en que se encontraba aquel pobre pueblo cuando se envió a unos sacerdotes para que tuvieran allí la misión.

Y ésta es la manera con que actuamos para poner algún remedio a tantos desórdenes.

Tomo IV · página PDF 390

En primer lugar pusimos toda la diligencia que nos fue posible en instruir al pueblo en las cosas necesarias para la salvación; en ello empleamos casi tres semanas. 2.º Hicimos separar a los concubinarios al menos a todos aquellos que conocimos y que habitaban en aquel lugar; y el día de la fiesta de san Pedro y san Pablo patronos de la iglesia en donde estábamos todos aquellos concubinarios debidamente convencidos del mal estado en que habían estado viviendo y llenos de un verdadero sentimiento de penitencia se pusieron de rodillas al final del sermón pidieron públicamente perdón por el escándalo que habían dado y prometieron bajo juramento que se separarían y habiéndose separado efectivamente se presentaron al tribunal de la confesión. 3.º Luego se hizo separar a los que estaban excomulgados después de haberse presentado con todas las señales de un corazón verdaderamente contrito y humillado a la puerta de la iglesia para recibir la absolución después de haberles explicado la censura en que habían incurrid o; uno tras otro se fueron obligando bajo juramento público a permanecer se parad os y a no entrar jamás uno en casa del otro en ninguna ocasión y por ningún motivo y finalmente fueron absueltos públicamente se les recibió en la confesión y poco después se les dio la comunión.

Tomo IV · página PDF 390

Como había algunos eclesiásticos que fomentaban aquellos desórdenes con sus malos ejemplos cometiendo incestos y sacrilegios con sus sobrinas y otros parientes quiso la misericordia de Dios tocarles el corazón tanto por las muestras de caridad que se les dieron como por medio de las conferencias espirituales a las que asistieron; de forma que todos hicieron su confesión general con todas las demostraciones de una verdadera penitencia añadiendo a ello las reparaciones públicas por el escándalo que habían dado.

Pero lo más duro de nuestro trabajo consistió en buscar la reconciliación de los enemigos.

Puedo decir que hoc opus, hic 388

Tomo IV · página PDF 390

labor, ya que la mayor parte de este pueblo vivían enemistados.

Estuvimos quince días sin poder conseguir nada a no ser que un joven perdonó a otro que le había disparado un pistoletazo a la cabeza.

Todos los demás se mostraban inflexibles en sus malas disposiciones sin dejarse conmover por nada de lo que les decíamos; esto no impidió sin embargo que la gente acudiera en gran número a las predicaciones que continuamos todos los días por la mañana y por la tarde.

Todos los hombres venían armados a la predicación con la espada al cinto y el fusil a la espalda que es su equipaje ordinario.

Pero 105 bandidos y los demás criminales llevaban además de esas armas otras dos pistolas al cinto y dos o tres puñales.

Tomo IV · página PDF 391

Y todas aquellas personas estaban tan llenas de odio y de deseos de venganza que todo cuanto pudiera decirse para curarles de aquella extraña pasión no dejaba ninguna impresión en sus espíritus; incluso muchos de ellos cuando se hablaba del perdón a los enemigos se salían de la iglesia de manera que todos estábamos muy preocupados y yo más que los otros puesto que me había encargado especialmente de procurar la avenencia entre los enemigos.

Finalmente el día anterior a la comunión general al acabar la predicación después de haber exhortado expresamente al pueblo al perdón Dios me inspiró que tomara en la mano el crucifijo que llevaba sobre mí y que les dijera que quienes estuvieran dispuestos a perdonar vinieran a besarlo; además de parte de Nuestro Señor que les tendía sus brazos les dije que los que besasen ese crucifijo darían una señal de que querían perdonar y de que estaban dispuestos a reconciliarse con sus enemigos.

Tomo IV · página PDF 391

A estas palabras empezaron a mirarse unos a otros pero al ver que ninguno se acercaba disimulé que quería retirarme y oculté el crucifijo quejándome de la dureza de sus corazones y diciéndoles que no merecían la gracia ni la bendición que Nuestro Señor les ofrecía.

Entonces un religioso de la reforma de San Francisco se levantó y empezó a gritar: «¡Oh Niolo Niolo!

¿Es que quieres que Dios te maldiga?

¿No quieres recibir la gracia que te envía por medio de estos misioneros que han venido desde tan lejos por tu salvación?».

Mientras aquel religioso profería estas palabras y otras semejantes uno de los párrocos a quien le habían matado un sobrino y 389

Tomo IV · página PDF 391

cuyo asesino estaba presente en el sermón vino a postrarse en tierra y pidió que le diera a besar el crucifijo, diciendo al mismo tiempo: «Que se acerque fulano (era el asesino de su sobrino) y le daré un abrazo».

Después de haberlo hecho así se acercó otro sacerdote e hizo lo mismo con algunos de sus enemigos que estaban presentes; a aquellos dos les siguió una gran muchedumbre de otras personas de forma que durante una hora y media no se vio otra cosa más que reconciliaciones y abra%os; y para mayor seguridad las cosas más importantes se ponían por escrito y levantaba acta pública un notario.

Al día siguiente que era el día de la comunión, se tuvo una reconciliación general y el pueblo después de haber pedido perdón a Dios se lo pidió también a sus párrocos y a su vez los párrocos a su pueblo todo ello con gran edificación de todos.

Tomo IV · página PDF 392

Luego pregunté si todavía quedaba alguno que no se hubiera reconciliado con sus enemigos; enseguida se levantó uno de los sacerdotes y dijo que sí y empezó a llamarlos por sus nombres; todos ellos acercándose adoraron al Santísimo Sacramento que estaba expuesto y sin ninguna resistencia ni dificultad se abrazaron cordialmente unos a otros.

¡Oh Señor!

¡Cuánta edificación en la tierra y cuánta alegría en el cielo ver a los padres y a las madres que por amor de Dios perdonaban la muerte de sus hijos a las mujeres la muerte de sus maridos a los hijos la muerte de sus padres a los hermanos y parientes la muerte de sus allegados y en fin ver a tantas personas abrazando a sus enemigos y llorando con ellos!

En otros países es muy ordinario ver llorar a los penitentes a los pies del confesor; pero en Córcega esto es un pequeño milagro.

Al día siguiente de la comunión recibimos una carta diciendo que teníamos que dirigirnos a la Bastida 3 donde nos aguardaba una galera enviada expresamente por el senado de Génova.

Tomo IV · página PDF 392

Sin embargo todavía tardamos dos días que empleamos muy útilmente arreglando algunas desavenencias que todavía quedaban; el martes se tuvo una predicación sobre la perseverancia con tan gran afluencia de gente que fue necesario hablar fuera de la iglesia.

Allí se renovaron las promesas y la protesta de querer llevar una vida verdaderamente cristiana perseverando ________ 3.

Antiguo nombre de la ciudad de Bastia. 390

Tomo IV · página PDF 392

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

Volver arriba VicenPlay