Carta · tomo IV
AL PAPA INOCENCIO X
1608 [1539,IV ,455-459] AL PAPA INOCENCIO X Beatissime Pater.
Omnium hominum, quotquot sunt, abjectissimus, ad pedes Sanctitatis Vstrae humillime provolutus, meipsum unaque simul nostra parvam sacerdotum Missionis congregationem, cujus, licet indignissimus, superior generalis a Sancta Sede apostolica constitutus sum, denuo illi totam offero, dedo atque devoveo.
Ausim etiam, confisus paterna sua pietate qua omnes suos filios, etiam minimos, benigne audit atque excipit, miserrimum ac compassione dignissimum Galliae nostrae statum illi exponere?
Domus regia dissensionibus divisa; populi in varias factiones distracti; urbes ac provinciae bellis civilibus afflictae; villae, pagi, oppida eversa, diruta atque combusta; agricolae non metunt quae seminaverunt nec in annos proximos serunt; omnia militibus permissa; populi non modo illorum latrociniis ac rapinis, sed etiam caedibus ac variis tormentorum generibus expositi, plerique ruricolae, si non gladio, at sane fame pereunt; nec ipsi sacerdotes illorum manus affugiunt, ab ipsis inhumane ac crudeliter accepti, torti, occisi; stuprantur virgines; imo sanctimoniales ipsae illorum libidini et furori objiciuntur; templa profanata, direpta atque eversa; et quae integra remanserunt, plerumque a pastoribus deserta, atque ita populi sacramentis et sacrificiis omnique adjumento spirituali privati ac pene destituti.
Et quod horrescit animus cogitare, nedum dicere, augustissimum Domini Corporis sacramentum etiam ab ipsismet catholicis indignissime tractatur; namque ut sacris pyxidibus potiantur, sanctam Eucharistiam projiciunt ac pedibus conculcant.
Jam quid faciant haeretici, qui nullam hujus misterii fidem habent, proferre non audeo, nec queo.
Haec audire vel legere parum est, nisi quis illa singulatim et coram oculis perspiciat.
Non me fugit magnae temeritatis a Sanctitate Vestra me jure posse redargui, quippe qui homo privatus et nullius nominis, omnium christianorum Caput et Patrem, ita bene et abunde de omnibus omnium nationum, praesertim christianarum, ________ Carta 1608 (CF).
— Archivo del Vaticano, Particolari, t.
XVII, f.º 87, original.
Texto en latín. 425
instructum, audeam de his commonere.
S ed, quaeso, ne indigneris, Domine, si loquar 1.
Loquar ad Dominum meum, cum sim pulvis et cinis 2.
Nullum enim, Beatissime Pater, his omnibus malis nostris superest remedium, praeter opem quam paterna sua cura, pietate et auctoritate nobis afferre potest Sanctitas Vestra.
Neque etiam ignoro illam satis dolere vices nostras; jamque saepius tentasse haec civilia bella, etiam nascentia, extinguere; pontificia diplomata ad hunc finem misisse; Illustrissimoque ac Reverendissimo DD.
Nuncio apostolico injunxisse ut suo nomine se efficaciter interponeret; quam rem apostolice omnino gessise, atque in ea, quantum in se fuit, Sanctitati Vestrae et Deo egregiam operam, quamvis hactenus inutilem, navasse, certo scio.
At, Beatissime Pater, duodecim sunt horae diei, et quod semel aggressum feliciter non processit, iterum tentatum meliorem exitum sortiri potest.
Quid plura?
Non est abreviata manus Domini; et confidenter credo curae et sollicitudini universalis Ecclesiae suae Pastoris hanc gloriam Deum reservasse, ut tandem nobis requiem pro laboribus, felicitatem pro tantis miseriis, pro bello pacem obtineat, domum regiam tot dissidiis divisam uniat, populos diuturno bello laborantes sublevet, pauperes fame prostratos et penes mortuos resuscitet, agros planes devastatos et provincias afflictas reficiat, templa diruta restauret, virginibus secularitatem det, sacerdotibus animarumque pastoribus reditum in Ecclesias suas procuret, omnibus denique vitam restituat.
Sanctitatem Vestram hoc ut faciat, pre viscera misericordiae Christi, cujus in terra vices gerit et personam sustinet, etiam atque etiam supplex et humiliter rogo atque obsecro, et benedictionem suam iterum mihi impertiat peto.
Sanctitatis Vestrae humillimus et obedientissimus atque addictissimus servus et in Christo filius.
V INCENTIUS A PAULO indignissimus superior congregationis Missionis Parisiis, die 16 augusti 1652. ________ 1.
Gén 18, 30. 2.
Gén 18, 27. 426
TRADUCCIÓN Beatísimo Padre: Postrado muy humildemente a los pies de Su Santidad, vengo como el último de todos los hombres a ofrecerle de nuevo, consagrarle y dedicarle mi persona y nuestra pequeña congregación de sacerdotes de la Misión, de la que he sido nombrado por la Santa Sede apostólica superior general, a pesar de mi indignidad.
¿Me atreveré además, lleno de confianza en esa bondad paternal con que ha acogido y escuchado a los más pequeños de entre sus hijos, a exponerle la situación lamentable y realmente digna de lástima de nuestra Francia?
La casa real dividida por las disensiones, las ciudades y provincias asoladas por las guerras civiles, los pueblos divididos en facciones, las aldeas, las villas, los más pequeños rincones destruidos, arruinados e incendiados, los trabajadores sin poder recoger lo que sembraron y sin poder sembrar nada para los años siguientes.
Los soldados se entregan impunemente a toda clase de desmanes.
Los pueblos, por su parte, no sólo se ven expuestos a las rapiñas y a los actos de bandolerismo, sino incluso a los asesinatos y a toda clase de torturas.
Los habitantes del campo que no han sido matados por la espada tienen que morir casi todos de hambre.
Los sacerdotes, a quienes los soldados no tratan con mayor miramiento que a los demás, se ven tratados inhumana y cruelmente, torturados y asesinados.
Las vírgenes son deshonradas; las mismas religiosas expuestas a su libertinaje y a su furor; los templos profanos, saqueados o destruidos.
Los que quedan en pie se han visto de ordinario abandonados de sus pastores, de forma que los pueblos están casi totalmente privados de sacramentos, de misas y de todo socorro espiritual.
Finalmente, lo que es más horroroso de pensar y sobre todo de decir, el santísimo sacramento del cuerpo del Señor ha sido tratado con la mayor indignidad, incluso por los católicos, ya que para apoderarse de los vasos sagrados han tirado por tierra y han pisoteado a la santa Eucaristía.
¿Y qué no habrán hecho los herejes, que no creen en estos santos misterios?
No me atrevo a expresar!o ni sería capaz de decirlo.
Es poca cosa oír y leer estas cosas; sería menester verlas y comprobarlas con los propios ojos. 427
No ignoro que Su Santidad podrá acusarme con razón de una gran temeridad, por atreverme yo, que soy un individuo particular y sin nombre, a exponer estos males a la Cabeza y al Padre de todos los cristianos, que tan amplia y detalladamente está instruido en los asuntos de todas las naciones, especialmente de las naciones cristianas.
Pero, por favor, Señor, no se indigne si le hablo.
Le hablaré a mi Señor, aun cuando no sea más que polvo y ceniza.
En efecto, Santísimo Padre, no cabe más remedio a nuestros males que el que nos puede venir de la solicitud paternal, del afecto y de la autoridad de Su Santidad.
No ignoro que está ya sumamente afligido por nuestras pruebas y que con frecuencia ha intentado ya apagar estas guerras civiles, incluso desde su nacimiento, cuando envió con este designio sus cartas pontificias y ordenó al ilustrísimo y reverendísimo señor nuncio apostólico que intercediera eficazmente en su nombre; sé también que así lo hizo, con un verdadero celo de apóstol y que, en cuanto de él dependió, trabajó admirablemente, aunque su esfuerzo ha sido inútil hasta hoy, en el servicio de Dios y de Su Santidad.
Pero, Santísimo Padre, el día tiene doce horas, y lo que no se logró una vez quizás pueda obtenerse más felizmente con una nueva tentativa.
¿Para qué seguir?
El brazo del Señor no se ha encogido y yo creo firmemente que Dios tiene reservada a las preocupaciones y a la solicitud del Pastor de su Iglesia universal la gloria de alcanzarnos finalmente el descanso después de nuestras fatigas, la dicha después de tantos males, la paz después de la guerra, restablecer la unión en la familia real tan profundamente dividida, aliviar a los pueblos desolados por tan larga guerra, devolver l,. vida a los pobres abatidos y casi muertos de hambre, ayudar a los campos totalmente devastados, a las provincias arruinadas, levantar los templos derruidos, devolver la seguridad a las vírgenes, hacer entrar de nuevo a los sacerdotes y a los pastores de almas en sus iglesias, y finalmente darnos otra vez la vida a todos.
¡Dígnese Su Santidad realizar estos votos!
Se lo pido con insistencia, se lo ruego y se lo suplico humildemente por las entrañas de la misericordia de Jesucristo, cuyo lugar ocupa y a quien personifica en esta tierra.
Igualmente le ruego que me conceda su bendición. 428
Tomo IV · página PDF 430VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.