Carta · tomo IV
A ALANO DE SOLMINIHAC, OBISPO DE CAHORS 1
1641 [1572,IV ,520-523] A ALANO DE SOLMINIHAC, OBISPO DE CAHORS 1 [Noviembre de 1652] 2 Señor obispo: No me siento capaz de expresarle la aflicción que siento por la enfermedad que amenaza a su ciudad, ni la confusión que me inspira la confianza con que usted me honra; le pido a Dios con todo mi corazón que aparte ese azote de los pueblos de su diócesis y que me haga digno de responder en su espíritu a lo que usted me ordene 3.
Tomo IV · p. 520Así pues, señor obispo, mi humilde opinión es que un prelado que se encuentre en esa situación debe-mantenerse en la posibilidad de atender a las necesidades espirituales y temporales de toda su diócesis durante esa aflicción pública, sin encerrarse en un lugar ni ocuparse en ninguna otra tarea que le quite el medio de atender a los demás, sobre todo porque no es obispo de esa ciudad solamente, sino que lo es de toda su diócesis, en cuyo gobierno debe repartir sus cuidados de forma que no se detenga en un lugar particular, a no ser que le sea imposible atender a la salvación de las almas de aquel lugar por medio de sus párrocos o de otros eclesiásticos; pues, en ese caso, yo creo que está obligado a exponer su vida por su salvación y encomendar a la adorable providencia de Dios el cuidado de todos los demás lugares.
Así es como está haciendo uno de los más grandes prelados de este reino, que es monseñor..., el cual ha preparado a sus párrocos para que se expongan por la salvación de sus feligreses y, cuando la enfermedad cae en un lugar, se ________ Carta 1641.
— ABELL Y, o.c., III, cap.
XI, sec.
IV , 145 s. 1.
ABELL Yno menciona el nombre del destinatario de esta carta; se contenta con decir que va destinada «a un prelado muy virtuoso».
Como cita un extracto de la respuesta del prelado y este extracto se encuentra textualmente en la carta 1645, que es de Alano de Solminihac, no cabe duda de su destinatario. 2.
Véase la nota 1. 3.
El padre C HASTENET, o.c., 472 s. expone la admirable conducta de Alano de Solminihac mientras duró la Peste. 481
traslada allá, para ver si el párroco permanece donde debe, para animarle en su resolución y finalmente darle los consejos y los medios convenientes para asistir a sus feligreses.
Hace esas visitas sin exponerse a visitar directamente a los enfermos, y luego se vuelve a su casa, pero dispuesto a exponerse en el caso de que no pudiera atender por medio de otros a las necesidades de una parroquia.
Y si san Carlos Borromeo procedió de otra manera, parece ser que fue por cierta inspiración particular de Dios, o porque el contagio estaba solamente en la ciudad de Milán.
Pero como resulta difícil hacer en una diócesis grande lo que se hace con facilidad en otra más pequeña, parece que será conveniente que usted se limitara a visitar los barrios por los que ahora está la enfermedad, para animar a sus párrocos; o si se lo impidiera alguna incomodidad o el peligro de caer prisionero en estos tiempos de guerra, podría enviar al arcediano o, a falta suya, a otros eclesiásticos que visitaran esos barrios por ese mismo fin; y apenas sepa que la enfermedad ha entrado en algún lugar, envíe a un eclesiástico para que dé ánimos al párroco y preste alguna asistencia corporal a los apestados.
Cuando la reina de Polonia se enteró de que el contagio había llegado a Cracovia y que las casas de los apestados se cerraban apenas había alguno contagiado de la enfermedad, por lo que tanto los sanos como los enfermos sufrían allí de hambre y de frío, se decidió a enviar allá una cantidad notable por medio de dos misioneros, que recibieron la orden de proporcionar alimentos a las casas apestadas, aunque sin exponerse al contagio.
Había además algunos religiosos que se exponían para la administración de los sacramentos; y por este medio esta buena reina, aunque no haya detenido, sí que ha disminuido en mucho los estragos que causaba esta enfermedad, consolando muchísimo a aquella ciudad, que es incluso la capital del reino.
Y como la ciudad de Varsovia, en donde actualmente residen los reyes, se ha visto afectada por la misma enfermedad, uno de nuestros padres me dice que ella ha dado la misma orden y que también está asistiendo a los apestados de aquella ciudad un sacerdote y un hermano de la Misión.
Las pobres gentes del campo, afligidas por la peste, se ven ordinariamente abandonadas y con una gran escasez de alimen482
tos; será una cosa digna de su piedad, señor obispo, atender a esto, enviando limosnas a todos esos lugares y poniéndolas en manos de buenos sacerdotes que las distribuyan y les hagan repartir pan, vino y un poco de carne, que esas pobres gentes irán a recoger en los lugares y en las horas que se les indiquen.
Y si no se puede estar seguro de la rectitud del párroco, convendrá encargar de esta misión a otro párroco coadjutor cercano, o a algunas buenas personas seglares de la parroquia que puedan hacerlo; es fácil encontrar a alguno en todas partes, que sea capaz de ocuparse de esta misión caritativa, sobre todo cuando no es necesario tratar con los apestados.
Espero, señor obispo, que si Dios quiere bendecir esta buena obra, Nuestro Señor sacará de ella mucha gloria, usted mucho consuelo en vida y en la hora de la muerte y sus diocesanos una gran edificación.
Pero para hacer esto es absolutamente necesario que no se encierre en un lugar.
Sus misioneros, señor obispo, me han dicho que Nuestro Señor les da la disposición debida para exponerse a los apestados unos después de otros; tanto con los enfermos de su barrio, como con los del resto de la ciudad, según lo requieran la obediencia y las necesidades.
Les he escrito, señor obispo, que se pongan a sus órdenes para ello; le suplico muy humildemente que disponga de nosotros según lo crea conveniente su incomparable bondad.
Hay muchos religiosos que se ofrecen de ordinario a asistir a los apestados; no dudo de que también los habrá en su ciudad y quizás, señor obispo, encuentre usted bastantes para esta obra, no sólo para la ciudad, sino también para enviar al campo, en lugar del señor arcediano y de los sacerdotes de los que hablé anteriormente.
Vea usted, por el impreso que le envío adjunto 4, las órdenes que ha dado el señor arzobispo en esta diócesis, para intentar remediar las innumerables calamidades que nos invaden; quizás esto pueda darle alguna idea de cómo podría atenderse a sus pobres diocesanos. ________ 4.
El Etat sommaire (20-25 octubre 1652). 483
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