Carta · tomo IV
LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE POLONIA
fervor que el que ellos tenían.
Se veía a algunos durante el tiempo de la oración derramando lágrimas, e incluso durante la conferencia de la oración; otros daban gracias a Dios en voz alta por haberles concedido la gracia de entrar en los ejercicios y recibir allí luz suficiente para conocer bien el estado que iban a abrazar en correspondencia con los designios de Dios y para vivir como verdaderos eclesiásticos.
Hubo uno especialmente que, al despedirse de mí al final de los ejercicios, me dijo entre sollozos que apenas le dejaban hablar que pedía a Dios que le enviase antes mil muertes que permitir que llegara jamás a ofenderle.
Cuando se lo decía ayer al señor cardenal Durazzo, se puso a llorar de gozo y de satisfacción, no pudiendo contener su corazón los sentimientos que tenía por las bendiciones que Dios había derramado sobre esta ordenación. 1698 [1626,IV ,602-603] LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE POLONIA 1 A SAN VICENTE [1653] 2 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Tiene usted pleno derecho, querido y venerado padre, para estar quejoso de la negligencia que hemos demostrado al no escribirle; le pedimos humildemente perdón por ello, así como también por el atrevimiento que nos tomamos al escribirle sobre la situación en que nos encontramos.
Tenemos a diecisiete personas con nosotros, de las que dos son madre e hija.
La reina les tiene prohibido salir si no va una de nosotras con ellas.
No nos atrevemos a decirle las mortificaciones que hemos recibido por ello.
No sabemos qué vida han llevado. ________ Carta 1698 (CA).
— Archivo de la Misión, original. 1.
Margarita Moreau, Magdalena Drugeon y Francisca Douelle. 2.
Las tres hijas de la Caridad habían llegado a Polonia el 8 de diciembre de 1652.
Por el tono de la carta, da la impresión de que escribían en el primer año de su estancia en este país. 559
También tenemos dos niños, de unos cinco años, a pesar de las dificultades que hemos puesto para ello, diciendo que nuestras reglas nos tienen prohibido tener niños junto con las niñas y que hemos tenido algún disgusto por causa de uno de esos niños y de una niña, debido a las malas costumbres que hay en este país.
De la gente que tenemos, unos tienen la tiña y los otros una enfermedad que no nos atrevemos a nombrar.
En Francia no quieren que sirvamos a esas personas, pero aquí nos sentimos muy felices de tenerlas con nosotras.
Desde que volvimos a Varsovia, no hemos encontrado a ningún pobre enfermo más que a una mujer, que llevamos al hospital y que murió allí.
Une de las primeras damas de la reina, al ver que estábamos sin nada que hacer y que no había más pobres, nos ha dicho que, si 1?05 aburríamos, la reina tiene la suficiente caridad y bondad para devolvernos, si le decíamos que nos aburríamos.
Pero no tenemos por qué cansarnos ni preocuparnos, ya que hemos venido por obediencia.
Le suplicamos, postradas a sus pies, que haga el favor de decirnos lo que hemos de hacer, si las cosas llegaran a esa situación.
Hace unos ocho días una persona con la que vinimos desde Francia, al volver de la corte, nos dijo que un señor, que dice que es amigo nuestro y que sabe que vinimos acompañadas, nos dijo que él podría acompañarnos si volvíamos, pues él regresa a Francia.
La mayor pena que tenemos es que no tenemos ocupación; esto nos da muchas ocasiones para humillarnos y para pensar con frecuencia en las palabras que usted nos dijo al despedirnos, especialmente sobre la humildad, la caridad y la unión de nosotras tres, que esperamos conserve Dios hasta nuestra muerte.
Podemos decirle con verdad que esta unión es tan grande entre las tres que no somos más que una.
Nos encomendamos a sus santos sacrificios y oraciones, a las del padre Portail y las de toda la comunidad.
Pedimos a Dios que les mantenga a todos ustedes en su santo amor.
Nos damos cuenta ahora del bien que se recibe cuando se está junto a la fuente. 560
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