Carta · tomo V
A ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR DE GENOVA
28 de diciembre de 1654
las de esa querida familia, a la que abrazo con todo el afecto que me es posible, postrado en espíritu a los pies de todos ustedes, deseándoles, lo mismo que a usted, una nueva gracia de Nuestro Señor en este nuevo año, en el que llegará hasta ustedes la presente.
Soy en su amor y en el de su gloriosa Madre su muy humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al padre Ozenne, superior de los sacerdotes de la Misión, en Varsovia. 1901 [1821,V ,250] A ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR DE GENOVA 28 de diciembre de 1654 ¡Qué gran confusión siento al verme tan inútil en el mundo en comparación con ustedes! 1902 [1822,V ,250-253] A ESTEBAN BLATIRON, SUPERIOR DE GENOVA París, día último de diciembre de 1654 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le escribí en mi última a propósito de la petición que nos ha hecho el señor marqués de Pianezza, jefe del consejo de Su Alteza real de Savoya 1, de dos misioneros para que funden ________ Carta 1901.
— COLLET, o.c., t.
II, 341.
Carta 1902 (CF).
— Archivo de Turín, original. 1.
Felipe Manuel Filiberto Jacinto de Simiane, marqués de Pianezza, había tomado parte en su juventud de las guerras de Monferrato y del país de Génova, conquistando por su valor el título de coronel general de infantería.
Tan hábil diplomático como valiente soldado atrajo sobre 227
en Turín.
Y como el padre Le Vazeux, superior de Annecy, me ha enviado la carta del señor primer presidente del senado de Chambery, en la que me indica que dicho señor marqués en vez de dos sacerdotes de la Misión, son seis los que pide, para dedicarlos a una iglesia del Santísimo Sacramento de la ciudad de Turín, en donde a veces ha habido algunos milagros, sin que puedan disponer de tiempo para ir a trabajar al campo, aunque no se excluye que, si se encuentran fondos para mantener a algunos más por encima de ese número, podrían dedicarse a trabajar en el campo y desempeñar allí sus funciones, por todo eso, padre, me ha parecido conveniente que fuera usted a darse una vuelta por allí, con el permiso del señor cardenal.
Según me han dicho, no hay más que tres jornadas de viaje, y los caminos son buenos.
Por eso le ruego que haga este esfuerzo y que, una vez en Turín, consulte con el señor Trévenot, cirujano de Su Alteza real, que es uno de nuestros buenos amigos, para ver qué le dice; y si él no está, diríjase usted mismo al citado señor marqués, preséntele los debidos respetos de mi parte y ofrézcale los servicios de la compañía y los míos en particular, dígale que yo le he pedido que fuera a visitarle y ________ sí los ojos de la duquesa regente Cristina de Francia, que le tomó como primer ministro y le mantuvo su confianza durante todo el tiempo de su regencia.
El advenimiento de Carlos Manuel II no cambió en nada la situación.
Sin embargo, el marqués de Pianezza no se sentía a gusto.
No tenía más ambición que vivir tranquilo en una casa religiosa, lejos de la corte y de los negocios mundanos.
Se necesitó toda la autoridad de Alejandro VII para decidirle a retrasar la ejecución de su proyecto.
Tras la muerte de este pontífice, el primer ministro abandonó todos sus bienes en manos de su hijo, el marqués de Livorno; y se retiró al monasterio de San Pancracio.
Disgustado por este abandono, Carlos Manuel hizo todo lo posible por disuadirle.
Como el marqués no quería ceder, le sugirió la idea de regresar a Turín y vivir allí en una casa religiosa de su elección, donde no saldría más que cuando fuera llamado a la corte para dar su parecer sobre asuntos importantes.
El marqués de Pianezza aceptó esta sugerencia.
Escogió la casa de los sacerdotes de la Misión, que él mismo había fundado, y murió allí en julio de 1677, a los 69 años de edad.
Tenía conocimientos muy amplios en toda clase de temas, incluso de teología.
Escribió en italiano un Traité de la vérité de la religion chrétienne, que el padre Bouhours tradujo al francés en 1672, y en latín un opúsculo piadoso titulado Piissimi in Deum affectus cordis. 228
déle a comprender, con todo el respeto posible, que va a verle a propósito de la petición que nos ha hecho de enviarle misioneros, explíquele la finalidad de nuestro instituto, y cómo no podemos aceptar fundaciones más que con la condición de tener misiones en el campo y, si se presenta la ocasión, tener los ejercicios de la ordenación en el caso de que los señores obispos lo acepten, y que de lo contrario iríamos en contra de los designios de Dios sobre nosotros; pero que, si las cosas se pueden acomodar de forma que pueda hacerse lo uno sin dejar lo otro, procuraremos hacerlo, aunque con ciertas dificultades debido a las pocas personas que nos quedan, ya que muchos de los nuestros han muerto estos años pasados y hemos tenido que enviar a otros a diversas fundaciones; que si pudiera hacerse que de esos seis sacerdotes que pide y para los que hay fondos, tres pudieran dedicarse a las misiones del campo, mientras que los otros tres trabajan en la ciudad, haríamos en esto todo lo que Nuestro Señor y él piden de nosotros.
Podrá usted informarle a continuación de las ordenaciones y de los seminarios y otros ejercicios de la compañía.
Puede ser que, puesto que me han escrito que se trata de un proyecto de aquella corte, pudieran ajustarse entre sí estas cosas, ya que esas tareas no son probablemente menos útiles y necesarias en aquellas tierras que en otras.
Y si le indica él que tiene que ser usted uno de los que pongan los fundamentos de esa misión, dígale que eso no puede ser de ninguna manera, y asegúrele al señor cardenal Durazzo que no se hará así, sino que volverá usted para continuar en Génova, y que de ello le doy yo la palabra delante de Dios, en cuya presencia le hablo, suplicándole muy humildemente que le permita hacer ese viaje.
Ayer por la tarde recibí su cuadro 2, que conservaré con cariño y reverencia durante toda mi vida, ya que con él me ha hecho usted uno de los regalos más ricos y agradables que podría usted hacerme 3.
Este es, padre, el ruego que le hago, y mediante usted al señor cardenal.
Sería muy de desear que partiera usted cuanto antes, una vez que haya terminado su misión.
Pido a Dios que la bendiga.
Ruego a su divina bondad que bendiga igualmente ________ 2.
Su retrato. 3.
Estas palabras, desde toda mi vida, son de mano del santo. 229
Tomo V · página PDF 229VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.