Carta · tomo V
A UN SACERDOTE DE LA MISION
niente que la retire usted de allí para que venga aquí a descansar y a tomar aires.
Hay que aceptar la providencia de Dios sobre sus hijas, ofrecérselas a él y quedar en paz.
El Hijo de Dios también vio a su compañía dispersa y casi continuamente disipada.
Tiene que unir su voluntad a la de él.
¿Qué motivos tiene el señor de Saint-Roch para obrar de la manera que usted dice?
Si se trata de un motivo para honrar la pena que tuvo Nuestro Señor cuando se veía echado de los sitios en que estaba, y también sus apóstoles, entonces será bueno tener semejantes ocasiones para unirse a los deseos de Dios.
Procuraré verla mañana, junto con la hermana Hardemont.
Dirección: A la señorita Le Gras. 2000 [1916,V ,421] A UN SACERDOTE DE LA MISION Tengo una gran esperanza de que contribuirá usted mucho, con la gracia de Dios, a la salvación de esos pueblos, y que sus ejemplos servirán a sus hermanos para que se aficionen a esta buena obra y se dediquen a ella en los sitios, tiempos y maneras que usted les indique, después de consultar con Dios, como un nuevo Moisés, y de recibir de él la ley para dársela a los que va a gobernar 1.
Acuérdese de que la forma de gobernar de aquel santo patriarca fue paciente, mansa, tolerante, humilde y caritativa, y que en Nuestro Señor estas virtudes alcanzaron su mayor perfección, a fin de que nosotros nos conformásemos a ellas.
Carta 2000.
— ABELL Y, o.c., 1.
III, cap. 24, sec..
I, 351. 1.
El destinatario de la carta acababa de ser nombrado superior. 401
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