Carta · tomo V
A UN SACERDOTE DE LA MISION
tiempo negociando por fuera en asuntos de muy poca o ninguna utilidad, descuidando de esta forma la vida interior de sus familias, que murmuraban de esas ausencias frecuentes y del escándalo que se daba.
Espero que según esto aceptará usted la privación de semejante comodidad, para seguir sirviéndose de caballos alquilados siempre que haya necesidad de ello. 2035 [1951,V ,456-457] A UN SACERDOTE DE LA MISION ¡Bendito sea el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que con tanta suavidad y firmeza le ha inspirado la misión que usted ha emprendido por la propagación de la fe!
¡Y bendito sea ese mismo Señor, que no solamente vino a este mundo para redimir las almas que usted va a instruir, sino también para merecerle a usted las gracias que necesita a fin de procurar la salvación de ellas y la de usted!
Pues bien, puesto que todas esas gracias ya le están preparadas y el buen Dios, que las da, no desea otra cosa más que concederlas con largueza a todos los que quieren servirse de ellas, ¿qué es lo que impedirá que usted no se llene de ellas y que con su virtud no destruya en usted mismo los restos del hombre viejo y las tinieblas de la ignorancia y del pecado en ese pueblo?
Quiero esperar que de su parte no ahorrará usted ningún esfuerzo y que pondrá en ello su salud y su vida; para eso es para lo que usted se entregó a él y se expuso al peligro de un viaje tan largo.
Por tanto no queda más que tomar la firme resolución de poner en serio manos a la obra.
Pues bien, para comenzar bien y para tener buen éxito, acuérdese de obrar siempre en el espíritu de Nuestro Señor, de unir sus acciones a las de él y de darles una finalidad totalmente noble y divina dedicándolas a su mayor gloria.
De esta manera Dios derramará toda clase de bendiciones sobre usted y sobre sus obras; podrá suceder quizás que usted no lo vea, al menos en toda su amplitud, ya que Dios oculta a veces a sus servidores el fruto de sus trabajos por razones muy justas; pero nunca deja de producir los ma________ Carta 2035.
— ABELL Y, o.c., 1.
III, cap. 10, 100. 433
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