Carta · tomo V
LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE
31 de octubre de 1655
atenderla, haríamos un acto formalmente contrario a nuestra regla, que nos aparta de una ocupación semejante en las ciudades; y esto sería más de notar en Roma, sirviendo de pretexto para hacer eso mismo en adelante en cualquier otro sitio y para contentarse solamente con esta ocupación, dejando la de ir a buscar a las pobres almas pecadoras al campo, ya que al espíritu italiano, según me han dicho, no le va bien la fatiga.
Esto sería, pues, un grave daño y un motivo de perversión del espíritu que Nuestro Señor ha puesto en la compañía.
Atengámonos, pues, a esta resolución y honremos con paciencia el estado del Hijo de Dios, que no quiso tener un lugar propio donde poder reclinar su cabeza, hasta que él mismo quiera sacarnos de esta situación. 2037 [1953,V ,460] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE Domingo por la tarde [31 de octubre de 1655] 1 Mi venerado padre: Las dos hermanas que le hablaron en una de las dos últimas conferencias y de las que me dijo usted que deseaban hacer por primera vez los votos mañana, festividad de todos los santos, se han preparado para ello.
Si quiere usted concederles esta gracia por amor de Dios y ofrecerlas en el santo sacrificio de la misa, le quedarán muy agradecidas.
Una de ellas lleva ya siete años en la compañía y la otra seis, con edificación para todos desde hace varios años.
Otras dos hicieron los votos ese mismo día y piden también que se les permita renovarlos.
Parece ser que no hay nada en contra y que están deseando perseverar.
Una es de Dammartin y la otra de cerca de Maule; las dos primeras, una de Richelieu y la otra llevaba mucho tiempo viviendo en París, si es que no es de aquí.
Se llaman Petra, María, Genoveva y ________ Carta 2037 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.
Fecha señalada al dorso por el hermano Ducournau. 436
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