Carta · tomo V

LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE

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Carta
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V
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478
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alguien os pide el manto, dadle también el vestido» 2, que fue lo que él mismo practicó, cuando una persona de una provincia a la que se encaminaba le salió al encuentro y le rogó que no entrara en su provincia.

Sí, me dirá usted; pero, si cedemos esta vez, nos harán esta misma faena en todas partes adonde vayamos, tanto en cuaresma como en adviento; y todo el mundo nos despreciará.

No importa; no somos verdaderos cristianos si no abrazamos y vemos con afecto los desprecios que nos hagan. 2055 [1971,V ,478-479] LUISA DE MARILLAC A SAN VICENTE [Diciembre 1655] 1 Mi venerado padre El estado de sufrimiento y de sumisión en el que Nuestro Señor quiere que permanezca usted, me permite tomarme la libertad de seguir exponiéndole mis humildes pensamientos.

Lo último que se me ha ocurrido para que se alivie es proponerle que utilice la pequeña estufa del señor L’ Obligeois para que suden sus dos piernas, pero no sin habérselo propuesto antes a dos médicos.

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El té podrá tomárselo a media mañana, después de tomar un caldo al desayuno y antes de la comida, pues la experiencia me dice que no hay que considerarlo como alimento, a pesar de que es muy excelente para el estómago.

La señora condesa de Brienne me ha dicho que ha hablado con el señor de Francière, que le ha hablado muy bien de la compañía, diciéndole que la protegería, que había notado cierto interés en proponer a una persona para el gobierno del hospital 2, que le parecía muy bien que no hubiéramos accedido a lo que proponía ese buen eclesiástico, y otras muchas cosas, que le han hecho decir a nuestra hermana Juliana 3 que todo ________ 2.

Mt 5, 40.

Carta 2055 (CA).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 1.

Fecha añadida al dorso del original por el hermano Ducournau. 2.

El hospital de Saint-Denis, cerca de París. 3.

Juliana Loret. 453

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iba bien y que, cuando hubiera visto a la reina, procuraría ir a hablar con usted.

Haga el favor de decirme si conviene que yo intervenga en este asunto, aparte de seguir admirando a la Providencia, intentar comprender toda su bondad y sus efectos y creer que es preciso sufrir y aguardar con paciencia la hora de Dios en los asuntos más difíciles.

Mi carácter demasiado precipitado siente muchas veces repugnancia a todo esto.

Permítame, mi venerado padre, que le suplique que encomiende a Dios el estado de mi espíritu, un poco preocupado desde hace algún tiempo por los motivos que tan bien sabe usted que me resultan más sensibles.

Estoy segura de que comprenderá que lo hago con el deseo de su más perfecta salud, que le pido a Nuestro Señor para la gloria de su santo amor, que me ha convertido en su muy humilde y obligada hija y servidora.

Permítame que le pida a su caridad noticias de nuestras hermanas de Polonia.

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L UISA DE MARILLAC su caridad noticias de nuestras Dirección: Al padre Vicente. 2056 [1972,V ,479-480] A JUAN MARTIN París, 10 de diciembre de 1655 Padre: Recibí su carta del 27 de noviembre, en la que me dice que ha llegado ya el padre Deheaume, por lo que doy gracias a Dios.

Me imagino que el descanso le habrá curado ya de su fatiga.

Doy gracias a Dios al ver cómo ha estado ya haciendo gestiones para proporcionar una casa adecuada para sus ejercicios y que, al hablar con el señor presidente Belletia de su fundación, él les remitió al señor marqués de Pianezza.

Sin embargo, cuando tenga usted ocasión, podrá decirle que en Francia ________ Carta 2056 (CF).

— Archivo de Turín, original. 454

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se necesitan mil libras por año para dos sacerdotes y un hermano que vayan a misionar, y otras tantas por lo menos para los que se quedan en casa.

No sé si por allí la vida estará más barata que por aquí.

Me parece que el padre Blatiron no podrá prestarle el obrero que usted le ha pedido; en ese caso, no podrá hacer usted una misión que haga mucho ruido; por eso es más conveniente que empiece usted en esta práctica con la humillación.

Empiece por poco y tenga un gran aprecio de la humildad; ése es el espíritu de Nuestro Señor; así es como él lo hizo, y ése es el medio de atraer sus gracias.

A propósito de esto, siento mucho que se le haya ocurrido pedirle al señor cardenal de Génova una carta de recomendación; le ruego que acepte que le diga que los misioneros deben tender a permanecer ocultos y desconocidos, sin buscar las apariencias y el aprecio de los demás.

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La reputación les puede hacer daño, no solamente dándoles motivos para engreírse, sino también porque, si tienen que estar los frutos de sus trabajos a seis grados, se esperará que lleguen hasta doce y, al ver que los efectos no corresponden a lo que se esperaba, se perderá la buena opinión.

Dios permite que esto ocurra sobre todo cuando se busca esa buena reputación, porque el que se exalta será humillado 1.

¡Dios mío!

¡Cómo me gustaría lo contrario y cómo le pido a Nuestro Señor que nos conceda a todos la gracia de amar la confusión y el oprobio, pensando en Nuestro Señor y en nuestras miserias!

No merecemos más que eso, porque si se hace algún bien en nuestras misiones, es él quien lo hace, y no tiene ninguna necesidad de nuestra reputación para tocar los corazones y convertirlos.

Saludo muy cordialmente a toda su pequeña familia y soy con todo el cariño de mi alma, en Nuestro Señor, su muy humilde servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al padre Martin, sacerdote de la Misión, en casa del señor marqués de Pianezza. ________ 1.

Mt 23. 12. 455

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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