Carta · tomo V
A SANTIAGO PESNELLE
4 de febrero de 1656
2090 [2006,V ,543-544] A SANTIAGO PESNELLE París, 4 de febrero de 1656 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Por las cartas que le he enviado habrá podido enterarse usted de cómo ha querido Dios disponer de su padre.
No creo necesario consolarle en esta aflicción, pues lo habrá hecho seguramente ese mismo Dios al que usted sirve, según espero, y al mismo tiempo habrá usted merecido esa gracia conformando su voluntad a la voluntad divina.
Así se lo he pedido.
Y también le he pedido y he rogado a los demás que pidan por el descanso de este difunto tan querido, con el que tanto ha perdido toda la compañía, pues era un buen amigo que teníamos.
La carta que acabo de recibir de usted me indica dos razones por las que propone usted hacer un viaje a Francia.
La primera es que desea venir a ver y consolar a ese buen padre; es una razón que ha cesado, al presente cuando él está en presencia de Dios.
Queda la segunda, que se refiere a la parte de herencia que le ha dejado; a ello he de decirle, padre, que esa parte nadie se la puede disputar y que en cualquier momento tiene usted derecho a exigirla, ya que el voto de pobreza que hacemos no le excluye a usted de la sucesión, sino que le deja la facultad de disponer de sus fondos.
Siendo esto así, no me parece conveniente que se venga ahora de allí por estos intereses temporales, que no podrán fallarle y de los que tampoco tiene usted necesidad; pues, aparte del bien que dejaría usted de hacer en el sitio en que está, fácilmente llegaría usted a enredarse en algún proceso, que podría producir alguna perturbación en su espíritu y pondría en peligro su vocación.
Estoy seguro de que, si viviera usted en tiempos de los apóstoles, Nuestro Señor no le habría permitido regresar a su país, puesto que se lo rehusó a dos de los discípulos, aunque el motivo que tenían para ir a sus casas era legítimo, ya que uno deseaba ir a enterrar a su padre difunto y otro vender sus bienes y dárselos a los pobres.
Es que este divino ________ Carta 2090 (CF).
— Archivo de Turín, original. 518
Salvador conocía los inconvenientes que tienen semejantes viajes y él mismo los experimentó cuando regresó a Nazaret.
Así pues, padre, le ruego que retrase ese viaje y que se contente con escribir a sus hermanos.
Así lo hará para testimoniarles su dolor y mezclar sus lágrimas con las suyas por la pérdida común que acaban de sufrir, así como para envidiarles la felicidad que tuvieron de poder asistir a su querido padre en su enfermedad y en su muerte, desearles la gracia de temer y de amar a Dios como él lo hizo, y decirles que ya estaba usted a punto de irles a ver, pero que al verse en ocasión de servir con utilidad a Nuestro Señor y al prójimo, a cuyo servicio se ha entregado, desea usted preferir la salvación de las almas a su propia satisfacción, con la esperanza de que, como su padre es la primera causa después de Dios de todo el bien que usted hace, Nuestro Señor le aplicará el mérito de sus sacrificios; que espera usted que, a la hora de repartir la herencia, le guarden la parte que le corresponde; que no es usted religioso ni puede serlo, sino sacerdote secular y del cuerpo del clero y que, por consiguiente, tiene usted derecho a sucederle lo mismo que ellos.
Esto es, padre, poco más o menos lo que puede usted decirles.
Por lo demás no puedo expresarle el consuelo que siento al saber las bendiciones que Dios derrama sobre sus trabajos y sobre los del padre Legendre, a quien abrazo cariñosamente en espíritu.
Le ruego a la divina bondad que les siga bendiciendo y que les dé las fuerzas necesarias para llevar adelante tantas misiones.
Las borrascas que se levantaron en la última que tuvieron no han disminuido en nada mi alegría, ya que son una señal de que el espíritu maligno se vio apretado para que abandonara la plaza, ya que quemó todos sus cartuchos excitando abiertamente a sus satélites en contra de los servidores del evangelio, que procuran hacer que reine Jesucristo en las almas que ese tirano le había arrebatado.
Sí, padre, es una buena señal que sufran ustedes por la justicia, y espero que la paciencia y las humillaciones que tuvieron que practicar ustedes en esta pequeña tribulación les habrán atraído nuevas gracias para triunfar gloriosamente en otras ocasiones más importantes que se presenten y para trabajar con mayores frutos.
Los sufrimientos de Nuestro Señor dieron fecundidad a 519
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