Carta · tomo V
AL CANÓNIGO DE SAINT-MARTIN
Lo que le parecía enfermedad era solamente miedo de la misma y preocupación excesiva de mi conservación; es ve rdad que se trataba también de procurar sacar un poco más de tiempo del que puedo.
Mientras escribo, me doy,cuenta de este papel tan ruin y de la libertad que me tomo de escribirle en él; le pido perdón, mi venerado padre, y también su bendición, que es para mí prenda de la bendición y de la misericordia de Dios por medio de su caridad, de quien soy su muy pobre e indigna hija y servidora.
L UISA DE MARILLAC 2111 [2027,V,567-569] AL CANÓNIGO DE SAINT-MARTIN Le doy gracias por el interés que se ha tomado con mi pequeño sobrino 1, del que he de decirle, seño r, que nunca jamás deseé que fuera eclesiástico, ni mucho menos se me ocurrió nunca hacerle educar para ese destino, ya que esa condición es la más sublime que hay en la tierra, pues es la misma que Nuestro Señor quiso aceptar y practicar.
En cuanto a mí, si hubiera sabido lo que era, cuando tuve la temeridad de entrar en este estado, como lo supe más tarde, hubiera preferido quedarme a labrar la tierra antes que comprometerme en un estado tan tremendo.
Esto mismo es lo que les he dicho mil veces a las pobres gentes del campo, cuando para animarles a vivir contentos y como buenas personas les manifestaba que los consideraba felices en su condición.
Efectivamente, a medida que me voy haciendo más viejo, más me confirmo en estos sentimientos, ya que descubro cada día lo lejísimos que ________ Carta 2111.
— ABELLY, o.c., 1.
III, cap. 13, sec..
I, 214. 1.
En la lista de prebendados de Cap-Breton (Landas) figura el nombre de «Francisco Depaul, sobrino del padre Vicente»; ¿no se tratará aquí de este sobrino del santo? 540
estoy de aquella perfección en que debería estar.
Ciertamente, padre, los sacerdotes de este tiempo tienen muchos motivos para temer los juicios de Dios, pues aparte de sus propios pecados él les pedirá cuentas de los de los pueblos, por no haber procurado satisfacer por ellos a su justicia irritada, tal como era su obligación; y lo que es más tremendo todavía, Dios les imputará la causa de los castigos que les envía, por no haberse opuesto como debían a las plagas que afligen a la iglesia, como son la peste, la guerra, el hambre y las herejías, que la atacan por todas partes.
Digamos más aún, que ha sido de la mala vida de los eclesiásticos de donde han venido todos los desórdenes que han desolado a esta santa Esposa del Salvador y que la han deformado hasta el punto de que apenas se la puede reconocer.
¿Qué dirían ahora de nosotros esos antiguos padres que la contemplaron en su primera belleza, si vieran la impiedad y las profanaciones que en ella vemos nosotros, ellos que opinaban que se salvarían muy pocos sacerdotes, a pesar de que en sus tiempos vivían en el más alto fervor?
Todas estas cosas, señor, me hacen pensar que es más conveniente a ese pobre niño entregarse a la profesión de su padre antes que emprender una tan alta y tan difícil como es la nuestra, en la que parece haber una pérdida inevitable para las personas que se atreven a entrar en ella sin haber sido llamados Y como yo no veo que haya sido él llamado por ninguna señal segura, le ruego que le aconseje que trabaje para ganarse la vida y que le exhorte al temor de Dios, a fin de que se haga digno de su misericordia en este mundo y en el otro.
Este es el mejor consejo que puedo darle.
Le ruego que se informe por medio del padre... de lo que se dijo en una conferencia que se celebró aquí, cuando él estaba entre nosotros, a propósito de un párroco de Bretaña que compuso un libro en el que decía que los sacerdotes que viven como hoy lo hacen la mayoría son los mayores enemigos que tiene la iglesia de Dios.
Si fuesen todos lo mismo que usted y lo mismo que él, esa proposición no resultaría tan verdadera. 541
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