Carta · tomo VI
A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN
7 de julio de 1656
2177 [2091,VI,1-3] A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN París, 7 de julio de 1656 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí su carta del 24 de junio.
Ha recibido usted como debía las quejas que se presentaron en el parlamento contra usted, aceptando esa calumnia como contrapeso que Dios ha querido poner a los éxitos de sus misiones; efectivamente, su divina sabiduría ha dispuesto tan bien las cosas en este mundo que las noches siguen a los días, la tristeza al gozo, la contradicción a los aplausos, a fin de que nuestro espíritu se detenga solamente en Dios, que está por encima de todos esos cambios.
Ha hecho usted bien en exponer la verdad a esos señores, a quienes les habían dicho que los misioneros aconsejaban al pueblo que no pagase las tasas; y todavía lo hará usted mejor si no habla nunca de estas cosas.
Ni siquiera Nuestro Señor reprobó los tributos; al contrario, él mismo se sometió a ellos.
Mientras vivamos, tenemos que estar preparados para sufrir unas veces de una manera y otras de otra; si no, no seríamos discípulos de ese divino Maestro, que fue calumniado por una acusación semejante a la suya y que ha querido empezar a probarle a usted de ese modo.
Considere como una bendición verse tratado como él y procure seguir su ejemplo en las virtudes que él practicó, cuando se vio maltratado por los hombres.
Le doy gracias a su divina bondad por las bendiciones que da a todas sus misiones, especialmente a la última.
Esto tiene que atribuirse más bien a la buena disposición del pueblo, por no decir a la novedad de la obra, que al mérito de los obreros, ________ Carta 2177 (CF).
— Archivo de Turín, original. 7
aunque sé muy bien que sus oraciones, su celo y la pureza de su intención han contribuido notablemente al éxito.
Lo que más me consuela de todo es esa paz tan importante que han conseguido en ese lugar, en donde hacía tanto tiempo que reinaba la discordia, que había producido tantas muertes y que era como una fuente infectada de donde brotaba el veneno en el corazón de la mayoría de los habitantes.
¡Que Dios quiera conservar la paz y perpetuar la unión y la concordia que ustedes han conseguido!
Le pido a Nuestro Señor que le dé su espíritu en abundancia para la misión que va a emprender en la pequeña ciudad de Lucerna y que tenga a bien atraer a los herejes al deseo de instruirse y de convertirse.
¡Ojalá Dios quisiera servirse de ustedes para esto!
¡Sería un bien maravilloso y un beneficio de su divina bondad!
Con todo nuestro corazón le ofreceremos nuestras oraciones por esta intención.
Nos pide usted dos personas capaces y ejemplares, una para la nueva fundación del señor marqués, que le ha entregado 400 libras para el mantenimiento de un sacerdote, mediante dos misas diarias, y la otra para sustituir al Padre Deheaume.
Procuraremos enviárselas lo antes posible, con la ayuda de Dios.
Nos han dicho que Dios sigue bendiciendo las armas del rey de Polonia en contra de los enemigos de la iglesia y de su estado y que está asediando actualmente a Varsovia, en donde se encuentran los padres Desdames y Duperroy.
Estamos muy preocupados por ellos, ya que están rodeados de todas las molestias y peligros de la guerra, en medio de sufrimientos y calamidades.
Pero lo que más nos preocupa es que el Padre Duperroy nos escribió que, desde el comienzo del asedio, el Padre Desdames cayó gravemente enfermo (su carta es del 15 de mayo), sin que luego hayamos podido recibir ninguna noticia sobre su salud, ni tampoco sobre la marcha del asedio.
Se lo encomiendo a sus oraciones, así como a los demás misioneros y a aquel pobre reino; rece también por este su humilde servidor.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martín. 8
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