Carta · tomo VI
A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA
14 de julio de 1656
2185 [2099,VI,23-26] A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA 14 de julio de 1656 No me gustaría admitir para los votos al hermano..., sin que hubiera dado tantas pruebas de su verdadera conversión como las dio para dudar de ella.
Aquí le prolongamos el tiempo del seminario a un clérigo 1 por una acción que cometió al cabo de dos años.
Le pidió a su director 2 permiso para ir a escuchar una de las pláticas de la ordenación, a lo que el director le respondió que ya le avisaría si era conveniente.
Pero aquel joven, llevado de sus deseos, no se detuvo por eso y acudió a aquella plática; esto nos hizo juzgar que, si no había tenido la fuerza suficiente para vencerse en esto, no estaba bien dispuesto para pasar a la situación de estudiante.
Por eso le mandamos hacer otros seis meses de seminario, para que aprendiera a superar sus propias inclinaciones.
Por tanto, hará usted bien en retrasar todavía la admisión de dicho hermano... en el acto que desea hacer 3. ________ Carta 2185.
— Reg. 2, 46.250. 1.
A Felipe Ignacio Boucher, que nació en Arras el 29 de enero de 1631, entró en la congregación de la Misión el 20 de junio de 1651, hizo los votos el 1 de enero de 1657 y salió en 1660 poco después de haberse ordenado sacerdote (cf. carta 2218).
Fue en la repetición de la oración del 12 de marzo cuando el santo le reprochó su falta y le impuso esta penitencia. 2.
Gabriel Delespiney. 3.
Aquí termina el primer fragmento. 28
El señor nuncio me ha enviado una copia de la carta que ha recibido de la sagrada Congregación por la que ésta le pide que me pregunte si podríamos presentar alguna persona con la ◊debida gravedad, bondad y doctrina para la comisión 4 del monte Líbano, tal como usted me había ya escrito.
Hemos tratado entonces entre nosotros dos cosas, sometiéndolas a deliberación: la primera, si emprenderíamos ese asunto; y la segunda, a quién podríamos proponer que tuviera las cualidades requeridas.
En cuanto a lo primero, hemos visto que, como la propuesta venía de dicha sagrada Congregación, se trata al parecer de una vocación divina y que debíamos responder a ella.
En cuanto a lo segundo, hemos puesto los ojos en usted y en el Padre Berthe.
Pero, considerando que el calor es muy grande en el monte Líbano y podría hacerle daño a usted, que ya se encuentra algo mal de las piernas, y por otra parte que las bendiciones que Dios da a sus gestiones en Roma son otras tantas señales de que le quiere ahí, hemos creído que debíamos dejarle donde está y nos hemos decidido por el Padre Berthe, que realmente no tiene por su carácter tanta gravedad, pero que, si pone cuidado en ello como lo hace, muestra la suficiente para ese cargo y, mezclándola con su mansedumbre, tendrá poco que se le pueda criticar en lo exterior; en cuanto a su virtud, Dios se la ha concedido en abundancia, así como mucha prudencia y piedad.
La verdad es que todos los que hemos observado su comportamiento en los asuntos más importantes que se le han encomendado, hemos visto cómo ha logrado pleno éxito, de modo que parece como si Nuestro Señor le acompañase con su gracia.
Esto mismo es lo que reconocen todas las damas de la Caridad que le han encomendado diversos asuntos en las fronteras de Picardía y de Champaña y lo que podemos decir también nosotros de la visita que acaba de hacer por todas nuestras casas, en donde ha ido todo tan bien que hay motivos para reconocer que ha sido obra de Dios.
Y en cuanto a la doctrina, tiene la suficiente, gracias a Dios, pues ha estudiado debidamente la filosofía y la teología.
Acabo de ver, pues, al señor nuncio y le he hablado de este misionero, poniendo en sus manos una carta que llevaba escrita ________ 4.
Así dice el reg. 2; ¿no habría que leer mejor Misión? 29
con este mismo fin 5, para dejársela en el caso de que estuviera ausente, y en la que hablaba de sus buenas cualidades en general; pero, hablando con él, hemos descendido a los detalles.
El escribirá hoy mismo a la sagrada Congregación; en espera de sus órdenes, le pediremos a Dios que disponga de este asunto de la mejor manera que su prudencia lo crea conveniente 6.
Tengo una gran preocupación por ese contagio que está empezando a amenazar a Roma; se lo he comunicado a la compañía para animarla a que pida a Dios que detenga su curso y que sobre todo conserve al Santo Padre.
Creo que no hay nadie por aquí que no se haya interesado por ello y que no haga todo lo posible por alcanzar de Dios esta gracia.
Ya le expuse mi opinión sobre lo que tienen ustedes que hacer, en caso de peligro.
Le doy gracias a Dios por la buena disposición que les ha dado a todos ustedes para exponer sus vidas, si fuera necesario.
La voluntad de Dios se les dará a conocer por medio de la de Su Santidad; entretanto cumplirán ustedes esa misma voluntad, utilizando todas las precauciones razonables para evitar el mal, honrando en su casa la soledad de Nuestro Señor; si les mandan salir de ella para asistir a los apestados, sea en hora buena, pues será para servir al mismo Jesucristo, que les mantendrá bajo su protección; así se lo pedimos incesantemente por usted y por toda esa familia.
Tomo VI · página PDF 30Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.