Carta · tomo VI

A SANTIAGO DESCLAUX, OBISPO DE DAX

24 de septiembre de 1656

Tipo
Carta
Tomo
VI
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92
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2236 [2147,VI,92-94] A SANTIAGO DESCLAUX, OBISPO DE DAX 24 de septiembre de 1656 Señor obispo: No he dudado jamás de la incomparable bondad con que me trata, ni del honor que supone para mí su recuerdo, del que he recibido testimonios tan grandes y frecuentes que han superado tanto mis esperanzas como mis méritos.

Por eso puedo asegurarle, monseñor, que no hay prelado en el mundo hacia el que mi corazón se dirija con tanta frecuencia y consuelo como su sagrada persona, ya que no hay otro al que deba tanto respeto y obediencia.

Pero en el enorme deseo que Dios me ha dado siempre de manifestárselo, he sido tan miserable que hasta el presente sólo he podido hacerlo de una forma muy imperfecta.

Cuando el superior de la Misión de Roma empezó a realizar las gestiones que usted nos encargó que se hiciesen en aquella corte para obtener la annata 1, sobrevino la peste que obligó a suspender todos los negocios, ya que el papa prohibió toda clase de reuniones, y hasta las misas solemnes, para evitar el contagio.

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De forma, señor obispo, que no se ha podido dar aún ningún paso ni parece ser que pueda hacerse absolutamente nada hasta el mes de noviembre, ya que me indican que en estos meses de septiembre y octubre suele ser allí peor el contagio que en los demás meses.

Entretanto el superior de Roma me escribe que es preciso saber a cuánto ascienden las rentas de su obispado y si no pueden ustedes sin la annata ir edificando poco a poco su iglesia.

Para ello le suplica que le envíe una memoria, junto con las copias auténticas de otras gracias semejantes concedidas a otros obispados, especialmente la última que se le concedió al señor obispo de Cahors, de la que se hace mención en su súplica. ________ Carta 2236.

— Reg. 1, f.º 18. 1.

Renta anual de un beneficio.

La Santa Sede concedía a veces a los obispos el derecho a percibir, durante el primer año de su vacancia, la renta de los beneficios de su colación, con la condición de cumplir con sus cargas.

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Santiago Desclaux había solicitado este privilegio para conseguir los recursos necesarios para la reconstrucción de su iglesia catedral. (Cf. nuestra Histoire des églises cathédrales de Dax: Bulletin de la Société de Borda (1908) 92). 91

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Tengo miedo, señor obispo, de que se haya dado un paso algo atrevido al citar este último ejemplo sin estar seguro de si es verdad, ya que nunca he oído decir que el señor obispo de Cahors haya solicitado de Roma nada parecido.

La persona de la que me pide noticias sigue aún en el seminario de Bons-Enfants, en donde observa bastante bien el reglamento, da muestras de querer corregir sus costumbres y se esfuerza realmente en ello hasta cierto punto.

Lo que más le cuesta es el estudio, tanto por su edad algo avanzada como por el poco conocimiento que tenía del latín, y también por haber escogido un profesor que, aunque tenía que ir todos los días a darle clases particulares, ha cumplido mal con su obligación, aparte de que esta forma de aprender no es nunca tan buena como la de las clases, a la que hubiera sido de desear que acudiera desde el principio en un seminario menor que tenemos para los alumnos, tal como han hecho otros, a pesar de ser menos jóvenes que él.

Hay que esperar que poco a poco irá haciendo mayores progreso, con tal que no se desanime ante las dificultades.

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En cuanto a mí, señor obispo, espero que no habrá nunca nada que me impida obedecerle cuando tenga a bien honrarme con sus mandatos, ya que ha sido el mismo Nuestro Señor el que me ha hecho, en su amor, su muy humilde y obediente servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 2237 [2148,VI,94-96] A SOR NICOLASA HARAN, SUPERIORA DE NANTES París, 27 de septiembre de 1656 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Tenemos a uno o dos de nuestros padres que tienen que ir a Nantes junto con dos hermanos, procedentes de diversas ca________ Carta 2237.— Archivo de la Misión, copia del siglo XVII o XVIII sacada del original, que era de la mano del santo. 92

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sas; les he indicado que, para poder encontrarse, se dirijan a usted para que el primero que llegue le indique dónde se aloja y pueda usted indicárselo a los demás.

Le envío un paquete de cartas para el Padre Herbron, que es uno de ellos.

Le ruego que se lo entregue en mano y él le pagará los portes.

¿Cómo sigue usted, hermana?

¿Y cómo siguen las demás?

¿Tienen ustedes muchos enfermos?

¿Les gusta servirles por el amor de Dios?

¿Están ustedes en paz con los de dentro y con los de fuera, y están sobre todo muy unidas?

¿Se quieren mucho entre ustedes?

¿Se soportan las unas a las otras?

¿Observan bien el pequeño reglamento?

En una palabra, mi querida hija, ¿son todas ustedes buenas hijas de la Caridad, agradables a los ojos de Dios y edificantes para todo el mundo?

Si es así, como quiero creerlo, ¡qué alegría!

¡con qué entusiasmo daré gracias a su divina bondad!

Pues es ésta una de las mayores alegrías que se pueden tener en la tierra.

Pero si no es así, sería un motivo de gran aflicción.

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Le ruego que me diga qué le parece de esto y que continúe por su parte cuidando bien de las demás, para llevarlas a Dios y a cumplir bien con sus obligaciones, tratándolas con respeto, mansedumbre y cariño, y dándoles finalmente el ejemplo de las virtudes que le gustaría a usted que practicasen.

Le pido a Nuestro Señor, que es la fuente de todas ellas y que las practicó primero para nuestra instrucción, que se las dé a usted y a ellas.

La señorita Le Gras se encuentra enferma en cama, con un poco de fiebre, causada por un dolor del costado.

Hace diez o doce días que, al querer levantarse, se cayó de la cama al suelo y se hizo daño; no se encuentra mejor desde entonces, aunque espero que no sea nada.

Pida a Dios por ella y por su pequeña compañía, que va cada vez mejor; Dios la bendice por todas partes, por su misericordia; le ruego que se la pida a Dios para mí, que soy en el amor de Nuestro Señor su muy afectuoso servidor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 93

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