Carta · tomo VI

A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA

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Carta
Tomo
VI
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2453 [2357,VI,430-430-432] A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA París, día último de agosto de 1657 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

He recibido su carta del día 7, que me ha llenado de preocupación debido a la indisposición en que se encuentra y al miedo de que pueda pasarle algo peor.

Le pido a Nuestro Señor que tenga a bien levantarle de su postración y devolverle perfectamente la salud.

A usted le pido que contribuya a ello en todo lo que pueda, tomando el descanso, el alimento y las medicinas convenientes y encargando a otras personas la gestión de los asuntos externos.

Por lo demás, Padre, si los médicos creen que le perjudican los aires de Roma, le pido que regrese a París; su salud nos es demasiado querida para no preferirla a todos los bienes que podría hacer usted por allí; cuando reciba la presente, haga el favor de decirnos sencillamente lo que pasa.

Me gustaría mucho que hiciera usted sentar bien la mano en el asunto del reverendo Padre provincial de la Merced, a fin de que no se omita nada ni en cuanto a la diligencia ni en cuanto a la satisfacción que hay que dar.

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Me parece muy bien que, como usted indica, retrase usted la solicitud de la unión de Saint-Méen, para evitar la oposición del Padre procurador general, que está por allí; esa oposición sería fuerte y quizás insuperable.

Creo conveniente que reciban ustedes en su casa a ese buen sacerdote español y al joven portugués que piden entrar en la compañía, y si usted quiere, también al rector del colegio Salviati, dada su perseverancia y sus buenas cualidades.

La dificultad consistirá en hacer que hagan los ejercicios del seminario y en darles un director espiritual; mire a ver si tiene usted alguno indicado para ello.

Quizás haya llegado ya la hora en que Dios quiere comenzar un seminario en Roma, puesto que el de Génova parece perdido y tenemos mucha necesidad de personas que hablen italiano, ya que los franceses tienen poca disposición para aprenderlo.

Nos están pidiendo sacerdotes en el Piamonte ________ Carta 2453 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 402

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y probablemente habrá que establecer una casa nueva en Génova, de donde no he recibido noticias ciertas desde las que usted me comunicó; de otras partes nos han llegado rumores muy tristes.

Y para comenzar por las noticias más agradables, le diré que me escriben de Polonia que el buen Padre Desdames lo ha perdido todo en Varsovia, que ha sido de nuevo sitiada, tomada y saqueada por los suecos, y luego abandonada.

La firmeza de este buen misionero es admirable, ya que no ha querido abandonar su puesto ni por la guerra, ni por la peste, ni por la pobreza, ni por todo esto juntamente, a pesar de haberse visto atacado varias veces y de que la reina le había invitado a retirarse.

Ella misma es la que me lo dice en una carta escrita expresamente por su mano, en la que me dice que está grandemente edificada.

También lo está mucho por el Padre Duperroy, que está en peligro por su llaga.

Los cirujanos no saben ya qué hacer con él.

Si tuviera fuerzas para venirse, nos alegraría mucho tenerlo pronto por aquí.

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Finalmente ha llegado un barco de Madagascar de los tres o cuatro que partieron de Nantes cuando se fueron allá los padres Dufour, Prévost y de Belleville.

No he recibido aún las cartas que me trae, pero uno de nuestros amigos de Nantes me ha escrito que, cuando preguntó por el estado de nuestros pobres misioneros, le dijeron que, gracias a Dios, el Padre Bourdaise estaba bien y trabajando con mucho fruto, pero que, en cuanto a los tres últimos, le dijeron que habían consumado su sacrificio, ya que Dios había querido llevarlos consigo, a saber, al Padre de Belleville en el Cabo Verde, cuando iban para allá, y a los otros después de haber llegado al lugar de su misión.

Estábamos ya muy afligidos por los sucesos de Génova, y he aquí que esto colma nuestro dolor.

¡Alabado sea Dios por todas estas pérdidas, que son muy grandes para la compañía según nuestra manera de hablar!

Sin embargo, como estos queridos difuntos son bienaventurados por haber salvado sus almas al perderlas, como decía Nuestro Señor, debemos esperar de ellos mayor ayuda para el tiempo y para la eternidad que si estuvieran todavía entre nosotros.

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No dejo de encomendarlos a sus oraciones y a las de su pequeña comunidad, de la cual, y de 403

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