Carta · tomo VII
A UN SACERDOTE DE LA MISION
2579 [2482,VII,8-9] A UN SACERDOTE DE LA MISION [Noviembre o diciembre de 1657] 1 ¿Conque no se ha enterado usted de las pérdidas que hemos sufrido?
¡Ay, Padre!
¡Qué grandes han sido, no solamente por la cantidad de personas que Dios nos ha quitado, que son diez u once, sino por la calidad de su espíritu, ya que eran todos sacerdotes y de los mejores obreros de la compañía!
Todos ellos han muerto sirviendo directamente al prójimo, y de una manera muy santa y extraordinaria.
Son los padres..., seis de los cuales murieron de la peste en Génova mientras servían a los apestados, sin hablar de un hermano; y los otros han dado su vida temporal para procurar la eterna a los habitantes de la isla de Madagascar y de las Hébridas.
Son otros tantos misioneros que tenemos en el cielo.
No cabe duda de ello, puesto que se han consumado todos por la caridad y no hay ninguna mayor que la de dar la vida por el prójimo, tal como el mismo Jesucristo dijo y practicó.
Por tanto, Padre, ¡que sea Dios glorificado por la gloria que ha dado a nuestros hermanos, como tenemos motivos para creer, y que su divina voluntad sea siempre la paz y la calma de nuestros corazones afligidos!
No puedo decirle cuán grande ha sido nuestro dolor al recibir estas noticias tan tristes, que fueron llegando todas casi al mismo tiempo; me sería imposible poder expresárselo.
Usted mismo podrá juzgarlo por la pena que sentirá, ya que quiere tanto a la compañía; la verdad es que no podríamos recibir ninguna pena mayor y que nos afligiera tanto.
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