Carta · tomo VII

A LA SUPERIORA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAINT-FARGEAU 1

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VII
Extensión
686 palabras
Página inicial
49
Ver tomo

2609 [2511,VII,49-51] A LA SUPERIORA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD DE SAINT-FARGEAU 1 [Enero de 1658] 2 Ese deseo que cunde entre ese gran número de jóvenes que desean entrar en su compañía no es una señal segura de que Dios las llame, sobre todo si las anima algún pensamiento humano más que la inspiración divina.

Puede ser, sin embargo, que en algunas haya ese movimiento divino; por eso hará usted bien en mantenerlas en esa buena voluntad, aunque no es conveniente enviarlas todas al mismo tiempo.

Escoja dos o tres de las que están mejor dispuestas y de las más idóneas; la señorita Le Gras las recibirá para ensayar con ellas, mientras que usted prueba a las otras.

Tomo VII · p. 49

Pero hágales comprender bien lo siguiente: 1.º Que su compañía no es una congregación religiosa y que su casa no es un hospital de donde no haya que moverse, sino una asociación de mujeres que van y vienen continuamente para asistir a los pobres enfermos, en diversos lugares y en horas concretas, haga el tiempo que haga. 2.º Que las Hijas de la Caridad, por ser sirvientes de los pobres, van también vestidas y alimentadas pobremente, sin que puedan cambiar la cofia blanca y los hábitos que llevan. 3.º Que, al venir a la compañía, no hay que tener más intención que la de servir a Dios y a los pobres. 4.º Que hay que vivir en una continua mortificación de cuerpo y de espíritu y con la voluntad firme de observar exactamente todas las reglas, especialmente la obediencia sin replicar. 5.º Que aunque vayan a una parte y a otra de la ciudad de París, no les es posible ir a visitar a las personas conocidas sin permiso, ni recibir a los hombres en su casa. 6.º Finalmente, que tengan medios para hacer el viaje y comprar su primer hábito 3. ________ Carta 2609.

— Recueil des procès-verbaux des conseils tenus par saint Vincent de Paul, 307. 1.

Tomo VII · p. 49

Cerca de Joigny (Yonne). 2.

Véase nota 3. 3 En su carta 561, dirigida al hermano Ducournau, que señaló al dorso la fecha de enero de 1658, Luisa de Marillac da el sentido de la respuesta que hay que dar a las hermanas de Saint-Fargeau.

La carta del santo es, en esta primera parte, casi la reproducción textual de la de su piadosa colaboradora. 48

Tomo VII · p. 49

En una de sus cartas me preguntaba usted si podía recibir con ustedes a una postulante que no sabe dónde estar, antes de recibir órdenes para enviarla aquí.

No me parece conveniente, hermana, ya que la experiencia ha demostrado que las jóvenes que se unen a las hermanas que trabajan fuera de la casa de París antes de haber recibido el hábito y las instrucciones que se les da aquí no suelen resultar, ya que se convencen de que sólo tendrán que hacer lo que han visto practicar a esas hermanas de lejos.

Le ruego, por tanto, que no reciba a ninguna en su casa.

No me dice usted nada de sus ocupaciones, a no ser que tienen muchas alumnas y dos pequeñas pensionistas.

Le ruego que me indique si tienen enfermos en su hospital, cuántos son, si atienden ustedes a los pobres enfermos de la ciudad y de los alrededores, si son muchos o pocos, en qué se ocupan ustedes principalmente y por qué me piden una tercera hermana.

Es de temer que esas pequeñas pensionistas les ocupen demasiado.

Tomo VII · página PDF 49

Ya sabe usted que no acostumbra la compañía recogerlas, ya que esto les aparta de otras faenas más necesarias; habría sido conveniente que no recibiera usted a esas niñas sin habernos consultado antes.

Si me dice usted que su Alteza Real 4 les ha mandado recibirlas, quizás sea porque usted no le ha dicho que eso estaba fuera de sus reglas; si ella lo hubiera sabido, le habría dado tiempo para escribir a la señorita Le Gras y aguardar su respuesta.

Le ruego, hermana, que en adelante no emprenda usted nada por propia iniciativa, sino que lo haga todo con el acuerdo y la bendición de la obediencia.

Con ella honrará usted a Dios y su conducta producirá de esta manera frutos de mucha edificación.

Tomo VII · página PDF 49

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