Carta · tomo VII

JACOBO BENIGNO BOSSUET A SAN VICENTE

Tipo
Carta
Tomo
VII
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69
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Acabo de recibir una carta suya, del 22 de diciembre.

Dirección: Al Padre Ozenne. 2624 [2526,VII,69-71] JACOBO BENIGNO BOSSUET A SAN VICENTE Metz, 1 febrero 1658 Me alegró mucho saber que uno de sus sacerdotes que pasó por aquí fuera el Padre Demonchy, aunque he sentido mucho que pudiera detenerse tan poco tiempo.

Quizás le haya comunicado ya que las cartas de la reina han sido recibidas con el respeto debido a Su Majestad y que el señor obispo de Augusta y el señor de La Contour han cumplido con su obligación en esta ocasión.

Le he escrito al Padre Demonchy dándole cuenta de cómo han ido las cosas después de su marcha 1; me remito a él para que le informe de todo, pues no quiero importunarle a usted repitiendo las cosas; pero me siento obligado a informarle a usted de algo que ha ocurrido por aquí hace algunos días y que pronto llegará a conocimiento de la corte.

Una criada católica, que ha muerto en casa de un hugonote, comerciante muy conocido y en buena situación, se ha visto extrañamente violentada en su conciencia.

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Está claro, por el propio testimonio de su amo, que durante toda su vida ella había hecho profesión de fe católica; incluso parece cierto que comulgó unos días antes de caer enferma.

Nunca había asistido a los sermones ni a los ejercicios de la falsa religión reformada.

Su amo pretende que, cinco días antes de su muerte, cambió de religión.

Dice que él mandó venir a los ministros para que recibieran su declaración, sin haber mandado acudir a dicho acto ni al párroco ni al magistrado ni a ningún católico que pudiera dar testimonio de ello.

El día en que murió aquella pobre mujer, un jesuita, avisado por uno de los vecinos de la violencia que le estaban haciendo, se presentó para consolarla.

Le negaron la entrada, a pesar de que es cierto que todavía estaba con vida.

Volvió poco tiempo después con la ________ Carta 2624.

— Urbain et Lévesque, o.c, t.

I, 14, carta 7. 1.

Esta carta fue publicada por Urbain et Lévesque, o.c, t.

I, 17, carta 8. 65

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orden del magistrado, pero resultó que había muerto durante aquel intervalo.

Todos estos hechos están claros y demostrados; incluso hay indicios tan fuertes de que ella pidió un sacerdote y los testigos contrarios han mostrado tanta indecisión en sus respuestas sobre ello, que puede considerarse como cierto.

No le exagero, Padre, ni las circunstancias de este asunto ni la importancia que puede tener; usted mismo lo comprenderá fácilmente y verá el descaro de aquellos que, habiendo recibido por el favor del rey la libertad de conciencia dentro de sus estados, se la arrebatan en sus propias casas a sus súbditos.

Esto clama ciertamente venganza; a pesar de ello, los ministros y el consistorio sostienen esta audacia; y el señor de La Contour me ha dicho hoy que un diputado de esos señores había tenido el atrevimiento de decirle que ese hombre había hecho lo que tenía que hacer.

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Más aún, han añadido que iban a quejarse ante la corte de las medidas tomadas por el lugarteniente general 2; todo ello, sin duda, para remitir el asunto al Consejo, a fin de apartarlo del lugar en donde se le conoce mejor y de suavizar las cosas dejando que pase el tiempo.

Dios no permitirá que se logren sus malos designios.

Le suplico, Padre, que emplee en esta ocasión todos los medios que estén a su alcance para impedir que no se escuche a esos diputados sediciosos y hacer que las cosas sigan el curso ordinario de la justicia, según el cual no podrán evitar verse castigados por el atentado cometido contra los edictos y contra la libertad de conciencia.

Cuando estuvo la reina en esta ciudad, demostró tanta piedad y tanto celo por la religión que no dudo de que, si se entera de este asunto, querrá que se cumpla la justicia como es debido.

Además, Padre, como el rey les ha concedido dos maestros para sus hijos, con la condición de que esos maestros sean católicos, van a pedir una pensión para ellos.

Esto no es justo ni mucho menos, ya que de esta forma ponen una carga sobre esta pobre ciudad.

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Pero, como saben que probablemente no accederán a su petición, estoy casi seguro de que lo que pretenden es que, al no conceder esa pensión, ellos puedan tomarse la libertad de tomar los maestros que quieran, y por consiguiente de su religión.

Sólo la reina impidió aquí que les concedieran ese permiso y estoy seguro de que permanecerá en el mismo propósito.

No creo necesario ________ 2.

Filiberto Estienne, señor de Augny. 66

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