Carta · tomo VII
A CARLOS OZENNE
ha querido Dios disponer a los habitantes para reconciliarse unos con otros.
Se han visto movidos a ello, en primer lugar, por la desaprobación que había testimoniado Su Alteza de su desunión, y después por medio de la misión, que acabó disponiéndoles a ello por completo, ya que las personas de uno y otro partido acudían juntas a nuestros sermones y ejercicios en una misma iglesia, lo cual se creía al principio que iba a resultar muy difícil y hasta peligroso.
Pero, antes de tenerlos reunidos en la iglesia, hubo que convencer a los unos y a los otros que dejaran las armas que llevaban siempre consigo a todas partes.
Su asiduidad a los actos de la misión, con los sentimientos que Dios ha querido darles, los ha unido perfectamente, de forma que todos se abrazaron unos a otros en presencia del santísimo Sacramento, pidiéndose mutuamente perdón; incluso algunos de los principales lo hicieron públicamente en la plaza mayor de la ciudad, todo ello con gran satisfacción de una parte y de otra, de modo que hay muchos motivos para esperar que esta reconciliación será estable y duradera.
Todo el pueblo se ha quedado muy consolado de ver cómo esas personas, que antes se iban buscando para matarse, ahora trataban entre sí, se paseaban y charlaban juntos con tanta cordialidad como si nunca hubieran estado enfadados.
Antes iban por la calle rodeados de armas; ahora, por la gracia de Dios, no se ve a nadie armado.
Nadie piensa en otra cosa, más que en reconciliarse con su divina Majestad por medio de una buena penitencia.
Su Alteza Real, al conocer todo esto, se ha dignado atestiguarnos en una de sus cartas la satisfacción que ha recibido; lo mismo ha hecho el señor marqués de Pianezza, que ha recibido por ello sentimientos muy extraordinarios de consuelo.
Ahora estamos ocupados en las confesiones; se presenta un montón tan grande de penitentes que, a pesar de que hemos pedido ayuda a todos los sacerdotes y religiosos del lugar, que son muchos, no sé cuándo podremos acabar. 2628 [2530,VII,74-76] A CARLOS OZENNE París, 8 febrero 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros. ________ Carta 2628. (CA).
— Archivo de Cracovia, original. 69
Acabo de leer su última carta de Varsovia, que me da a conocer su buen estado de salud, por la gracia de Dios, y el de los padres Desdames y Duperroy, por lo que doy gracias a Dios, rogándole que se la conserve en medio de esos peligrosos catarros que corren por todo el reino.
También le ruego por el rey y por la reina, cuya presencia están esperando para dentro de quince días en Varsovia.
Puesto que somos los hombres que más favores les debemos, pediremos también a Dios que bendiga cada vez más sus armas y que santifique a sus sagradas personas, y por medio de ellos a todo su reino.
Le escribo restablecido ya de unas molestias que he sufrido por la caída de una carroza, sobre todo en la cabeza; gracias a Dios, me encuentro mejor, aunque sigo sin salir de la habitación, por miedo al frío tan riguroso que está haciendo.
Espero salir cuando el tiempo mejore un poco.
Estamos trabajando incesantemente en una colecta que se hace para librar al cónsul de Argel 1 y darle medios para pagar las cantidades que los pobres esclavos cristianos le habían prestado para sacarle de manos del bajá, que le ha maltratado mucho por culpa de una bancarrota muy considerable que había sufrido un comerciante de Marsella 2.
Dentro de tres o cuatro días marcharán cuatro de nuestros padres, un hermano y un joven negro de Madagascar que se ha convertido 3, para ir a embarcarse a Port-Louis 4 y dirigirse a aquella isla.
Estamos muy preocupados por la noticia que nos llegó ayer de Roma de que había vuelto a empezar la peste en Génova; sabemos que el Padre Judice 5 ha vuelto a la casa del lazareto, en donde había estado antes asistiendo a los apestados y que había tenido la peste, de la que había curado.
Encomiendo a sus oraciones un asunto desagradable que ha ________ 1.
Juan Barreau. 2.
Rappiot. 3.
Uno de los jóvenes malgaches que el señor de Flacourt se había llevado a Francia en 1655 y que había confiado a san Vicente. 4.
Port de Morbihan, que fue perdiendo mucho de su importancia desde la fundación de Lorient. 5.
Jerónimo Lejuge, sacerdote de la Misión. 70
Tomo VII · página PDF 70ocurrido en Annecy en un encuentro entre el Padre Le Vazeux, superior de la misión, y un abogado de la ciudad, que se injuriaron mutuamente por causa de un proceso en que llevan cuatro años enfrentados debido a la casa donde se alojan; la Misión ha perdido la Casa, pero el Padre Le Vazeux está intentando sacar el dinero que se pagó por unos bienes hipotecados y que dicho abogado tiene en fianza.
Estos años pasados la reina se detuvo en varias ocasiones en la ciudad de Metz, en Lorena, observando las necesidades espirituales de dicha ciudad; por eso nos ha ordenado ahora que vayamos a tener allí una misión.
Pero, como hemos renunciado a trabajar en las ciudades en donde haya arzobispado, obispado o capítulo, para reservarnos el servicio del pobre pueblo, hemos pensado en enviar allá dieciocho o veinte sacerdotes de nuestra conferencia de los martes, bajo la dirección del señor abad de Chandenier, nuestro bienhechor.
Estamos esperando con gran alegría al buen señor oficial de Poznan.
Tengo miedo de que mi imbecilidad y nuestra rusticidad lo dejen mal edificado.
¡Qué felices nos sentiremos de conocer a nuestro bienhechor!
Haga el favor de indicarme detalladamente sus beneficios.
Nuestros misioneros están trabajando en dos grupos por las aldeas de esta diócesis con mucha bendición; me parece que lo mismo ocurre en los demás sitios, por la misericordia de Dios.
Abrazo a los padres Desdames y Duperroy con todo el cariño de mi corazón.
También renuevo el ofrecimiento de mi obediencia a la buena señorita de Villers y le pido a Nuestro Señor que bendiga a esas pobres y tan queridas hermanas de la Caridad.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Ozenne, superior de los sacerdotes de la Misión de Varsovia. 71
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