Carta · tomo VII

A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA

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Carta
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VII
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esos bárbaros han manchado su nombre y que no podría hacer una obra más agradable a Nuestro Señor. 2630 [2532,VII,79-82] A EDMUNDO JOLL Y, SUPERIOR DE ROMA 8 febrero 1658 Tenemos un asunto feo en Annecy.

Le había pedido al Padre Berthe que no marchara de allí sin haberlo terminado de una forma o de otra; pero, como encontró demasiados obstáculos, se ha vuelto.

No sé si estará usted informado del hecho; es conveniente que lo sepa.

La compañía había adquirido una casa en aquella ciudad, que resultó luego cargada de hipotecas, de forma que los acreedores del vendedor nos la han quitado con toda justicia, salvo nuestro recurso sobre los otros bienes contra los detentadores, entre los que figura un abogado de Annecy, muy experto y bien apoyado.

El Padre [Le Vazeux], que, como usted sabe, tiene un espíritu impulsivo, lo ha llevado a juicio ante el senado de Chambéry, en donde incluso ha logrado que lo declaren perjuro, según creo, o falsario, y que lo condenen a pagar cierta multa por ese incidente.

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El señor obispo de Ginebra 1, que tiene mucha amistad con él, se ha considerado ofendido con ello y, aparte de que nunca ha podido ver bien al Padre [Le Vazeux], se ha mostrado muy contrario a nosotros en este asunto y sin ningún interés por nosotros ni por nuestras tareas.

Pues bien, viéndose dicho señor demasiado apretado por el Padre [Le Vazeux], que no hacía mucho caso de sus amenazas, de sus embrollos y de sus influencias, buscó un arreglo e hizo que intervinieran en ello algunos amigos comunes; pero, habiéndose reunido para ello, en vez de suavizar las diferencias, se enconaron los ánimos con los reproches e injurias que se dirigieron mutuamente.

El abogado irritó e injurió al Padre [Le Vazeux] y éste le contestó llamándolo architonto; informó de ello el señor provisor, propuesto por el señor obispo, y citaron personalmente ante el tribunal al Padre [Le Vazeux], que se presentó para hacerse ________ Carta 2630.

— Reg. 2, 238. 1.

Carlos Augusto de Sales. 74

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oír, pero le dijeron que tenía que entrar antes en la cárcel para oírle a continuación; él no lo quiso aceptar.

Llegó por entonces el Padre Berthe y fue a ver al señor obispo de Ginebra, le encomendó nuestros intereses y le rogó que arreglase el asunto; pero lo encontró muy poco dispuesto a escucharnos y dispuesto a tratar al Padre [Le Vazeux] lo peor que pudiera.

Esto obligó al Padre Berthe a mostrar a dicho señor provisor el breve de nuestra exención, para que no siguiera adelante, ya que estaba a punto de decretar otra cita ante el tribunal contra el Padre [Le Vazeux].

El provisor ante ello cesó efectivamente en sus gestiones y le dijo al señor obispo, que quería obligarle a seguir adelante, que no podía ni quería derogar ese breve, que eximía a una comunidad de la jurisdicción del ordinario respecto a las costumbres.

Pero ¿qué es lo que hizo ese buen prelado?

El mismo dio un segundo decreto, mostrando de esta manera el calor con que abrazaba la causa de su antiguo amigo de escuela.

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El Padre [Le Vazeux] apeló en contra y se fue a Chambéry a pedir consejo al señor primer presidente de la cámara de cuentas, que ha sido abogado general del senado y que tiene mucha experiencia en estas materias; éste le animó a resistir y a que presentara su apelación al senado como contra un abuso del señor obispo de Ginebra, prometiéndole un feliz resultado y ofreciéndose él mismo a escribir en contra de semejante procedimiento por una injuria tan pequeña.

Pues bien, en aquel país, cuando uno apela contra un juicio, no está obligado a decir ante quien apela, y tiene cincuenta días para retirar la apelación.

Si hubiera que llegar a eso, no sé si sería más conveniente acudir ante la Santa Sede, que nos mantendría en nuestro privilegio, o ante el metropolitano, que está en Avignon.

Le ruego, Padre, que se entere de ello.

Tengo mucho miedo de que explote este asunto y de que se vea a los sacerdotes de la Misión en contra de un obispo.

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Por eso hemos enviado al Padre Dehorgny a Annecy y le escribo hoy mismo al señor obispo de Ginebra y a nuestro superior de Annecy, que es la causa de todo este embrollo, para que procuren los dos solucionarlo amablemente, por medio de un arbitraje o de alguna otra manera.

Pero si, después de haber hecho por nuestra parte todo lo razonable y más incluso para apagar esas diferencias, ellos se obstinan en salirse cada uno con la suya, que es arruinar a nuestra po75

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