Carta · tomo VII
LUIS DE CHANDENIER ABAD DE TOURNUS, A
2659 [2561,VII,116] LUIS DE CHANDENIER ABAD DE TOURNUS, A [Metz, abril o mayo de 1658] 1 Creo, Padre, que recibirá usted con agrado que le comunique una idea que se me ha ocurrido, a saber, que escriba usted unas palabras de agradecimiento al señor obispo de Augusta 2 por habernos honrado con su protección, que nos ha sido muy favorable, y también unas palabras de gratitud al señor Bossuet por la ayuda que nos presta en las predicaciones e instrucciones que tiene, a las que Dios concede grandes bendiciones. 2660 [2562,VII,116-119] A FERMIN GET, SUPERIOR DE MARSELLA Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Recibí sus dos cartas del 19 y del 26 de marzo.
Ha hecho usted bien en ponerme al corriente de los malos tratos que de nuevo han infligido al pobre hermano Barreau.
Y ha hecho mejor en pensar que me llenaría de aflicción por ello, ya que efectivamente estoy tan apenado por ello que me es imposible expresarle mi dolor.
Y lo que más lo aumenta es que en todas las injusticias que han cometido con ese pobre hombre, siempre vislumbro algún motivo anterior que él mismo les ha podido dar a los turcos para ello; por ejemplo, en esta última ocasión, si es verdad que no ha salido fiador ni mucho menos por ese comerciante griego residente en Marsella, tal como aseguran los testigos, sí que pudo haberles dicho a los judíos que era persona decente y de solvencia y que no había nada que perder con él; deduzco que ha sido así por lo que ________ Carta 2659.
— Urbain et Lévesque, o.c., t.
I, 29, nota 5. 1.
Meses durante los cuales se llevó a cabo la misión de Metz. 2.
Pedro Bédacier.
Carta 2660.
— Archivo de la Misión, copia sacada del original en casa del señor Hains, Marsella. 106
me ha dicho el Padre Le Vacher; si esto es así, ha dado motivos a esos acreedores para emprenderla en contra suya, en medio de ese mal humor en que les ha dejado su deudor.
Sigo estando de acuerdo en que hemos de retirarlo de allí, pero no estoy convencido de las razones que usted me indica para que abandonemos la obra comenzada.
Me parece que se necesita a un misionero en aquel país, tanto para asistir a los esclavos en sus enfermedades como para robustecerlos en la fe en todas las ocasiones.
Es verdad que podrían suplirles los sacerdotes y religiosos esclavos; pero no lo hacen.
Incluso ellos mismos están tan disipados que se necesita una persona de autoridad para contenerlos.
Por otra parte, hay motivos para dudar de si los sacramentos administrados por algunos de ellos son válidos para los pobres cautivos.
Pues bien, si la salvación de un alma es de tan gran importancia que hay que exponer la vida temporal para procurarla, ¿cómo podríamos nosotros abandonar a un número tan grande de ellas por miedo a algunos gastos?
Y aun cuando de su estancia allí no se siguiera más bien que demostrar a esa tierra maldita la belleza de nuestra santa religión, al enviar allá a unos hombres que atraviesan los mares, que abandonan voluntariamente su país y sus comodidades y se exponen a mil ultrajes por el consuelo de sus hermanos afligidos, me parece que los hombres y el dinero estarían bien empleados.
No obstante, pensaremos en todo lo que nos dice con una atención especial, por ser usted el que nos lo escribe, y trataremos el asunto entre nosotros.
De momento nuestra mayor preocupación es la de saber cómo podremos enviar con seguridad el dinero que se está reuniendo, tanto desde aquí hasta Marsella, como luego desde Marsella a Argel; y, una vez allí, de qué manera podremos garantizarlo contra la avaricia insaciable de los turcos y aplicarlo al fin para el que va destinado.
Hay por aquí algunas buenas personas que andan trabajando en descubrir la manera de hacerlo y piensan en ello delante de Dios.
Le ruego que haga usted lo mismo por su parte.
Intentaremos pagar la letra de cambio que usted nos gira para los capellanes; pero haga lo posible por dejarlos contentos con diez escudos cada uno.
Me alegra saber que ha enviado usted doscientas piastras a Túnez y que se ha presentado una buena ocasión para enviar lo demás 107
Doy gracias a Dios por las misiones que está haciendo en las galeras; pido a Nuestro Señor que las bendiga.
Le envío una letra de cambio de 100 libras, que habrá de pagarle el señor Juan Abeille; haga el favor de enviar esta cantidad a Argel, a Nicolás Renouard, para que pueda volver a Francia.
Dicen que está ya libre y que solamente debe los derechos de puerto; nos han rogado que, si no tiene bastante con esas cien libras le encargue a dicho señor Abeille que entregue todo lo que se necesite.
Ese joven es del Havre de Gracia.
Le ruego que me diga si ha recibido usted lo que faltaba de aquel dinero que el dueño de un barco debía a los esclavos de aquel mismo lugar del Havre, y por el cual tuvo usted que presentar una denuncia en Marsella y en Aix.
Nos piden cuenta de ello.
Haga el favor de indicarme cómo está este asunto.
Hemos recibido una carta y un escudo para Martín de Lancre, forzado en la Mercares, que se encuentra actualmente en Marsella.
Le ruego que se lo entreguen.
Ha querido Dios privarnos del buen Padre Senaux 1, que era el alma de la casa de Troyes, y uno de los padres más prudentes, pacientes, mansos y celosos que tenía la compañía, siempre de salud delicada, pero siempre en manos de Dios.
Lo encomiendo a sus oraciones y a las de su pequeña familia.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 2661 [2563,VII,119] EL HERMANO JUAN PARRE A SAN VICENTE San Quintín, 6 abril 1658 Mi venerado señor y Padre: Pido humildemente su bendición.
Allá van esas dos buenas jóvenes de las que me tomé el honor de escribirle que van a echarse a sus pies para recibir su bendi________ 1.
Falleció en Troyes el 28 de marzo.
Carta 2661 (CA).
— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 108
ción y para alistarse en el número de sus hijas, como dos víctimas que se consagran a su divina Majestad para darle gloria por toda la eternidad.
Y como es preciso buscar los medios para llegar a ese fin, por eso mismo acuden a usted con la esperanza de recibirlos de su bondad.
Van con mucha confianza y franqueza, pues le aseguro que todo ha sido obra de nuestro buen Dios, y no de los hombres, ya que todos han intentado disuadirlas de su propósito.
Por eso mismo espero que Dios será glorificado por esas dos vírgenes.
Le ruego a Nuestro Señor que se digne conservarle en buena salud en su amor y para su gloria.
Soy para siempre, Padre, su muy humilde y obediente servidor, J UAN PARRE hermano indigno de la congregación de la Misión Dirección: Al Padre Vicente, superior general de la congregación de la Misión, en San Lázaro, París. 2662 [2564,VII,120-121] A LUIS DE CHANDENIER, EN METZ París, 6 abril 1658 Señor: Respondo a su amable carta del día 30 de marzo, empezando por pedirle muy humildemente perdón por no poder escribirle todavía por mi propia mano, debido a una pequeña incomodidad que me lo impide.
Doy gracias a Dios por la salud que le da y por las bendiciones que continúa derramando sobre usted y sobre todos esos señores en común y en particular 1 Hago también que se lo agradezcan a la divina bondad todos aquellos que conocen su interés y sus tra________ Carta 2662.
— Lettres et conférences de saint Vincent de Paul.
Supplément .
Carta 3136, p. 529. 1.
Los misioneros ocupados en la misión de Metz. 109
bajos, especialmente nuestra comunidad y todos los señores eclesiásticos de nuestra asamblea, a quienes ordené leer el martes pasado algunos resúmenes que había hecho de sus cartas y de las del señor de Blampignon.
Todos ellos se sintieron conmovidos al escuchar los felices resultados de esta obra y las santas consecuencias de sus esfuerzos, saliendo todos ellos inflamados de gozo y de gratitud.
Estuvo allí el señor de Saint-Jean 2, que quiso llevarse aquellos resúmenes, a fin de estudiar los puntos principales y hacer una relación de todo a la reina, tal como lo hizo al día siguiente; Su Majestad se sintió tan conmovida por ello, que su alegría se reflejaba en su rostro y todos se dieron cuenta de ello.
El tenía en la mano el resumen y, como Su Majestad le preguntara qué era aquel papel, respondió que había tomado nota de lo que le habían dicho. «Démelo, dijo ella, que quiero verlo», y se quedó con él.
Demostró sobre todo que estaba muy satisfecha de la ayuda espiritual y corporal que prestan ustedes a los pobres y dijo que, si todavía hace falta más dinero, ella lo entregaría.
Le suplico, pues, muy humildemente que me indique a cuánto subirán los gastos.
Todavía no hemos podido hacer salir de aquí la ayuda que ustedes esperan, pues no hemos podido encontrar sacerdotes dispuestos para ello.
Solamente tenemos tres que saldrán, Dios mediante, el viernes próximo para llegar a Metz el martes o el miércoles de la semana santa.
Si necesitan ustedes más, creo que no debe usted poner dificultad en aceptar a alguno de los del lugar, tanto seculares como religiosos, por ejemplo a los jesuitas.
Me gustaría mucho que nuestra casa de Toul pudiera proporcionarle alguno, pero temo mucho que no pueda hacerlo.
Las predicaciones del señor abad de Moutiers-Saint-Jean son tan eficaces que han hecho llegar hasta aquí su virtud, desde donde contemplo con agrado su apacible y agradable compostura, pareciéndome que su gran modestia me invita a hacerme también modesto, a pesar de lo rústico que soy.
Lo saludo con todo respeto y cariño.
Soy igualmente de usted, en el amor de Nuestro Señor su... ________ 2.
Capellán de la reina madre. 110
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