Carta · tomo VII

A BENJAMIN HUGUIER, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN MARSELLA 1

Tipo
Carta
Tomo
VII
Página inicial
143
Metadatos
Extraídos del documento
Ver tomo

2679 [2581,VII,143-145] A BENJAMIN HUGUIER, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN MARSELLA 1 5 mayo 1658 Le he pedido que se quede en Marsella, sobre todo porque me dice usted que le gusta estar allí y porque espero que Dios se verá glorificado por los servicios que allí hará usted a las almas.

Ha puesto usted una frase en su última carta que me confirma en este sentimiento, cuando dice que desea usted pasar útilmente el resto de sus días, lo cual me alegra mucho, ya que ese deseo le hará emplear por este buen fin todas las posibilidades que usted tenga y todas las ocasiones que Dios le depare de hacer algún bien.

Así pues, Padre, no quiero tomar al pie de la letra otra frase que se le ha escapado a continuación, cuando dice que no puede usted vivir con ánimos si no tiene alguna ocupación que le sirva de distracción.

Tomo VII · p. 143

La forma con que usted ha vivido desde hace doce años o más que está en la compañía, me convence de que no desea usted ninguna otra satisfacción más que la de cumplir la voluntad de Dios, que es totalmente espiritual, en vez de andar imitando a la gente del mundo que procuran buscar su contento en el placer de los sentidos, ya que esto sería indigno de un sacerdote y de un misionero como usted.

Si me dice que siente usted cierta inclinación al cargo de superior, no me atrevo a creerlo.

¡Ay!

No es ésa la manera de estar contento; los que tienen ese cargo gimen bajo su peso, ya que se sienten débiles para llevarlo y se creen incapaces de guiar a los demás.

Si así no fuera, si alguno presumiese lo contrario, haría gemir a sus inferiores, ya que le faltaría la humildad y las demás gracias necesarias para servir de consuelo y de buen ejemplo a todos ellos.

Ya sabe usted, Padre, que los dones de Dios son diferentes y que él los reparte como mejor le parece.

Uno es sabio, pero no sirve ________ Carta 2679.

— Reg. 2. 116. 1.

La carta va dirigida a «Un sacerdote de la compañía que parecía buscar el cargo de director.».

Tomo VII · p. 143

Este sacerdote es sin duda Benjamín Huguier, ya que el contenido no puede aplicarse ni a Fermín Get, superior, ni a Santiago de la Fosse, que acababa de ser destinado a Troyes, ni a Antonio Parisy los únicos misioneros que componían entonces con él la casa de Marsella.

Hablándole de un viaje a Argel, el santo quería sin duda distraerle de su tentación. 129

Tomo VII · p. 143

para gobernar; uno camina hacia la santidad, pero no sabe guiar a los demás.

Por tanto, le corresponde a la divina providencia llamarnos a las ocupaciones para las que nos ha dado algún talento, sin pretenderlas nosotros por nuestro gusto.

Nuestro Señor, que había destinado a los apóstoles para que fueran la cabeza de todas las iglesias del mundo, les dijo que era él quien los había elegido; y en otra ocasión, al notar alguna envidia entre ellos por tener la primacía, les dio este hermoso precepto: que el que quisiera ser el primero fuera el servidor de los demás 2, para enseñarnos que por nosotros mismos no hemos de tender más que a la sumisión.

Eso mismo es lo que nos enseñó también con su ejemplo, ya que vino para servir y quiso tomar la forma de siervo.

Tomo VII · página PDF 130

Pues bien, el hombre miserable que va contra esta regla y desea elevarse por encima de los demás, renuncia a las máximas del Hijo de Dios, toma un partido distinto y, si llega adonde pretende, si por desgracia es nombrado superior por su ambición, no hace más que daño, porque se entregará al orgullo, que es una fuente de desórdenes; y, al ser responsable de las almas que están debajo de él, será también culpable de todas las faltas que se cometan por su mala dirección.

Esto es lo que hace incluso temblar a los mejores superiores y lo que les hace pedir insistentemente que se les descargue de sus funciones.

Hay muchos de ésos en la compañía.

Pero son ésos precisamente a los que Dios bendice, ya que ese temor les humilla y les hace cumplir mejor con su deber.

La experiencia que tenemos de esta verdad nos hace poner mucho cuidado en no entregar ningún cargo a quien haya demostrado alguna inclinación por él.

Tomo VII · página PDF 130

Puede ser que todo lo que le estoy diciendo vaya fuera de propósito, ya que a mi juicio no son ésos los cargos que usted pide; pero, por otra parte, si usted no desea más que cargos inferiores, me parece que los tiene usted ya en Marsella; hay bastantes ocupaciones dentro y fuera de esa casa para la salvación del prójimo; y si a usted le gusta obedecer, encontrará en ello la paz de su espíritu así como la santificación de su alma.

Le ruego, pues, Padre, que limite a esto por ahora sus deseos e inclinaciones.

Siento un especial cariño por su corazón, que ofrezco con frecuencia a Nuestro Señor.

V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión ________ 2.

Mt 20, 27. 130

Tomo VII · página PDF 130

VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

Volver arriba VicenPlay