Carta · tomo VII

A LOS MIEMBROS DE LA CONGREGACION DE LA MISIÓN

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Carta
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VII
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148
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el consentimiento de los legítimos posesores, para suplir lo que los benedictinos hicieron en otros tiempos y ahora han dejado de hacer.

Esperaremos con paciencia la resolución de este asunto. 2682 [2584,VII,148-151] A LOS MIEMBROS DE LA CONGREGACION DE LA MISIÓN [Mayo 1658] Vincentius a Paulo, superior generalis congregationis Missionis, dilectis nostris in Christo fratribus ejusdem congregationis, sacerdotibus, clericis et coadjutoribus laicis, salutem in Domino.

En tandem, Fratres dilectissimi, en Regulae seu Constitutiones communes nostrae congregationis, tantopere a vobis desideratae ac tandiu expectatae 1.

Anni quidem circiter triginta tres a prima ipsius congregationis institutione effluxere, antequeam illas typis mandatas vobis traderemus; sed eo consilio id egimus, tum ut Christum Salvatorem nostrum imitaremur, in eo quod coepit prius facere quam docere; tum ut quam plurimis occurreremus incommodis quae sine dubio oriri potuissent ex praematura earumdem Regularum seu Consitutionum editione; ac proinde earum praxis et usus visa fuissent postmodum aut nimis difficilia, aut minus congruentia.

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Haec autem nostra cunctatio atque agendi ratio ab illis nos periculis, divina adjuvante gratia, servavit; quin etiam effecit ut congregatio paulatim ac suaviter ipsas in praxim redegerit, ________ Carta 2682.

— Regulae seu Constitutiones communes Congregationis Missionis.

Parisiis 1658, prólogo.

Texto en latín; la traducción francesa fue publicada por el mismo san Vicente aquel mismo año en la edición francesa de las reglas hecha para uso de los hermanos coadjutores. 1.

El librito de Règles communesque presentaba san Vicente a sus misioneros en 1658 era una segunda edición.

La primera edición, acabada en 1655, contenía tantas faltas de imprenta que se dio orden de destruirla (cf. n v, 337).

Revisó los puntos principales con Antonio Portail, pidió el consejo de teólogos y canonistas eminentes, de los que algunos ocupaban altos cargos incluso en Roma (cf. cartas 2053. 2385, 2395, 2411, 2461, 2498 2538), y finalmente tuvo el gozo de distribuir él mismo los primeros ejemplares a sus misioneros el 17 de mayo de 1658, tras haber pronunciado uno de sus más bellos discursos.

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Los retoques hechos a la edición de 1655, aprobada por el arzobispo de París, eran de poca importancia.

Podía escribir al cardenal de Retz el 15 de julio de 1659: «No hemos tocado lo esencial de las reglas ni ninguna circunstancia de importancia». 133

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priusquam illae fuerint editae.

Nihil enim in illis animadvertetis quod non jandudum, imo et cum maxima animi nostri oblectatione mutuaque omnium vestrum aedificatione, in usu habueritis.

Illas igitur, Fratres dilectissimi, pari, quo vobis eas tradimus, affectu accipite.

Illas considerate, non quidem ut ab humano spiritu productas, sed potius ut emanatas a divino, a quo bona cuncta procedunt et sine quo non sumus sufficientes cogitare aliquid a nobis quasi ex nobis.

Etenim, quid in illis reperietis quod vos aut ad vitiorum fugam, aut ad virtutum acquisitionem, et ad evangelicorum cdocumentorum exercitium non accendat ac promoveat?

Eaque de causa illas omnes, quantum in nobis fuit, ex Jesus Christi spiritu actionibusque vitae ipsius (ut perspicere facile est) haurire conati sumus: quippe qui censuimus eos viros qui ad continuationem missionis ipsius Christi (quae potissimum in pauperum evangelizatione consistit) vocati sunt, debere ejusdem Christi sensibus et affectibus, immo eodem, quo ipse, spiritu repleri ipsiusque vestigiis inhaerere.

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De caetero ergo, Fratres, rogamus vos et obsecramus in Domino Jesu, ut in exactam ipsarum Regularum observationem incumbatis, pro certo habentes quod si illas servaveritis, ipsae vos servabunt, et tandem ad finem optatum, hoc est, ad caelestem beatitudinem securos vos deducent.

Amen TRADUCCION [Mayo 1658] Vicente Depaul, superior general de la congregación de la Misión, a nuestros queridos hermanos en Jesucristo, los sacerdotes, clérigos y coadjutores laicos de dicha congregación, salud en Nuestro Señor.

He aquí finalmente, mis queridísimos hermanos, las reglas o constituciones comunes de nuestra congregación, que tanto habéis deseado y que por tan largo tiempo habéis estado esperando.

Es verdad que han trascurrido treinta y tres años poco más o menos desde que fue instituida nuestra congregación, sin que las hayamos dado a la imprenta; pero hemos obrado de esta manera, tanto para imitar a Nuestro Señor Jesucristo que empezó a obrar antes que a enseñar, como para prevenir muchos inconvenientes que l34

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hubieran podido surgir de la publicación demasiado precipitada de dichas reglas o constituciones, cuyo uso y cuya práctica hubieran podido quizás parecer más tarde o demasiado difíciles o poco convenientes.

Pues bien, nuestro retraso y nuestra forma de proceder en este asunto nos han garantizado, por la gracia de Dios, de todos estos inconvenientes y han hecho que la congregación las haya ido practicando poco a poco y suavemente, antes de haberlas sacado a la luz pública.

Efectivamente, no advertiréis en ellas nada que no hayáis estado practicando largamente, con un sensible consuelo por mi parte y una mutua edificación de todos vosotros.

Recibidlas, pues, mis queridísimos hermanos, con el mismo afecto con que os las damos.

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Consideradlas, no como producidas por el espíritu humano, sino más bien como inspiradas por Dios, de quien procede todo bien y sin el cual no somos capaces de pensar nada bueno por nosotros mismos, como si viniera de nosotros mismos; porque, ¿qué encontraréis en estas reglas que no sirva para excitaros e inflamaros, bien en la huida de los vicios, bien en la adquisición de las virtudes y en la práctica de las máximas evangélicas?

Por eso mismo hemos intentado, en cuanto nos ha sido posible, sacarlas todas del espíritu de Jesucristo y copiarlas de las acciones de su vida, como puede verse fácilmente, creyendo que las personas que han sido llamadas a continuar la misión del mismo Salvador (y que consiste principalmente en evangelizar a los pobres) tienen que entrar en sus sentimientos y en sus máximas, llenarse de su mismo espíritu y seguir sus mismos pasos.

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Por eso, mis queridísimos hermanos, os pedimos y conjuramos, por las entrañas de ese mismo Salvador Jesucristo, que hagáis todo lo posible por observar estas reglas, teniendo por seguro que, si las guardáis, ellas os guardarán y os conducirán con seguridad al fin que todos deseamos, esto es, a la celestial bienaventuranza.

Amén. 2683 [2585,VII.151] A N... 13 mayo 1658 San Vicente hace el elogio de Nicolás Senaux. ________ Carta 2683.

— Collet, o.c., t.

II, 197. 135

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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