Carta · tomo VII
A SANTIAGO CHIROYE, SUPERIOR DE LUÇON
como tiene el hígado caliente, también se le calentaría demasiado pronto la cabeza.
Recomiéndole que se porte con calma y sin hacer esfuerzos.
Anímele en medio de sus preocupaciones; todo el mundo las tiene, unos de una manera y otros de otra, al menos los que quieren servir y seguir a Jesucristo.
Es ése el camino estrecho y difícil que lleva a la vida.
Y es preciso que los obstáculos no nos impidan llegar.
Sobre todo hay que tener mucho cuidado para que ninguno de los que tienen que construir ese camino con la buena edificación que dan a los demás, no hagan lo contrario, pues lo que más desanima a los nuevos que tienen ganas de trabajar en la virtud es ver a los mayores que no les dan buen ejemplo.
En el primer correo haré que le envíen nuestras reglas impresas, a fin de que todos se animen a la observancia de las mismas y así podamos llegar todos a la santificación, ya que esas reglas contienen lo que Nuestro Señor hizo y lo que quiere que nosotros hagamos. 2698 [2600,VII,168-170] A SANTIAGO CHIROYE, SUPERIOR DE LUÇON 5 junio 1658 He recibido el contrato de fundación del señor Pignay.
Siento un gran respeto por su persona, que ha sido tan amable con nosotros, y una especial gratitud por SUS beneficios, que van continuamente en aumento.
No puedo expresarle los sentimientos que por ello tengo ni los deseos tan grandes que Dios me da de complacer y obedecer a ese siervo suyo, que ofrece a esa su pequeña familia los medios para poder hacer algún servicio a los pobres; le pido a Nuestro Señor que sea él mismo su paga y su recompensa.
Me dice usted que les ha dado 25 fanegas de tierra franca, que ha adquirido por 1.100 libras, que les había dado ya antes 1.800 libras en dinero y que todavía les va a dar otras 1.300 libras, a cobrar de sus deudores, para que con esas dos cantidades puedan comprar más tierras.
No sé qué renta será posible sacar de esas fincas; pero comprendo que se necesitarán seguramente más de cincuenta escudos de renta para cumplir con las cargas de la fun________ Carta 2698.
— Reg. 2, 118. 150
dación.
Sin embargo, habría aprobado el contrato para consuelo de ese buen doctor si usted no hubiera aceptado el disfrute de esos bienes adquiridos y dados a título privado para gozarlos usted de por vida, empezando después de morir él; esto es algo que no puedo aprobar.
Que él se haya reservado las rentas a su favor, me parece muy bien y es lo que tenía que hacer; y si no lo hubiera hecho, yo siempre habría estado dispuesto a reconocerlo así, pues me parece perfectamente justo.
Pero usted, Padre, que se ha entregado a Nuestro Señor para seguirle en su pobreza y para servirle en nuestra compañía, según los votos que ha hecho en ella, tan lejos está de poder hacer uso de esta reserva que no hay ninguna razón para que pueda tener nada en propiedad.
Si se tratase de unos bienes que la naturaleza le hubiera dado en virtud de la sucesión, podría haberse reservado en ese caso la disposición de los mismos, según nuestras reglas; pero si recibe algo por donación para que pueda disfrutar particularmente de ello, es algo que debe constituir para usted un problema de conciencia y no puede dar ese ejemplo a la compañía, en la cual abriríamos, usted y yo, una brecha irreparable si permitiéramos que esa fundación se llevara a cabo tal como usted la ha estipulado.
Quizás me diga que esta condición, que le atañe a usted, no es más que en caso de necesidad; pero ¿qué necesidad puede tener usted Padre, ya que desea vivir apostólicamente y puede tener la seguridad de verse mantenido para siempre por nuestras rentas comunes, de disfrutar de esas rentas en particular?
Le ruego, pues, que no piense en ello y que no tome ninguna decisión en ningún asunto de cierta importancia sin habernos consultado previamente y sin haber recibido nuestra respuesta, pues he podido observar que muchas veces me pone al corriente de las cosas después de haberlas hecho.
Le escribo al señor Pignay exponiéndole mis dificultades y me quedo con el contrato hasta que me haya comunicado si quiere que se lo devuelva. 2699 [2601,VII,170] A UN OBISPO Le pido a Dos, señor obispo, que forme a esos dos misioneros ________ Carta 2699.
— Abelly, o.c., 2ª ed., segunda parte, 77. 151
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