Carta · tomo VII

A LUIS DUPONT, SUPERIOR DE TRÉGUIER

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VII
Extensión
431 palabras
Página inicial
158 (PDF)
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2705 [2607,VII,178-179] A LUIS DUPONT, SUPERIOR DE TRÉGUIER 19 junio 1658 En la misma carta en la que me preguntaba usted si debía aceptar dos beneficios que se le han ofrecido en su país, nos daba usted nuevas señales de afecto a la compañía cuando decía que pensaba hacerle algún día donación de esos beneficios, de lo cual de doy las gracias tanto más cuanto que su intención es hacer que por medio de ella se honre más a Dios y se vea el pueblo mejor asistido.

Son muestras de su celo, que no quedarán sin recompensa.

Pero le diré como respuesta, Padre, que no hemos de desear ningún otro bien para la compañía y ninguna otra ocupación más que los que Dios ha querido darle por sí mismo sin nosotros, esto es, sin que los hayamos buscado ni procurado nosotros.

Si fuera el señor obispo del lugar, en quien reside el poder para llamarnos, quien nos hubiera hecho esta propuesta, conoceríamos en ello la voluntad de Dios.

En cuanto a usted, Padre, creo que, puesto que se ha en ________ Carta 2705.

— Reg. 2, 192. 158

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tregado a la divina bondad de la forma con que lo ha hecho, no puede usted recibir ni retener beneficios, sobre todo de cargo de almas.

Ha tomado usted a Nuestro Señor por beneficio y ha renunciado a los bienes de la tierra para seguirle en su pobreza y servirle apostólicamente; ¿no es esto un motivo de gran alegría para usted que, no habiendo carecido hasta el presente de ninguna cosa necesaria para la vida ni de ninguna ocasión para emplear santamente sus energías, deberá esperar que tampoco habrán de faltarle en el futuro?

Si me dice usted que no le gustaría ser una carga para la compañía, esté seguro de que no lo será, ya que, gracias a Dios, no estamos tan cargados de enfermos; y además los enfermos son en cierto modo una bendición para nosotros.

Y si piensa que podría usted gozar de mejor salud en su tierra y tener allí más medios para procurar la gloria de Dios que en otras partes, ésa sería una tentación del espíritu maligno que, señalándole un bien aparente e incierto, quiere hacerle abandonar un bien presente y verdadero, y apartándole del espíritu de Nuestro Señor, hacerle caer si pudiera en el espíritu del mundo.

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Le pido a Dios, Padre, que nos libre de esta desgracia y que nos confirme en las primeras disposiciones de consumir nuestra vida en el estado al que nos ha llamado y en el ejercicio de la humildad, de la paciencia y de la caridad de Jesucristo.

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