Carta · tomo VII

A ANTONIO DURAND, SUPERIOR DE AGDE

Tipo
Carta
Tomo
VII
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184
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2707 [2609,VII,184] A ANTONIO DURAND, SUPERIOR DE AGDE [21 junio 1658] 1 Seguramente tendrá usted que sufrir más fatigas por haber enviado a sus hermanos a misionar, tal como se lo había pedido.

Me doy perfecta cuenta de ello y le compadezco en sus trabajos.

Pero ya sabe usted que tenemos que redoblar nuestros pasos y nuestros ejercicios ordinarios en ciertas ocasiones cuando lo requiere el servicio de Dios, ya que entonces tampoco Dios deja de redoblar los ánimos y las fuerzas.

Esto es, padre, lo que espero que haga con usted.

Sigo dándole gracias a Dios por el restablecimiento del Padre Dolivet y por la prontitud con que el padre Get, superior de Marsella, le ha ofrecido su casa, para que le envíe allá por algún tiempo, a fin de que recupere el resto de las fuerzas que ha perdido en su grave enfermedad.

Me ha alegrado tanto esta caridad del padre Get, que le he escrito expresamente para mostrarle mi gratitud.

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¡Cómo me gustaría que Dios pusiera este espíritu en la compañía, de forma que todas sus casas no fueran más que una sola casa y sus personas un solo corazón y una sola alma! 2708 [2610,VII,184-186] A SOR MARGARITA CHÉTIF París, 22 junio 1658 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

He recibido la carta que usted me ha enviado sobre la renta que han constituido las Brígidas.

Le doy las gracias, así como por el reloj que ha recogido para nosotros.

Haga el favor de enviárnoslo por medio de alguna persona de confianza que venga a París.

Creo que podría usted confiárselo a ese buen sacerdote que tiene ganas de entrar en nuestra compañía, si va a venir pronto para aquí.

Hace bastante tiempo que no he visto a la señora Fouquet, ya que se ha ido al campo. ________ Carta 2707.

— Reg. 2, 142. 1.

Le penúltima frase de esta carta demuestra que es del mismo día que la anterior.

Carta 2708 (CF).

— Archivo de las Hijas de la Caridad, original. 163

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No tengo suficiente crédito para hacer que reciban en las Petites Maisons a ese buen hombre, enfermo mental, del que usted me escribe, ya que no tienen nunca un puesto vacío, sino que los reservan mucho tiempo antes de que queden libres.

Haga el favor de comunicar a sus hijos que siento mucho no poder proporcionarles este consuelo, y que se guarden mucho de enviarlo para acá.

¿Cómo se encuentra usted, hermana?

¿Y cómo está sor Radegunda?

Le pido a Nuestro Señor que las bendiga y que las una cada vez más.

La señorita Le Gras ha estado enferma, pero se encuentra mejor, gracias a Dios.

La reina ha mandado llamar a seis hermanas para que atiendan a los enfermos y heridos del ejército que llevan al hospital de Calais 1; solamente ha sido posible enviarle cuatro 2, ya que hay que enviar a otras cuatro para la fundación de Metz.

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Me encomiendo a sus oraciones y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy querido servidor, VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: A sor Margarita Chétif, hija de la Caridad, sirviente de los pobres enfermos de Arras. 2709 [2611,VII,186-189] A LA SEÑORITA CHAMPAGNE 1 25 junio 1658 Señorita: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Le agradezco la confianza con que usted me honra.

He recibido su carta con el deseo de servirle y la he leído con gozo, al ver los sentimientos de su corazón. ________ 1.

Los hospitales de Calais rebosaban de soldados heridos en la batalla de las Dunas, o contagiados por la epidemia. 2.

Francisca Manceau, Margarita Ménage, María Poulet y Claudia Muset.

La epidemia que iban a combatir las afectó a las cuatro y se llevó a las dos primeras.

La reina mandó elevar un monumento a las dos víctimas.

Carta 2709.

— Reg.

I, f.º 55. 1.

Sobrina de la señorita du Fresne y novicia en la abadía de Nuestra Señora de Sézanne 164

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1.º No me extraña que sienta usted alguna repugnancia por los ejercicios de la religión; al contrario, lo extraño sería que no la sintiese.

Dios prueba tarde o temprano a las almas que llama a su servicio por medio de penas semejantes y más vale que se sienta usted probada desde el comienzo de su vocación que no en el progreso o en el final, ya que así aprenderá usted cuanto antes a conocerse y a humillarse, a desconfiar de usted misma y a confiar en Dios, en una palabra, a ir acumulando paciencia, fortaleza y mortificación, que son las virtudes que más necesitará usted durante su vida. 2.º No dudo de que le gustaría a usted seguir siendo libre como era antes, pero ese gusto sería obra de la naturaleza y no duraría mucho tiempo.

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No es posible servir a dos señores y, si quiere usted gozar de la libertad de los hijos de Dios, tiene que seguir usted a Jesucristo por el camino estrecho de la sujeción que lleva a la salvación; pues, por muy bien dispuesta que usted estuviera para- obrar bien marchando por el camino amplio de la propia libertad, podría usted extraviarse como se extravían de ordinario aquellos que no se unen a Dios más que con hilillos de seda, ya que es muy grande la inconstancia humana. 3.º Le ruego, señorita, que piense un poco en el Hijo de Dios, que vino a este mundo no sólo para salvarnos con su muerte, sino para someterse a todos los deseos de su Padre y atraernos hacia él por el ejemplo de su vida.

Todavía estaba en el vientre de su Madre cuando se vio obligado a obedecer a un edicto del emperador.

Nació fuera de su país, en una época muy dura del año y en medio de una extrema pobreza.

Poco después tuvo que padecer la persecución de Herodes y marcharse al destierro, donde sufrió sus propias incomodidades y por compasión las de la Virgen y san José, que padecían mucho por causa de él.

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Después de volver a Nazaret fue creciendo, sujeto siempre a sus padres y a las reglas de una vida oculta para servir de modelo a las almas religiosas que, habiendo abrazado una vida parecida, tienen que someterse a sus superiores y a las obligaciones de su estado.

Y no cabe duda de que entonces pensaba también en usted, con ese eterno designio que tuvo de salvarla por medio de ese retiro absoluto que usted ha comenzado.

Pues bien, si usted dirige a su vez los ojos a ese divino Salvador, verá usted, señorita, cómo él sufre incesantemente, cómo reza, cómo trabaja y cómo obedece. «Si vivís según la carne, 165

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dice san Pablo 2, moriréis»; y para vivir según el espíritu que vivifica, es preciso vivir como vivió Nuestro Señor: renunciar a sí mismo, hacer más bien la voluntad de otro que la suya propia, usar bien de las contradicciones y pensar que los sufrimientos son mejores para nosotros que las satisfacciones. «¿No era menester que Cristo padeciera estas cosas?», decía a sus discípulos que hablaban de su pasión 3.

Era para darnos a entender que, lo mismo que él no entró en su gloria más que a través de las aflicciones, tampoco podemos pretender nosotros llegar a ella sin sufrimientos. 4.º Se sufre de diversas maneras.

Los apóstoles y los primeros cristianos sufrieron la persecución de los tiranos y toda clase de ultrajes; se ha dicho que todos los que quieran seguir a Jesucristo habrán de sufrir tentación 4.

Si piensa usted un poco en su vida pasada, verá que no ha estado exenta de ello; y en cualquier estado en que usted estuviera, incluso en el del matrimonio, y un matrimonio con todas las ventajas, encontraría usted cruces y amarguras.

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Se encuentran pocas personas en el mundo que no se quejen de su condición, aunque parezca agradable.

La verdad es que la mejor condición es la que nos hace más semejantes a Nuestro Señor tentado, rezando, obrando y sufriendo; y por ahí es por donde él conduce a las almas que quiere elevar a una perfección más alta. 5.º Así pues, señorita, no tiene usted que retroceder por el hecho de no encontrar ningún gusto en los ejercicios de la virtud; la virtud no es virtud más que en la medida en que uno se hace fuerzas para practicarla. «La vida del hombre no es más que un combate», según decía Job 5.

Por consiguiente, hay que combatir si no quiere uno ser vencido.

Y como el diablo es un león rugiente, dando siempre vueltas a nuestro alrededor para devorarnos, no dejará de atacarle en esos buenos propósitos que usted tiene de ser totalmente de Dios, a fin de desanimarla en este empeño y derribarla, si puede, previendo que, si usted persevera, él se verá confundido.

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Por tanto, es conveniente que le resista usted con energía mediante la oración y el cumplimiento fiel de las prácticas de la comunidad, poniendo sobre todo en Dios una confianza filial y sin ________ 2.

Rom 8, 13. 3.

Lc 24, 26. 4.

Mt 16, 24. 5.

Job 7, 1. 166

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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