Carta · tomo VII
A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN
2768 [2670,VII,275-276] A JUAN MARTIN, SUPERIOR DE TURIN París, 27 septiembre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
¡Bendito sea Dios por ese nuevo alojamiento que les han dado, más amplio y en lugar más salubre!
Lo malo es que sigue siendo un lugar alquilado.
¿No se habla ya del asunto de San Antonio?
No tiene que extrañarse, Padre, de esas pequeñas alteraciones que está sufriendo su familia; lo mismo ocurre en todas las demás, por los mismos motivos con que Dios permitió que también en la compañía de Nuestro Señor hubiera disensiones y cambios, a saber, para probar a quienes los sufren y para humillar a los superiores.
El remedio para ello es la paciencia, la tolerancia y la oración, para que Dios devuelva a los espíritus la primitiva serenidad y la apertura de corazón que conviene.
Y usted puede contribuir a ello demostrándoles a todos su aprecio, su afecto y su cordialidad.
Con una comunidad pasa lo mismo que con una persona particular, que a veces se encuentra abatida, seca y malhumorada; y como usted ve a los demás en esa situación, se contagia de ellos y se pone también malhumorado, con lo que cae también en la desazón y finalmente en el desánimo.
Pero, en vez de dejarse llevar por ello, lo primero que hay que hacer, mientras dura esa situación, es procurar honrar los actos de paciencia y de resignación practicados por Nuestro Señor en semejantes ocasiones, especialmente cuando algunos de sus discípulos, cansados de su santa conducta y ________ Carta 2768 (CF).
— Archivo de Turín, original. 238
de su admirable doctrina, se alejaron de él y él dijo a sus apóstoles: «¿También vosotros queréis marcharos?» 1 Será conveniente enterarse confiadamente de alguien de dónde proviene eso y procurar poner remedio 2.
En segundo lugar, debe usted redoblar su confianza en Nuestro Señor, constituyéndolo y mirándolo como al verdadero superior de su casa, pidiéndole continuamente que se digne gobernarla según sus caminos, considerándose a usted mismo como un pobre instrumento que, si no estuviera en manos de tan excelente artista, lo echaría todo a perder.
Finalmente, Padre, ha salido para Italia el Padre Berthe con otros muchos.
Irá a verle, con la ayuda de Dios, a su regreso de Génova.
Trate con él de corazón a corazón todos los problemas.
Espero que con todos estos medios volverá usted a encontrar la paz y la alegría para usted y para los suyos, junto con el progreso en la virtud de todos y de cada uno.
Pero acuérdese de que la paciencia nos es tan necesaria para soportarnos a nosotros mismos como la caridad para soportar al prójimo.
¡Quiera Dios concedernos la una y la otra!
Soy en su amor, Padre, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión El Padre Berthe les lleva las reglas impresas de la compañía para que se las distribuya a cada uno.
Quizás, al pasar por Lión, se las deje al señor Delaforcade para que se encargue él de remitírselas, ya que se marchará directamente a Marsella.
Dirección: Al Padre Martin.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.