Carta · tomo VII
A SANTIAGO THOLARD
ser, aunque los aprecio mucho ¿Y dónde no tendría usted repugnancias?
¿No están todas las condiciones de vida rodeadas de dificultades?
¿Dónde ve usted a una persona que esté totalmente contenta de su estado?
Créame, Padre, que aparte de los peligros de salvación en que se está en el mundo, encontraría usted allí muchas cruces y disgustos.
E incluso si se sale para entrar en otra comunidad, no crea que va a verse allí libre de esfuerzos, que no necesitará obedecer, que no habrá prácticas que, lo mismo que las nuestras, no se compaginen con su manera de ser.
Cuando pensamos en otro estado, sólo miramos lo que tiene de agradable; pero cuando estamos en él, experimentamos todas sus molestias y todo lo que hay en él en contra de la naturaleza.
Por consiguiente, Padre, quédese tranquilo; prosiga su viaje hacia el cielo en el mismo barco en que Dios le ha puesto.
Así lo espero de su bondad y del deseo que usted tiene de hacer su voluntad 1 Soy en su amor su muy humilde servidor, VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 2781 [2683,VII,293-296] A SANTIAGO THOLARD París, 16 octubre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Su querida carta del 4 de este mes me ha dado tanta o mayor alegría que todas las demás que he recibido de usted desde que está en la compañía, no sólo por la gran abertura de corazón que advierto en ella, sino por las gracias y consuelos que he visto que ha recibido hace poco de Nuestro Señor, por lo que le doy gracias de todo corazón. ________ 1.
Primera redacción: «donde Dios le ha puesto.
No es que, si se decide usted a renovar los votos, no obraría usted aún mejor.
Pero, aunque no los renueve, no dejará por eso de ser del cuerpo de la compañía, en la que trabajará usted, según espero, por su santificación y la de otras muchas almas.
Pido a Nuestro Señor que le conceda esta gracia.
Soy...».
Carta 2781 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 253
¿Qué puedo contestarle a la pregunta que usted me hace, sino lo mismo que Dios le inspira, lo mismo que le han aconsejado esas personas de ciencia y de virtud y lo mismo que su conciencia le dicta?
¡Sí, Padre, ánimo!
Si usted se entrega generosamente a Dios, él se entregará también a usted y le colmará de sus gracias y de sus mayores bendiciones.
Así pues, haga cuanto antes lo que usted podía, y me atrevo a decir que debía haber hecho hace tiempo; haga, Padre, lo que han hecho ya tantos otros antiguos y nuevos, y créame que se sentirá usted feliz de haberlo hecho.
Si ha permanecido usted en la compañía durante veinte años, podrá seguir todavía en ella otros veinte o treinta más, ya que las cosas no serán más difíciles en el futuro que lo que han sido hasta ahora; y al atarse usted a Dios como los demás, no sólo les edificará, sino que Nuestro Señor también se atará más estrechamente a usted y será su fuerza contra sus debilidades, su alegría contra sus tristezas y su firmeza contra sus faltas de decisión.
Por lo que se refiere a las dudas que me dice que tiene, no son más que tentaciones del enemigo, envidioso de su felicidad y de la gloria de Jesucristo.
Porque, en lo que atañe al voto de consagrar toda la vida a la salvación de las pobres gentes del campo, se entiende que eso ha de ser según las reglas de la obediencia, de forma que si el superior no le envía allá, no está usted obligado.
¡Cuántos hay que no pueden dedicarse a ello, sin dejar de ser verdaderos misioneros!
Los procuradores de las casas, los directores y el propio superior general, que muchas veces no pueden ir a misionar, ¿son acaso menos miembros de la compañía y no cumplen su voto?
Usted ha estado haciendo misiones durante veinte años; ¿no va a seguir haciéndolas otros veinte?
Y si Dios le ha asistido durante todo ese tiempo, a pesar de que no se había entregado del todo a él, ¿no le va a asistir en adelante, cuando sea totalmente suyo?
Pero, llevando las cosas hasta el extremo, si el superior juzgase que hay en ello un peligro manifiesto para usted, ¿no podrá dispensarle de ir a misionar? 2.º En cuanto a lo que dice de que los pecados contra los votos serán mayores, es verdad; pero ¿acaso eso les impide, a todos los religiosos e incluso a las demás personas seglares que hacen votos de otras clases, acaso eso les impide hacer promesas a Dios?
Y además, el mismo Dios, que ve con tanto agrado esas promesas como otros testimonios de amor que se le rinden dará 254
su ayuda para cumplirlas y no le negará su gracia para que cumpla usted sus votos, haciéndole además partícipe de otros muchos favores.
Finalmente, Padre, teme usted demasiado a Dios para faltarle en cosas de importancia. 3.º En cuanto a la ayuda a sus parientes pobres, es intención de la compañía que se emplee en ello las rentas de los bienes particulares, y así es como se ha hecho siempre 1 ¿Ha visto usted acaso que se le hayan exigido a alguien las rentas de su título? 2.
Le aseguro, Padre, que tampoco a usted se le exigirán, ni yo ni ningún superior que venga después de mí; y para su tranquilidad, conserve la presente, que podrá demostrar en el futuro que yo se lo he prometido y que no se le puede obligar a nada en contra.
Así pues, Padre, tenga ánimos, dé gloria a Dios, dé buen ejemplo a la compañía, que verá cómo usted, que es de los antiguos, no se queda atrás, y dése a sí mismo y a su propia conciencia esta alegría que será ciertamente muy grande y mucho mayor que todas las alegrías y satisfacciones de este mundo.
Le pido a Nuestro Señor que le dé fuerzas a su espíritu para esta buena resolución y que le colme de sus gracias.
Soy en su amor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Tholard, sacerdote de la Misión de Troyes. 2782 [2684,VII,296-298] A JUAN MARTIN París. 18 octubre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
La última carta que le escribí sirve casi de respuesta a la que más tarde recibí de usted.
Me dice que tres o cuatro de los suyos ________ 1.
Estas últimas palabras son de mano del santo.
El secretario había escrito: «y le doy desde ahora todos los permisos». 2.
El título patrimonial requerido para la admisión en las órdenes.
Carta 2782 (CE;).
— Archivo de Turín, original. 255
han estado enfermos y que todavía no estaban curados del todo.
¡Quiera Dios que estén ya restablecidos y que el Padre Berthe les encuentre a todos con buena salud y muy unidos!
Estoy seguro de que ha puesto usted de su parte todo lo posible por ser bondadoso y amable con esas personas que no acaban de abrirle su corazón, a fin de que manifestándoles usted su cordialidad fraterna, pudieran tener con usted el respeto y la confianza debida.
No hemos de extrañarnos de su frialdad; todos los superiores tienen que vérselas con casos parecidos, sobre todo los que son firmes en el reglamento y en hacer la guerra a la carne.
Por eso no hay que dejar de seguir el ritmo debido y Dios permitirá que al fin su paciencia y su fidelidad a las reglas le granjeen la estima y el aprecio de todos; y si queda algo por hacer, la visita lo arreglará todo.
Le ruego, Padre, que tenga ánimos y que confíe en Dios ; su único deseo ha de ser que sea honrado sólo él y que usted y la compañía sigan siempre el camino de la humildad y del amor a la confusión y al desprecio.
El Padre Berthe se encuentra actualmente en Marsella con otros nueve o diez, que se lleva a Italia.
Le envié con él nuestras reglas impresas; creo que le habrá dejado el paquete al señor Delaforcade, para que él se lo envíe.
Lo que me dice usted de ese hermano clérigo me parece bastante serio.
Tengo ganas de escribirle uno de estos días de mi propia mano.
De cualquier forma que reciba las amonestaciones, no deje usted de amonestarle siempre que él siga apartándose del camino de la perfección.
Tarde o temprano se aprovechará de ellas, ya que usted procederá siempre con su habitual prudencia y caridad.
Ha hecho usted bien de excusarse con las hijas de Santa María, cuando le pidieron que fuera su confesor ordinario; aunque el señor marqués 1 le urgiera en este sentido, habría que explicarle que eso va en contra de nuestro instituto y de nuestras costumbres, y pedirle que le dispensara de ello.
Entregué la carta que usted me mandó.
Si le entregan algún dinero para hacérselo llegar aquí a la señora Bachelet, que vive en esta ciudad en casa de la señora de Lamare, en la calle de Saint-Jacques, haga el favor de decírmelo. ________ 1.
El marqués de Pianezza. 256
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