Carta · tomo VII
A SANTIAGO THOLARD
2781 [2683,VII,293-296] A SANTIAGO THOLARD París, 16 octubre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Su querida carta del 4 de este mes me ha dado tanta o mayor alegría que todas las demás que he recibido de usted desde que está en la compañía, no sólo por la gran abertura de corazón que advierto en ella, sino por las gracias y consuelos que he visto que ha recibido hace poco de Nuestro Señor, por lo que le doy gracias de todo corazón. ________ 1.
Primera redacción: «donde Dios le ha puesto.
No es que, si se decide usted a renovar los votos, no obraría usted aún mejor.
Pero, aunque no los renueve, no dejará por eso de ser del cuerpo de la compañía, en la que trabajará usted, según espero, por su santificación y la de otras muchas almas.
Pido a Nuestro Señor que le conceda esta gracia.
Soy...».
Carta 2781 (CF).
— Archivo de la Misión, original. 253
¿Qué puedo contestarle a la pregunta que usted me hace, sino lo mismo que Dios le inspira, lo mismo que le han aconsejado esas personas de ciencia y de virtud y lo mismo que su conciencia le dicta?
¡Sí, Padre, ánimo!
Si usted se entrega generosamente a Dios, él se entregará también a usted y le colmará de sus gracias y de sus mayores bendiciones.
Así pues, haga cuanto antes lo que usted podía, y me atrevo a decir que debía haber hecho hace tiempo; haga, Padre, lo que han hecho ya tantos otros antiguos y nuevos, y créame que se sentirá usted feliz de haberlo hecho.
Si ha permanecido usted en la compañía durante veinte años, podrá seguir todavía en ella otros veinte o treinta más, ya que las cosas no serán más difíciles en el futuro que lo que han sido hasta ahora; y al atarse usted a Dios como los demás, no sólo les edificará, sino que Nuestro Señor también se atará más estrechamente a usted y será su fuerza contra sus debilidades, su alegría contra sus tristezas y su firmeza contra sus faltas de decisión.
Por lo que se refiere a las dudas que me dice que tiene, no son más que tentaciones del enemigo, envidioso de su felicidad y de la gloria de Jesucristo.
Porque, en lo que atañe al voto de consagrar toda la vida a la salvación de las pobres gentes del campo, se entiende que eso ha de ser según las reglas de la obediencia, de forma que si el superior no le envía allá, no está usted obligado.
¡Cuántos hay que no pueden dedicarse a ello, sin dejar de ser verdaderos misioneros!
Los procuradores de las casas, los directores y el propio superior general, que muchas veces no pueden ir a misionar, ¿son acaso menos miembros de la compañía y no cumplen su voto?
Usted ha estado haciendo misiones durante veinte años; ¿no va a seguir haciéndolas otros veinte?
Y si Dios le ha asistido durante todo ese tiempo, a pesar de que no se había entregado del todo a él, ¿no le va a asistir en adelante, cuando sea totalmente suyo?
Pero, llevando las cosas hasta el extremo, si el superior juzgase que hay en ello un peligro manifiesto para usted, ¿no podrá dispensarle de ir a misionar? 2.º En cuanto a lo que dice de que los pecados contra los votos serán mayores, es verdad; pero ¿acaso eso les impide, a todos los religiosos e incluso a las demás personas seglares que hacen votos de otras clases, acaso eso les impide hacer promesas a Dios?
Y además, el mismo Dios, que ve con tanto agrado esas promesas como otros testimonios de amor que se le rinden dará 254
su ayuda para cumplirlas y no le negará su gracia para que cumpla usted sus votos, haciéndole además partícipe de otros muchos favores.
Finalmente, Padre, teme usted demasiado a Dios para faltarle en cosas de importancia. 3.º En cuanto a la ayuda a sus parientes pobres, es intención de la compañía que se emplee en ello las rentas de los bienes particulares, y así es como se ha hecho siempre 1 ¿Ha visto usted acaso que se le hayan exigido a alguien las rentas de su título? 2.
Le aseguro, Padre, que tampoco a usted se le exigirán, ni yo ni ningún superior que venga después de mí; y para su tranquilidad, conserve la presente, que podrá demostrar en el futuro que yo se lo he prometido y que no se le puede obligar a nada en contra.
Así pues, Padre, tenga ánimos, dé gloria a Dios, dé buen ejemplo a la compañía, que verá cómo usted, que es de los antiguos, no se queda atrás, y dése a sí mismo y a su propia conciencia esta alegría que será ciertamente muy grande y mucho mayor que todas las alegrías y satisfacciones de este mundo.
Le pido a Nuestro Señor que le dé fuerzas a su espíritu para esta buena resolución y que le colme de sus gracias.
Soy en su amor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Tholard, sacerdote de la Misión de Troyes.
Se muestra el documento completo según los límites detectados en la edición. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en el PDF original.