Carta · tomo VII
A LUIS D'ESTAING, OBISPO DE CLERMONT
Un joven que se ha marchado allá le ha prometido enviarle algo por medio de usted.
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al Padre Martin, superior de los sacerdotes de la Misión, en Turín. 2783 [2685,VII,298-300] A LUIS D'ESTAING, OBISPO DE CLERMONT París, 18 octubre 1658 Señor obispo: La gracia que nos ha concedido Su Excelencia de fulminar la bula de nuestro Santo Padre respecto a Saint-Pourçain es tan grande como el testimonio de benevolencia con que ahora nos honra al dignarse querer que le sirvamos para tener la misión en su diócesis y enseñar la teología.
Todo ello es tan considerable que me faltan palabras para expresarle nuestro reconocimiento y darle las debidas gracias.
Por eso le pido a Nuestro Señor que sea él mismo la recompensa y la paga de sus favores; así se lo pido, señor obispo, y se lo pedirá siempre la compañía.
El proyecto que ha tenido el señor abad de Chandenier 1 en la resignación que nos ha hecho de Saint-Pourçain y que ha sido confirmado por Su Santidad ha sido unir ese beneficio a esta casa de San Lázaro para proporcionarle medios de sostener los gastos tan grandes que se originan en la ordenación que se celebra para todos los eclesiásticos del reino, que llegan hasta el número de ochenta o cien en cada ordenación, cinco veces cada año, y a los que hay que mantener gratis durante once días, así como a los ejercitantes, que son de ordinario unos ocho o diez eclesiásticos y otros tantos laicos, que vienen de todas partes, sucediéndose unos a otros, ________ Carta 2783 (Minuta autógrafa no firmada) .
— Este documento nos lo ha comunicado el señor La Caille, boulevard Malesherbes 50, París. 1.
Luis de Chandenier. 257
de forma que tenemos continuamente por aquí a unas veinte personas externas haciendo ejercicios espirituales, todo ello gratis.
Así pues, señor obispo, ya ve usted cómo las rentas de Saint-Pourçain no pueden bastar para el proyecto del señor abad de Chandenier y para el mantenimiento de una misión continua y perpetua en su diócesis, tal como me hacía usted el honor de escribirme que deseaba Su Excelencia.
Ciertamente estamos pensando en ir a hacer la misión de Saint-Pourçain, convocando a las aldeas que de él dependen, cada cinco años, empezando cuanto antes, con permiso de Su Excelencia 2.
Siento mucho, señor obispo, no poder darle esa satisfacción que esperaba a propósito del señor Chomel, y que mis gestiones hayan sido también inútiles a ese respecto.
El no me ha consultado para nada, sino que me ha indicado solamente que estaba muy disgustado de no haber podido recibir el honor que usted le había ofrecido.
El señor abad Gedoyn 3 es un eclesiástico muy virtuoso; el señor príncipe de Conti, en cuyos tiempos estaba estudiando él, dijo que era el primero que le había hablado de devoción y que ya entonces era muy virtuoso.
Predica muy bien y con fruto; tiene un espíritu apacible y firme al mismo tiempo.
Es hijo del primer delegado del Ahorro, que murió hace algunos años, de modo que disfruta él ahora de sus bienes, utilizándolos en obras buenas.
Todavía no le he hablado de la honrosa propuesta que usted le hace.
Le hablaré de ella dentro de tres o cuatro días, cuando venga a la reunión de eclesiásticos que se celebra aquí todos los martes, en la que es prefecto.
Puede usted estar seguro, señor obispo, de que haré todo cuanto pueda por su servicio en esto y en todo lo demás y que me tomaré el honor de comunicarle a continuación lo que él decida, en conformidad con sus deseos, según espero.
Toda ________ 2.
El santo había añadido a continuación estas palabras, que luego borró tras haber pensado en ellas: «Y verán allí si pueden dejar dos o tres sacerdotes para que vayan a celebrar la misión en donde Su Excelencia desee, gracias a la rebaja de los diezmos con que se ha sobrecargado al priorato desde hace poco, por encima de lo que él puede soportar, si le parece bien a Su Excelencia». 3.
Nicolás Gedoyn, abad de Saint-Mesmin.
Fue capellán del duque de Orléans, superior de las ursulinas de Saint-Cloud.
Dio en París y en sus alrededores algunas misiones que alcanzaron mucha fama.
Al final de su vida se retiró al hospital general de París, donde murió el 10 de junio de 1692, a los sesenta y cuatro años de edad. 258
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