Carta · tomo VII
A FELIPE DALTON, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN TROYES1
que padecer.
¿Qué importa el sitio en que se sirve a Dios, si realmente se le sirve, y es en favor de las almas por las que murió Jesucristo, y de la forma más ventajosa para ellas, tales como son las funciones de la compañía?
Soy en el amor de Nuestro Señor su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión El 16 de octubre partieron de Marsella para Roma los hermanos Le Gouz y Le Mercier 8 en un barco de Livorno, junto con un hermano coadjutor llamado Dufestel 9.
Espero que, si no han llegado todavía, pronto estarán con usted.
Al pie de la primera página: Padre Jolly. 2802 [2704,VII,332-334] A FELIPE DALTON, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN TROYES1 París, 2 noviembre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Después de haber recibido la suya, me había propuesto contestarla cuanto antes, pero no he podido hasta ahora.
Me siento incapaz de expresarle la alegría que siento por esos deseos que Dios le da de ofrecerse a él en la compañía sin reserva alguna, indiferente por todos los países del mundo y con una total sumisión a la santa obediencia y a la voluntad de Dios, tal como se la señalen sus superiores.
Así es como hablan y como actúan las almas verdaderamente apostólicas que, habiéndose consagrado plena ________ 8.
Este nombre falta en el catálogo del personal de la Misión. 9.
Claudio Dufestel nació en Moyenneville (Somme) en junio de 1637 entró en la congregación de la Misión el 4 de septiembre de 1657, hizo los votos en Roma el 8 de septiembre de 1659.
Carta 2802 (CF).
— Archivo de la Misión, minuta. 1.
Felipe Dalton nació en Cullen (Irlanda), entró en la congregación de la Misión el 16 de mayo de 1656, hizo los votos en Troyes el 11 de noviembre de 1658. 285
mente a Dios, desean que Nuestro Señor, su Hijo, sea conocido y servido igualmente por todas las naciones de la tierra por las que vino él mismo a este mundo, y están resueltos a trabajar y a morir por ellas, como él lo hizo.
Hasta allí es hasta donde tiene que extenderse el celo de los misioneros, pues aunque no puedan ir a todas partes ni hacer todo el bien que desearían, sin embargo hacen bien en desearlo y en ofrecerse a Dios para servirle de instrumento en la conversión de las almas, en el tiempo, sitio y circunstancias que él quiera.
Quizás se contente con su buena voluntad; pero puede ser también que, al ver su voluntad tan grande y tan bien dispuesta, se sirva de ellos, aunque son obreros tan malos, para hacer grandes cosas.
Yo no veo nada que los haga más semejantes a él ni más dignos de sus bendiciones que esta disposición.
Así pues, Padre, enhorabuena; haga sus votos cuando guste, en presencia del Padre Dupuich.
Pido a Dios que se digne recibirlos y darse más íntimamente a usted, al mismo tiempo que usted se entrega más perfectamente a él.
Me gustaría mucho poder proporcionarles algún alivio a esas bravas personas de su país, que están en Troyes pasando hambre y sufrimientos, pero no sé a quién dirigirme para ello 2.
Las damas de la Caridad de París, que les han ayudado en otras ocasiones, ya no envían casi nada a las fronteras ni a los demás sitios, porque no encuentran dinero; por eso no me atrevo a proponerles nuevos casos que atender, pues sé que no podrían hacer nada.
Hemos hecho lo que usted deseaba con ese buen sacerdote que ha venido de Irlanda y que usted nos recomendaba.
Me encomiendo a sus oraciones y soy, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL ________ 2.
Se trata de estos irlandeses en la colección de las Relations contenant ce qui s'est fait pour l'assistance des pauvres ; primera relación de 1654: «Habiendo sido derrotados cinco regimientos de irlandeses católicos en la guerra de Burdeos, aquel grupo de gentes, compuesto de trescientas bocas tanto mujeres como niños, ancianos e inválidos, se arrojaron sobre la ciudad de Troyes como sobre un asilo...
Se envió allá a un buen sacerdote de su nacionalidad.
París y Troyes se unieron en esta santa tarea de ayudarles...
Se vistió a los más desnudos; se hospedó a las muchachas y a las viudas en el hospital de San Nicolás donde se les enseñará a coser y a hilar; se cuida de los huerfanitos; se les instruye a todos y se les confirma en la fe católica por la que habían abandonado su patria» (Véase también la segunda relación de 1654 y la de 1655). 286
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