Carta · tomo VII
A ANTONIO FLEURY, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE SAINTES
Se lo devolveré por el dueño de los coches, apenas me lo diga usted 1.
Enviamos con ellas a uno de nuestros seminaristas para que se quede en el seminario de Agen.
Dirección: Al señor Fonteneil, arcediano y vicario general de Burdeos. 2808 [2710,VII,340-343] A ANTONIO FLEURY, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE SAINTES París, 6 noviembre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Estoy preocupado por no haber recibido ninguna suya desde que está usted en Saintes.
Le escribo para conocer el estado de su salud, cómo van las misiones por allí, si se aprovecha el pueblo de sus ejercicios y se muestra asiduo a sus instrucciones.
Así lo quiero esperar de la bondad de Dios y del buen comportamiento de ustedes.
Pero, por otro lado, tengo miedo de que, como es un país mezclado de herejes, donde la herejía tuvo en otros tiempos su trono, queden todavía algunos restos de ello entre los pobres católicos, que hayan pasado de padres a hijos y de esos hijos a sus hijos.
Hay que tener paciencia y esperar que poco a poco la luz de la fe vaya disipando todas esas sombras y que Jesucristo vaya siendo el amo de las creencias y de las costumbres de esas pobres gentes, que el espíritu maligno ha intentado pervertir durante muchos años.
También habrá que esperar, Padre, que su gran misericordia se servirá de usted para ello, ya que, según el camino ordinario de la providencia, Dios quiere salvar a los hombres por medio de otros hombres, y Nuestro Señor se hizo él mismo hombre para salvarnos a todos.
¡Qué felicidad para usted poder trabajar en lo que él mismo hizo!
El vino a evangelizar a los pobres, y ésa es también su tarea y su ocupación.
Si nuestra perfección se encuentra en la caridad, ________ 1.
Esta frase es de mano del santo.
Carta 2808 (C no F).— Archivo de la Misión, minuta, de mano del secretario 292
como es lógico, no hay mayor caridad que la de entregarse a sí mismo por salvar a las almas y por consumirse lo mismo que Jesucristo por ellas.
Y a eso es a lo que ha sido usted llamado y a lo que está pronto a responder, gracias a Dios.
Con esa idea entró usted en la compañía, que está totalmente consagrada a la imitación de Nuestro Señor, y es ésa la resolución que ahora tomaría si no la hubiese tomado ya.
¡Qué buen ejemplo da con ello a tantos y tantos eclesiásticos, que son otros tantos obreros enviados a la viña del Señor, pero que cumplen con su tarea!
¡Bendito sea Dios por la gracia que le ha concedido de escogerle entre mil para contribuir a destruir la ignorancia y el pecado que están desolando a la iglesia!
¡Y bendito sea para siempre su santo nombre por la gracia que le ha dado de conseguir tantos éxitos en esta divina ocupación, según me ha escrito el Padre Rivet!
Nunca se lo agradeceré bastante a Nuestro Señor, a quien ruego le siga bendiciendo en su persona y en sus trabajos.
Estoy también seguro, Padre, de que el diablo está haciendo todos los esfuerzos que puede para apartarle de eso, previendo las conquistas que usted logrará en contra de él.
Le mostrará que es posible hacer en otra parte mayores bienes; pero no es posible; no lo escuche.
No, confúndale por completo aprovechando bien las ocasiones que Dios le presenta ahora de hacer progresar su gloria contra los designios de ese enemigo, que procurará hacerle abandonar su tarea con motivos aparentes, lejanos e inciertos.
Por otra parte, el mundo procurará presentarle sus placeres y vanidades; pero será demasiado tarde, porque usted quiere estar crucificado con Jesucristo y poner solamente en él sus delicias y sus honores.
También los parientes podrán poner alguna asechanza a su resolución; pero ya sabe usted lo que dice Nuestro Señor: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» 1 y también: «El que los abandona a ellos, a sus hermanos o hermanas! su casa, etcétera, por mí, ése tendrá cien veces más y heredará la vida eterna» 2.
¡Bienaventurados sus padres por haberle dado al divino Maestro un servidor como usted, que les puede procurar muchos más bienes y consuelos sirviéndole en la vocación que ha ________ 1.
Mt 10, 37. 2.
Mt 19, 29. 293
seguido que en cualquier otro estado que ellos pudieran desear para usted, ya que atraerá sobre ellos las bendiciones del cielo y de la tierra.
También podría venirle otra tentación por parte de usted mismo, a saber, cierto aburrimiento de tener que hacer siempre las mismas cosas, o cierto desánimo por no alcanzar mucho fruto.
Pero el remedio para lo primero es pensar que solamente la perseverancia es la que merece la corona y que sin ella todo está perdido; y para lo segundo, tiene que convencerse que Dios pide únicamente de usted que eche las redes en el mar, pero no que recoja usted peces, ya que le toca a él hacerles entrar dentro de ella.
Y no dude de que lo hará si, después de pescar toda la noche a pesar de las dificultades de la empresa y del endurecimiento de los corazones, dormidos casi todos ellos para las cosas de Dios, espera usted con paciencia a que llegue el día, cuando los despierte el sol de justicia y su luz los ilumine y caliente.
A este trabajo y a esta paciencia hay que añadir la humildad, la oración y el buen ejemplo; luego ya verá la gloria del Salvador y, en estos avisos, el verdadero afecto que le tiene este su humilde servidor. 2809 [2711,VII,343-344] A MIGUEL CASET, SACERDOTE DE LA MISIÓN DE TOUL París, 6 noviembre 1658 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Doy gracias a Dios por los frutos de la misión de Charmes 1, y le ruego que le conceda a ese pueblo la gracia de aprovecharse de ella para siempre y a usted la de poder hacer otras muchas misiones semejantes durante toda su vida, según ese gran afecto que es un verdadero don de Dios.
Cuídelo bien, porque, si ese celo va acompañado de indiferencia por los cargos y de sumisión por la obediencia, Dios le bendecirá copiosamente.
También doy gracias a Dios de ese alejamiento que siente por ________ Carta 2809 (C no F).
— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario.
El secretario advierte al dorso de la minuta que esta carta no se envió. 1.
Charmes-la-Côte, cerca de Toul. 294
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