Carta · tomo VII

A SOR ANA HARDEMONT, SUPERIORA DE USSEL

Tipo
Carta
Tomo
VII
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430
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re.

Escríbale siempre que tenga ocasión de hacerlo pero con humildad y cordialidad, tal como corresponde a una hija de la Caridad.

Todo lo que tenga que decirle a ella o a mí sobre su hermana, sobre sus tareas o sobre sus preocupaciones, manténgalo en secreto.

Esté segura de que, si busca en otra parte el remedio o el consuelo deseado, lo único que hará será empeorar el mal, ya que obrará usted en contra del orden que Dios ha establecido, puesto que él quiere que recurra usted a sus superiores en todas las dificultades que sobrevengan.

También es de desear, hermana, que viva usted en buena armonía con sor Ana, que procure consultarla en todo y no haga nada en contra de su parecer.

Pido a Nuestro Señor que les dé parte en su humildad y en su amor. 2867 [2768,VII,430-433] A SOR ANA HARDEMONT, SUPERIORA DE USSEL 4 enero 1659 Hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

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He recibido dos cartas suyas que me han llenado de pena, y con razón, al ver la forma como se portan ustedes por allí; efectivamente, ¿quién no se afligiría al ver a una hija de la Caridad, de las más antiguas en la compañía, a la que la Providencia ha conducido al Limousin para ejercer allí las obras de misericordia, que apenas llegada al sitio al que le enviaban se quiere volver por pura fantasía y se queja continuamente de que la dejen allí, a pesar de que no tiene otras preocupaciones más que las que ella misma se busca?

Realmente, si esas quejas no saliesen fuera de la compañía, el mal no sería tan grande; pero las conoce todo el mundo; han hablado de ellas a la señora duquesa 1 y usted mismo me ha dicho que las conoce otra persona; después de eso, no cabe duda de que las sabe toda la provincia.

Pues bien, haga el favor de considerar el escándalo que está dando y la injuria que por ellos recibe Nuestro Señor, que la ha llamado a su servicio, junto con el daño ________ Carta 2867.

— Reg, 1, f.º 22 v.º. 1.

La duquesa de Ventadour. 369

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que le hace a la señora duquesa, que las ha llevado a sus tierras para atender a los pobres y edificar a sus súbditos.

¿No es lógico que ella encuentre extraña su conducta y muy contraria a sus intenciones?

¿No es natural que se extrañe de ver su inquietud, de escuchar sus murmuraciones y de saber que no obra usted según su vocación?

De esa forma le hace usted a la compañía un mal mucho mayor que el bien que le ha hecho hasta ahora.

Y se hace un grave daño a usted misma, dejándose llevar de la naturaleza, ya que, si se sale con la suya, tendrá cada vez mayores dificultades por superarla, para vivir según el espíritu y para cumplir la voluntad de Dios, que es sin embargo lo que tenemos que hacer para salvarnos; de lo contrario, «si vivís según la carne, dice san Pablo 2, moriréis».

Pero, Padre, me dirá usted, ya le dije desde el principio que no podría durar mucho tiempo en este país; no me gusta vivir aquí.

A ello le respondo, hermana, que a nadie le gusta vivir en países extraños; sin embargo muchos van a ellos y se quedan allí.

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¡Cuántas mujeres hay que se han casado con personas de lejos y que no están contentas con sus maridos ni con el sitio en que viven!

Pero no por eso se vuelven a casa de sus padres.

Es preciso que mortifiquen su inclinación.

¿Cree usted que las religiosas y tantas otras jóvenes y mujeres que se han ido al Canadá están allí por su gusto? 3.

Al contrario, les cuesta mucho trabajo estar allí; pero sin embargo se quedan, porque Dios las llamó a aquel lugar.

También me dirá usted que no tiene suficiente tarea.

Le respondo que, si es usted fiel en lo poco, Dios la pondrá sobre lo mucho.

Haga bien lo poco que tiene que hacer y esté segura de que no le faltará trabajo.

Por otra parte, como está usted delicada de salud, el exceso podría perjudicarle y tendría usted más motivos para quejarse de eso que de falta de trabajo, que le permite disponer de más tiempo para pensar en usted.

Pero además, no tiene que estarse siempre metida en su habitación, sino ir a visitar y a servir a los pobres turnándose con su hermana, o juntamente con ella; ése es un medio para no aburrirse. ________ 2.

Rom 8, 13. 3.

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Cuando san Vicente escribía esta carta, la señorita Mance y sor Margarita Bourgeois, vueltas ambas del Canadá, buscaban en Francia personas de buena voluntad que quisieran ir a trabajar en aquel país lejano en la instrucción de los niños y en los trabajos hospitalarios (Faillon, Histoire de la colonie française en Canada, Villemarie 1865, t.

II, 306-313). 370

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Si me replica usted que no se entiende bien con su hermana, le diré que eso está muy mal y que hay que poner remedio, no ya alejándose de ella, puesto que eso sería unirse al diablo que hace todos los esfuerzos que puede por separarlas, sino uniéndose las dos en un afecto recíproco, amándose como hermanas, apreciándose y respetándose como hijas de Nuestro Señor, hechas a imagen de Dios, soportándose en sus pequeñas debilidades como les gustaría a cada una que la soportasen, y finalmente siendo condescendientes la una con la otra, sin discutir nunca entre sí.

Sobre todo sor Avoya debe seguir sus consejos, ya que lleva usted la dirección; pero también debe usted, por su parte, mandar con humildad, con amabilidad y con prudencia.

En nombre de Dios, hermana, tenga paciencia; procure entrar en los sentimientos que le digo en esta carta y en la resolución de no hacer jamás su propia voluntad; porque de lo contrario caería usted en la desgracia de esas almas que se pierden por no someterse a las personas que Dios ha establecido para dirigirlas por los caminos de la salvación.

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Y a propósito de esto, no debe usted perder la confianza que tiene en la señorita.

Ella es su madre, que tiene derecho a darles las instrucciones que juzgue convenientes y que ha recibido la gracia de Dios para darlas.

Sin embargo, está usted tan enfadada con ella que ni siquiera quiere escribirle, según me dice usted misma.

Tenga cuidado, hermana.

Esa es una decisión propia de un espíritu irritado y orgulloso, capaz de privarla de las gracias de Dios, que no las da más que a los humildes y sencillos.

Pido a su divina bondad que la haga a usted de esa clase.

Soy en su amor, hermana, su muy querido hermano y servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión 2868 [2769,VII,433-434] A LUIS RIVET, SUPERIOR DE SAINTES 5 enero 1659 Me dice usted que quiere volver a misionar, pero le ruego que no tenga usted prisas por ahora; espere a estar totalmente resta________ Carta 2868.

— Reg. 2, 115. 371

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