Carta · tomo VII

AL CANONIGO CRUCHETTE, EN TARBES

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Carta
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VII
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2877 [2778,VII,442-445] AL CANONIGO CRUCHETTE, EN TARBES 29 enero 1659 En una de sus cartas he podido ver el afecto y el amor que nos tiene, y a mí especialmente, que no lo merezco; se lo agradezco muy humildemente.

Me he quedado muy edificado, señor, al saber que sigue usted dedicado a las buenas obras, iluminando a la ciudad y al país de palabra y de obra y derramando por todas partes un buen olor y una fragancia de suavidad.

Es verdad que han pensado en nuestra pequeña compañía para Bétharram 1; el difunto señor Charpentier fue el primero que me hizo esa propuesta hace ya unos veinte años; luego nos han hablado de ello de vez en cuando.

Pero hasta ahora Dios no nos ha hallado dignos de servirle en ese santo lugar, pues la verdad es que somos una pobre gente, como usted sabe.

Sin embargo, siguen queriendo que vayamos allá, especialmente algunos señores del parlamento de Navarra; y el señor de Laneplan, que es su señor diputado en la corte por los estados del Béarn, nos ha dicho uno de estos días que le habían encargado de averiguar nuestra disposición.

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También me han dicho que quiere venir a habar conmigo el señor obispo de Lescar 2, que acaba de ser consagrado.

Pues bien, para que conozca usted mi pensamiento, le diré: ________ Carta 2877.

— Reg. 2, 64. 1.

Bétharram está situado en el municipio de Lestelle, en los Bajos Pirineos, a poca distancia de Lourdes.

Juan de Selettes, obispo de Lescar había construido allí en 1614 una capilla, que pronto se convirtió, bajo la dirección de los misioneros de Garaison (1615-1621), en el centro de una peregrinación muy frecuentada.

Leonardo de Trapes, arzobispo de Auch (1600-1629) acudió un día al frente de diez mil peregrinos, plantó tres cruces en la cima de la colina y colocó en el santuario una estatua de la santísima Virgen, que él mismo había llevado.

Huberto de Charpentier, a quien el obispo de Lescar tuvo la feliz idea de poner al frente de los capellanes, era un hombre de gran virtud y mucha valía.

Fundó en Bétharram en 1621 la congregación de sacerdotes de Nuestra Señora del Calvario, que todavía atendían al santuario en 1659.

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La fama cada vez mayor de Nuestra Señora de Bétharram atrajo a aquel lugar de devoción el favor de los papas y de los nobles.

Luis XIII, Ana de Austria, las familias de Briennet de Montmorency y las principales casas del Béarn y de Gascuña le concedieron sus favores.

La historia de Nuestra Señora de Bétharram ha sido escrita por el canónigo Dubarat, a quien se deben otros muchos trabajos de gran mérito sobre los Bajos Pirineos (cf.

Dubarat, Bétharram et le Mont-Valérien, Pau 1897). 2.

Juan du Haut de Salies (1658-1681). 379

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En primer lugar, que tengo miedo de que nuestra ruindad, que es muy grande por el número, la calidad de la virtud de los obreros que tenemos, nos impida por ahora aceptar ese honor que se nos presenta.

En segundo lugar, que es costumbre de esos señores de Bétharram aguardar allí a los penitentes, mientras que la nuestra es ir a buscarlos en sus casas.

Resultaría difícil para nuestros sacerdotes, que se han entregado a Dios para ir de aldea en aldea evangelizando a los pobres, renunciar a las misiones para limitarse a una sola iglesia y trabajar únicamente en la devoción de un pueblo de paso que no puede recibir las instrucciones necesarias para convertirse a Dios como es debido.

Podrían sin embargo acudir todos a ese sitio en las fiestas principales, cuando hay gran concurso de gente; pero habría que encontrar la manera de que, durante los intervalos, mientras una parte cumple con las obligaciones de dentro, la otra pudiera dedicarse a las ocupaciones de fuera.

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En tercer lugar, sólo hay tres sacerdotes en esa capilla que quieran cedernos su lugar, mientras que hay cuatro que no quieren recibirnos; sin embargo, es necesario que estén todas de acuerdo para que podamos fundar allí; de lo contrario, no podríamos decidirnos.

Y si los que se oponen a nuestra ida quisieran seguir viviendo allí y tener sus ejercicios en esa casa, aceptando sin embargo que fuéramos nosotros, en ese caso podríamos ponernos de acuerdo con ellos en lo que habría que hacer para su mantenimiento; ellos podrían vivir con nosotros, lo mismo que los religiosos que nos han recibido en San Lázaro.

Finalmente, en cuarto lugar, me preocupan mucho esas vigilias que se tienen por la noche en la iglesia, con tanta frecuencia.

Sé muy bien que se hacen con buena intención y me imagino que todavía no habrá surgido ningún episodio desagradable; pero también sé que podría surgir, pues por algo la iglesia, que permitía al principio esas vigilias, las ha ido suprimiendo poco a poco.

Le suplico que me diga si son frecuentes en Bétharram y qué días se celebran.

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Puesto que desea usted ser informado de la situación de este asunto, me ha parecido conveniente exponerle nuestras dificultades, asegurándole por otra parte, que si se pueden solucionar, podría llevarse a cabo el proyecto.

En ese caso, sería para nosotros una gran bendición poder contribuir en algo al honor que se ha 380

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