Carta · tomo VII
A UN HERMANO COADJUTOR DE LA CASA DE ROMA
Doy gracias a Dios de que esa pequeña familia siga con buena salud y llena siempre de entusiasmo por el servicio al divino Maestro.
Tenemos ahora por aquí a los ordenandos; por el campo hay una tropa de obreros.
Todas nuestras casas, gracias a Dios, están trabajando con interés y con buenos frutos tanto en las misiones como en los seminarios; éstos están más llenos que nunca.
Pida a Dios por la compañía y por sus necesidades.
Soy en su amor, Padre, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Estamos preparando las cosas para poder enviarle gente.
¿Qué le parece el Padre Guillot?
Me preocupa un poco enviar personal durante la guerra.
Dígame, por favor, si hay algún peligro en ello.
Dirección: Al Padre Desdames, superior de los sacerdotes de da Misión de Santa Cruz, en Varsovia. 2893 [2794,VII,466-467] A UN HERMANO COADJUTOR DE LA CASA DE ROMA 1 No puedo explicarle la alegría que mi corazón recibe cuando de vez en cuando me dicen que Dios sigue bendiciéndole y que sigue usted siéndole fiel; por todo ello le doy mil gracias a la divina bondad, como siempre lo he hecho, ya que el progreso espiritual de su alma es para mí algo muy querido.
Esto me obliga a decirle que, si está usted absolutamente decidido a volverse, lo recibiremos con los brazos abiertos; puede venir cuando guste.
Pero no creo que sea ésa la voluntad de Dios: 1.º porque su providencia le ha llevado a Roma; 2.º porque le da su gracia para que tenga éxito en sus trabajos; 3.º porque eso sería contra el consejo de sus superiores, por medio de los cuales Dios da a conocer lo que quiere y lo que no quiere; y finalmente porque es muy difícil que pueda usted rendir a Nuestro Señor mayores servicios que allí.
Quizás me diga usted, mi querido hermano, que lo único que ________ Carta 2893.
— Reg. 2, 346. 1.
Probablemente el hermano Felipe Patte. 398
desea es volver para capacitarse más en su arte, a fin de poder hacerlo mejor todavía que lo ha hecho hasta ahora.
Alabo su intención y más todavía esa humildad que le hace reconocer que sabe usted poco.
Pero la verdad es que todos los que le han visto actuar dicen que sabe usted mucho, tanto en la teoría como en la práctica.
Además, ¿no es acaso Nuestro Señor la capacidad de todos los que confían en él?
Cuando él nos dio la alegría de que entrara usted en la compañía, no pensaba usted en hacerse un cirujano más hábil, sino más dispuesto y más sumiso a su divina voluntad.
Me replicará quizás diciendo que actualmente la experiencia le hace temer que quizás sea usted culpable de que por falta suya le suceda algo malo a algún enfermo.
A ello he de responderle que, mientras haga por ellos todo lo que usted buenamente crea que tiene que hacer, no es usted responsable ni mucho menos de todo lo demás.
Un médico que receta las medicinas según su arte y su conciencia queda libre delante de Dios, aunque sus remedios tengan un efecto contrario a su intención.
Lo sabe usted muy bien; por consiguiente, quédese tranquilo y haga el favor de pensar un poco en la respuesta que dio Nuestro Señor a dos jóvenes discípulos que tenía, cuando le pidieron permiso para volver a su país, uno para enterrar a su padre que había fallecido y otro para vender sus bienes y dárselos a los pobres 2.
Se trataba de dos buenos motivos; sin embargo, aquel divino Maestro prefirió que se quedasen donde él los había puesto.
El no tiene ninguna necesidad ni de nuestro saber ni de nuestras buenas obras, sino de nuestro corazón; y ese corazón no lo quiere si se lo damos fuera del sitio en donde él nos lo pide.
En nombre de Dios, mi querido hermano, seamos totalmente de él; no podemos estar en ningún sitio mejor que en sus manos.
Humillémonos cada vez más; y cuanto mejor veamos nuestra incapacidad, mejor nos daremos cuenta de que tenemos más de lo que merecemos.
Pido a su infinita misericordia que se derrame abundantemente sobre usted y sobre sus trabajos para que se logre finalmente la santificación de su alma y el cumplimiento de sus eternos designios.
Haga usted también el favor de implorarla sobre mí, que soy un gran pecador, aunque de todas formas, en su amor, su... ________ 2.
Lc 9, 59-62. 399
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