Carta · tomo VII
A UNA HIJA DE LA CARIDAD
He visto al señor Carlier; estuvo comiendo aquí un día con nosotros. ... de Nuestro Señor, mi querido hermano, su muy humilde servidor, VICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: Al hermano Juan Parre, de la congregación de la Misión, en Rethel. 2939 [2840,VII,546-549] A UNA HIJA DE LA CARIDAD 14 mayo 1659 Mi queridísima hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Le pido perdón por haber tardado tanto tiempo en contestar a su carta del 15 de febrero.
Mis pequeñas molestias y alguna vez mis ocupaciones urgentes han sido en parte la causa de este retraso.
Pero es preciso que le confiese francamente que lo he hecho adrede al menos en parte, debido a las cosas que usted me escribía y que no requerían una respuesta demasiado pronta.
Me manifestaba usted sus penas y sus dolores de espíritu, a fin de que yo le diese algún remedio oportuno para aliviarlos; sin embargo sé, por larga experiencia, que no es conveniente curar demasiado pronto las llagas que están todavía frescas, pues esto empeoraría las cosas y no serviría de nada; al contrario, cuando se deja un poco a la naturaleza que actúe sola, el mal se cura antes, sobre todo cuando la llaga ha sangrado bien y ha arrojado todo el pus que tenía.
Es lo que ha hecho usted cuando me escribió todo lo que le ocurría a su corazón, que le afligía tanto.
Y eso es también lo que yo he hecho cuando la dejé sin contestar hasta la hora presente, y lo que hago ahora con los pequeños consejos que le doy para el alivio de sus penas, si es que todavía las sufre; la verdad es que estoy convencido de que ese mismo Dios que la libró otras ________ Carta 2939.— Conférences spirituelles tenues pour les Filles de la Charité, 648. 464
veces de semejantes aflicciones, cuando creía usted que su mal era irremediable, la librará también ahora de esta otra pena interior ya que ha hecho usted de su parte todo lo que debía y podía hacer para cooperar con su gracia, lo mismo que hizo cuando estaba en Liancourt y obtuvo tan feliz resultado.
¿Y que es lo que hizo entonces?
Se mostró usted diligente en comunicar por carta a su director todo lo que pasaba en su alma; recurrió usted a Dios, a la santísima Virgen y a los santos, esperando noticias mías; procuró usted humillarse y confiar en Dios y practicar las resoluciones que había tomado en su retiro y los avisos que le había dado.
Y cuando, después de todo eso, recibió usted mi carta, resultó que ya estaba usted curada de su mal, incluso antes de leerla.
¿Y cómo ocurrió todo aquello?
Es que, como acabo de decirle, Dios no deja nunca de socorrernos en el tiempo oportuno, cuando hemos hecho de nuestra parte todo lo que hemos podido, tal como ha hecho usted.
Y aunque todavía siguieran afligiéndole esas penas, yo no me preocuparía mucho de librarle de ellas, ya que proceden de una raíz tan buena, como es la desconfianza en usted misma, y producen un fruto tan bueno, como es esa mala opinión que tiene usted de sí misma, siendo todo esto un medio muy eficaz para progresar en la santa humildad y por consiguiente en la perfección que exige de usted su vocación; de forma que tiene usted más bien motivos para alegrarse de sus penas que para afligirse por ellas.
Si hubiera procurado usted por curiosidad ir al sitio en que ahora está o hubiese conseguido por ambición el cargo que tiene o dejase de cumplir con su obligación por pura pereza o malicia, entonces podría temer usted que Dios le pidiera algún día cuenta de ello.
Pero, sabiendo que está usted muy lejos de todo eso y que, por el contrario, no alega usted más que su incapacidad y la demasiada estima que los superiores tienen de usted, y que por otra parte ha sido Dios el que la ha colocado allí, puesto que está allí por obediencia, y que por consiguiente puede estar usted segura de cumplir en esto la divina voluntad, por todas estas razones le digo que puede estar usted tranquila, adorando su providencia y resignándose en esto y en todo lo demás con su santo beneplácito.
Y si, a pesar de todo esto, siguen todavía sus penas, no se preocupe y conténtese con hacer buenamente todo lo que pueda.
Y si se le ocurre pensar que no vale usted para nada y que lo estropea 465
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