Carta · tomo VII
A LUCAS PLUNKET, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN SAINT-MÉEN
Por ello el suplicante ofrece humildemente a sus Eminencias reverendísimas a Pedro Turpin, sacerdote de la misma congregación, a fin de que, dignándose declararlo misionero apostólico en la mencionada isla, pueda trabajar allí por la gloria de Dios y la salvación de las almas.
Y el suplicante considerará este favor como una gracia singular de sus Eminencias.
Quas Deus, etcétera.
V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dirección: A la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, para Vicente de Paúl, superior general de la congregación de la Misión. 2946 [2847,VII,561-563] A LUCAS PLUNKET, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN SAINT-MÉEN París, 21 mayo 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Todavía no ha recibido respuesta suya a la carta que le escribí ni he sabido si ha hecho usted lo que le pedía, que era que se dejase gobernar; al contrario, me he enterado de que no quiere usted ni enseñar música ni asistir a los oficios, por mucha necesidad que haya de ello y por muchas instancias que le han hecho, y esto con la excusa de que quiere ir usted a misionar.
Pero, Padre, ¿qué podemos hacer para remediar este desorden?
Por lo que a mí se refiere, tengo mucho miedo de que el mismo Dios ponga ese remedio con algún castigo sobre usted; lo sentiría mucho, ya que la verdad es que mi corazón le aprecia y le quiere.
Por eso ruego a su divina bondad que le abra los ojos para ver el mal que usted hace y el peligro en que se está metiendo, para que se levante de ese estado y de esa forma merezca que Dios le conserve en su vocación y le siga dando las gracias necesarias para el servicio de su iglesia.
¿No sabe usted, Padre, que estamos obligados a formar buenos eclesiásticos lo mismo que a instruir a los pueblos del campo, y que un ________ Carta 2946.
— Archivos de la Misión, copia del siglo XVII. 476
sacerdote de la Misión que quisiera hacer una de esas cosas y no la otra no sería misionero más que a medias, ya que ha sido enviado para las dos?
Más todavía; ha dejado de ser misionero en el mismo momento en que se niega a obedecer en una cosa para dedicarse a una tarea en la que no se cree conveniente que trabaje.
Resulta realmente extraño que, apenas se ha ordenado usted de sacerdote por el favor de la compañía, empiece usted a resistirse contra ella, y que, cuando tiene más obligación de practicar la humildad, la obediencia y la gratitud, comience a cometer mayores faltas contra esas virtudes, con gran escándalo de esa casa y para disgusto mío.
¡Dios mío!
Padre, ¿qué pretende hacer usted?
Por ahora no está usted debidamente preparado para ir a misionar, pues no conoce lo bastante nuestra lengua para poder hablar en público.
Nos costaba trabajo entenderle aquí; ¿cómo quiere que le entiendan nuestras pobres gentes?
Además, ¿cree usted que, si no se muestra sumiso en un oficio, nos vamos a atrever a hacerle pasar a otro en donde no se necesita menos sumisión?
¿Cree usted que es una obligación de los superiores contener a un particular que se desmanda y negarle los cargos de relumbrón que busca, cuando rechaza los que se le han encomendado?
En nombre de Nuestro Señor, Padre, humíllese, pídale perdón por el mal ejemplo que ha dado al seminario y a sus hermanos, y esté seguro de que la compañía es lo suficientemente indulgente para olvidar el pasado y darle la satisfacción que usted desea, cuando le vea indiferente a las diversas tareas y cumplidor de las cosas que le encomienda.
Se trata ahora de que cante usted en el coro siempre que sea necesario, y que enseñe música y ceremonias a los eclesiásticos que están en Saint-Méen para aprenderlas.
Es lo que le ruego, Padre, con todo el cariño de mi corazón.
Le sacaron ya de Tréguier, creyendo que lo haría usted mejor en el sitio en que ahora está.
Si no lo hace, ¿qué esperanza nos da usted de que será mejor en otra casa adonde le enviemos?
Porque el cambio de sitio no mejora a las personas.
Y si está usted decidido a seguir siendo como es, apegado a sus sentimientos e inflexible a las órdenes de las personas por las que Dios quiere guiarle, ¿de qué nos servirá?
¿Qué hará con usted una comunidad que se mantiene únicamente por la sumisión y la dependencia de los espíritus?
Le ruego, Padre, que piense en ello y que me comunique su decisión.
La 477
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