Carta · tomo VIII
A ANTONIO DURAND, SUPERIOR EN AGDE
de mi pobre miserable vida, que ya cuenta setenta y nueve años de edad.
Lo que le pido a Su Eminencia no es cosa de esta pequeña compañía, sino más bien cosa de usted mismo, que es el fundador y el único protector de ella.
No me dirijo a su señor Padre 3 para obtener su recomendación ni a ninguna otra potencia de la tierra; recurro únicamente a su bon dad.
Si supiese el lugar donde se encuentra Su Eminencia 4, me tomaría el honor de enviarle alguno de sus misioneros para que le hicieran en personas esta humilde súplica; pero, al ignorarlo, me sirvo de lo presente me pongo en manos de la Providencia de Dios a la que suplico que la ponga en las de Su Eminencia 5, a la que pido su bendición, postrado a sus pies. 3008 [2908,VIII,27-29] A ANTONIO DURAND, SUPERIOR EN AGDE París, 18 julio 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Siento mucho, lo mismo que usted, y con razón, la conducta del Padre Brisjonc y la del hermano Thierry 1.
¡Dios les conceda ________ 3.
Felipe Manuel de Gondi. 4.
El cardenal de Retz estaba desterrado, y las indagaciones de los agente de Mazarino le obligaban a mantener en secreto el lugar de su retiro. 5.
El secretario había escrito a continuación estas palabras, que fueron tachadas: «Lo que me urge a suplicarle muy humildemente que nos envíe su aprobación, es el motivo que hay para temer que el buen Dios no me soporte ya mucho tiempo en la tierra y que, si muero sin una aprobación, esto podía causar después no pocas molestias a la Compañía.
Hago un acta de declaración, que envío a Su Eminencia, en la que expongo lo que acabo de decirle poco más o menos, que viéndome obligado a recurrir a Su Eminencia para la aprobación de dichas reglas y no sabiendo dónde está para tener esta última aprobación, aseguro a la Compañía que estas reglas son las mismas que han sido aprobadas por usted, y por el difunto señor arzobispo, y la exhorto a que las observe exactamente.
Y sea lo que pareciere (?), esto dependerá de la bendición que le plazca a Dios darle.
Y si le parece bien, concedernos la gracia que le pido, la cosa no tendrá ninguna dificultad; soy, en su amor...»
Carta 3008.
— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario. 1.
Juan Thierry, nacido en Cahors, recibido en la congregación de la Misión en Marsella en 1648, a la edad de 20 años. 28
la gracia de abrirles los ojos para que vean el peligro en que están al seguir de esta forma los movimientos de la naturaleza rebelde, que jamás está de acuerdo con el espíritu de Jesucristo!
¡Qué difícil es, dice la Escritura, que vuelvan a levantarse los que caen después de haber sido iluminados! 2, Ciertamente, hay motivos para temer que se pierdan desgraciadamente, si abandonan el camino en donde Dios los ha puesto; porque, ¿cómo cumplirán con su deber en el mundo si no lo cumplen en la situación en que están, contando con la ayuda de tantas gracias de Dios y con los socorros espirituales y temporales de que carecerán lejos de su vocación?
No hay que extrañarse, sin embargo, de ver cómo alguno espíritus vacilan y se escapan; lo mismo acontece en las más santas compañías, y Dios lo permite para mostrar a los hombres la miseria del hombre, para dar motivos de temor a los más firmes y decididos, para probar a los buenos y para hacer que los unos y los otros practiquen las virtudes.
Hemos de desear que ese buen sacerdote y ese pobre hermano conciben ahora un arrepentimiento de sus faltas pasadas, que propongan enmendarse de ellas, que se llenen de confusión, que se someten y que reparen el mal ejemplo que han dado.
Le pido a Nuestro Señor que les conceda esta gracia, y a usted, Padre, que les ayude a ello.
Así pues, si los ve en esta disposición, bien corregidos de su desorden, envíe al Padre Brisjonc a La Rose 3 y al hermano a Cahors; déles el dinero que necesitan para ir y cartas para los padres Chrétien y Cuissot, superiores, diciéndoles que ha recibido de mí la orden de enviárselos.
Y yo no dejaré en el primer correo de pasarles aviso y rogarles que los reciban.
Me indica a propósito de todo esto que la virtud de los padres Lebas y Dolivet les resulta a los demás un poco cargante, y lo creo; pero es a los que tienen menos disciplina, menos puntualidad, fervor y solicitud en su propio progreso y en el de sus hermanos.
Sí, Padre, su celo y su ejemplaridad le resultan molestos a quien no los tienen, ya que su vigilancia condena su cobardía.
Confieso que la virtud tiene dos vicios a su ________ 2.
Heb 6,4-6. 3.
Francisco Brisjonc no fue a La Rose; dejó la Compañía aquel mismo mes de julio.
Renato Alméras lo recibió de nuevo el 17 de mayo de 1664. 29
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