Carta · tomo VIII

A GASPAR STELLE, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN GENOVA

Tipo
Carta
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
VIII
Extensión
733 palabras
Página inicial
32
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3010 [2910,VIII,32-34] A GASPAR STELLE, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN GENOVA París, 18 julio 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Me ha alegrado mucho la carta que me ha escrito y la petición que me ha hecho, ya que parten de un corazón que pertenece totalmente a Dios y que quiere que no le falte nada a los servicios que usted le hace.

¡Bendito sea Dios por ese deseo que le da de ser un misionero completo y de unir en usted la ciencia con la virtud!

Gracias a Dios, ha trabajado por la una y por la otra, y está en camino de continuar lo mismo.

Ya ________ 5.

El abad Tinti. 6.

Todavía faltaban trece años para completar los cincuenta exigidos por la Iglesia entre la muerte de un siervo de Dios y su beatificación.

El Papa había concedido, el 21 de junio, la dispensa a esta regla.

Carta 3010 (C no F).

— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario. 32

Tomo VIII · p. 32

tiene bastante para empezar con las funciones a la que Dios le ha llamado; eso es lo que nos pareció aquí, mientras estaba usted con nosotros, y eso es lo que les parece también a los que le tratan allí.

El deseo de aprender es bueno, con tal que sea moderado.

La virtud tiene siempre dos vicios a su lado, y ese empeño por saber puede ser vicioso por defecto o por exceso.

El suyo, gracias a Dios, no lo es por la primera causa; y para que tampoco lo sea por la segunda, acuérdese del consejo de san Pablo, que nos recomienda ser sobrios en la ciencia.

Basta con la mediocridad, y lo que se quiere tener por encima de ella es más de temer que de desear por parte de los obreros del evangelio, ya que resulta peligrosa: hincha, inclina a aparentar, a presumir y finalmente a evitar las tareas humildes, sencillas y familiares, que son sin embargo las más útiles.

Por eso Nuestro Señor tomó a sus discípulos que no eran capaces de hacer nada más que esas tareas.

Esté seguro, Padre, de que la experiencia le enseñará muy pronto lo que le falta.

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Si no está ahora suficientemente instruido en las materias más difíciles y necesarias, como las que se refieren a la usura, al matrimonio, etcétera, puede tratarlas en la misión, en las conversaciones, cuando se refieren las opiniones comunes sobre las materias propuestas, o también en los intervalos de las misiones, cuando se tienen conferencias y se desarrollan todos los puntos oscuros.

Le escribiré al Padre Pesnelle que establezca allí esta costumbre, a fin de que pueda usted formarse perfectamente por ese medio y de esta forma caminar con seguridad en el servicio de las almas.

¡Cuánto hemos de agradecer a Dios que nos haya enviado. lo mismo que nos envió a su Hijo eterno, para su salvación!

Esperemos que, si trabajamos así con el espíritu de Nuestro Señor, nos dará las luces y las gracias que se necesitan para lograrlo.

Si no quiere saber más que a Jesucristo crucificado, si no quiere vivir más que de su vida, no dude, Padre, que será él mismo su ciencia y su acción.

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Siga abandonándose en sus manos y confiando en su virtud y suficiencia; y le hará ver que no hay nada en el mundo tan grande y tan deseable como la justificación de los pecadores, nada tan santo como trabajar en 33

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ello, nada tan apto para lograr un feliz progreso como la manera que Dios ha inspirado a la compañía, que tanto se parece a la que Nuestro Señor eligió para iluminar al mundo y conquistarlo para Dios.

Así pues, si aprecia la finalidad de nuestro pequeño instituto, apreciará también los medios que están señalados en nuestras reglas.

Y cuando dice que siente alguna falta de gusto por nuestras funciones, no se trata más que de un sentimiento de la naturaleza, que teme la confusión que podría sufrir si no supera o no iguala a los demás en la práctica y en el éxito.

No debe detenerse por ello, sino caminar cada vez más adelante en el amor a la humillación y en la tendencia a los oficios más bajos; porque de esta manera Nuestro Señor habitará en usted; él será como la cepa, y usted como el sarmiento que produce fruto y que cada vez dará racimos más abundantes que alegrarán al cielo.

Esta es la súplica que le hago.

Soy en su amor su muy humilde servidor.

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