Carta · tomo VIII

A JUAN PARRE, HERMANO DE LA MISIÓN, EN SAN QUINTIN

Tipo
Carta
Tomo
VIII
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38
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3014 [2914,VIII,38-39] A JUAN PARRE, HERMANO DE LA MISIÓN, EN SAN QUINTIN París, 19 julio 1659 Mi querido hermano: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí la suya del día 14; se la he enseñado a las señoras, que han quedado consoladas con las cosas que me indicaba y por el buen orden que pone usted en la devoción a Nuestra Señora de Fieulaine 1.

Hay motivos para alabar a Dios por haberle movido a esa buena obra al lado de tantos otros.

Quiera su divina bondad darle cada vez mayor parte en su espíritu, a fin de que sea siempre glorificado en sus trabajos y en su conducta.

Así se lo pido con todo mi corazón y soy en su amor, mi querido hermano, su muy humilde servidor, V ICENTE DEPAUL indigno sacerdote de la Misión Dígame si conoce al mozo que me ha remitido la adjunta y si lo juzga idóneo para nosotros y bien intencionado.

Al pie de página: Hermano Juan. 3015 [2915,VIII,39-42] A ANA-MARGARITA GUÉRIN, HERMANA DEL SEGUNDO MONASTERIO DE LA VISITACION, EN PARIS San Lázaro, 20 julio 1659 Mi querida hermana: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Tomo VIII · p. 38

La carta que me ha escrito me ha hecho participar, y muy sensiblemente, se lo confieso, de la pena que usted sufre; el ________ Carta 3014 (CF).

— Archivo de la Misión, original. 1.

Cf. carta 2972, nota 2.

Carta 3015 (C no F).

— Archivo de la Misión, minuta de mano del secretario. 38

Tomo VIII · p. 38

deseo que siento de que usted se vea libre de ella me hace rogarle a Nuestro Señor que tenga a bien acabar cuanto antes con el asunto de que me habla, descubriéndole cuál es ese bendito lugar en donde quiere ser honrado por su santo instituto 1.

No apruebo yo ese retraso, como tampoco usted, mi querida hermana, sino que permanezco en el mismo sentimiento en relación con la casa grande de la calle Montorgueil.

No acabo de convencerme de que sea preciso comprarla 2, ni en todo ni en parte: en todo, porque siendo un precio demasiado alto, sería capaz de arruinar la casa en que ahora están ustedes; ni en parte, porque sólo la mitad consumiría todos los fondos lo cual no es conveniente, pues es menester que quede algo para ayudar a que se sostengan las hermanas de la fundación.

Me dice que es poco lo que se precisa para el mantenimiento de ocho hermanas.

Creo, mi querida hermana, que en París, teniéndolo todo en cuenta, se necesitarían por lo menos tres mil libras; ¿de dónde las sacarían ustedes?

Tomo VIII · página PDF 39

Añade que está obligada por contrato a emplear en la adquisición de una casa o de un solar el legado y la donación de los difuntos señor y señora de Amfreville 3.

Pero respondo que no se dice allí que tenga que emplearse todo para solo el alojamiento, sino que hay que entender que ha de emplearse todo en provecho de la fundación.

Y lo ordinario es que los que prestan algo o dan algo para hacer alguna adquisición quieren que su dinero se aplique a ello.

Pues bien, como la intención de esos difuntos era la de fundar un monasterio de su orden, no han pretendido darle un gran alojamiento, dejándolas en la imposibilidad de habitarlo y de llenarlo, como sucedería si no tuviesen con qué vivir.

Dice además usted que hay algunas pretendientes que llevarán consigo su menaje.

Respondo que sería preciso gastar sus dotes incluso antes de que hubiesen sido adquiridas por la comunidad. ________ 1.

Se trataba de fundar en París un tercer monasterio de la Visitación. 2.

Primera redacción: No puedo consentir que se la compre. 3.

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El legado del señor de Amfreville, segundo presidente en el parlamento de Rouen, acrecentado por la generosidad de su esposa, formaba un fondo de 52.000 libras; la compra de la casa situada en la calle Montorgueil costó 41.000. 39

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En cuanto a la señora que se ofrece como bienhechora, me parece muy bien; ya llegará la hora.

Confieso que se puede esperar alguna cosa de la Providencia; pero no hay que tentar a Dios que, habiéndole dado honradamente con qué empezar y sostener una fundación en donde se observa la regla de la pobreza religiosa, no desea que se haga un gasto superfluo para acudir a continuación a su Providencia.

No tengo más remedio que decirle, mi querida hermana, que vemos en París a muchas comunidades arruinadas, no por falta de confianza en Dios, sino por haber hecho magníficas construcciones, que no solamente las han arruinado, sino que las han obligado a entramparse; y como el espíritu religioso tiene que imitar a Nuestro Señor, que quiso ejercitar una pobreza extrema en la tierra, hasta no tener ni siquiera una piedra donde reclinar su cabeza, por eso cuanto más se apartan de ese espíritu las personas religiosas, tanto más les cuesta poder sostenerse, ya que a Dios no le agradan los hermosos edificios, tan poco proporcionados a su profesión.

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Sin embargo, los que disponen de ellos no han de ser censurados, si tiene con qué construirlos y con qué mantenerse, y yo no quisiera impedir que hiciera usted lo mismo, si sus fuerzas presentes se lo pudieran permitir.

Pero podría sucumbir bajo el peso de una casa tan cara y que será de gran coste por ser ya vieja, en donde habrá siempre algo que arreglar, como ocurre en San Lázaro, en donde casi siempre tenemos albañiles, que nos cuestan más de lo que nos costarían los intereses del dinero preciso para construirlo todo nuevo.

¡Cuánto le pesaría, mi querida hermana, que, por haber realizado esta empresa, su fundación llegara algún día a hundirse o se deshiciese su monasterio, por no haber practicado ahora la santa pobreza que ha profesado y que, gracias a Dios, observa en todas las demás cosas!

Me dice usted que le parece escuchar continuamente los reproches interiores que le dirige la difunta señora de Amfreville, por no haber sido ejecutada su última voluntad.

No es ella, mi querida hermana, la que así le habla, ya que está en un lugar donde sólo quiere lo que Dios quiere y Dios no quiere lo usted no puede.

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El quiere que se contente por ahora con un alojamiento razonable, cuyo precio sea mediano, donde tenga 40

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