Carta · tomo VIII

A NICOLAS ETIENNE, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN NANTES

Tipo
Carta
Tomo
VIII
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175
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ñía vería bien que yo haya tenido que obrar de ese modo.Según esto, señor mariscal, puede ver que no vacilamos en tomar su partido y romper con esos señores, a los cuales le doy mi palabra de que no les daré sacerdotes ni de nuestra compañía ni de otro sitio y que le escribo al Padre Etienne que no tenga trato con ellos ni con sus agentes 2.

Le suplico muy humildemente, señor mariscal, que esté seguro de que las cosas se harán por nuestra parte tal como le digo.

Soy en el amor de Nuestro Señor 3131 [3027,VIII,175-177] A NICOLAS ETIENNE, SACERDOTE DE LA MISIÓN, EN NANTES París, 22 noviembre 1659 Padre: La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí su carta del día 13.

Doy gracias a Dios por haberle guiado felizmente a Nantes y tan bien preparado para las adversidades como parece que lo está por su misericordia.

Tiene razón al decir que el mundo y el infierno son contrarios a los planes de Dios y que es una buena señal para tener esperanza el hecho de que se pongan en contra.

Me ha consolado mucho verle con esos sentimientos y con esa aceptación de una contradicción que no esperaba.

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Me parece que se ha portado usted con la prudencia y la moderación que requerían la persona y el asunto.

Las primeras pruebas sirven de fundamento a las gracias que Dios concede para que vengan otras mayores; por eso espero que, al haberse entregado a Nuestro Señor para hacerlo todo y sufrirlo todo, nada será capaz de sorprenderle.

Habiendo recibido la última carta que el señor mariscal 1 me ha hecho el honor de escribirme, le he mandado decir al señor Gazet que viniera a verme.

Lo he dicho que, por ha________ 2.

El santo mantuvo su palabra.

Le negó sus misioneros a Sebastián Cazet; fueron los recoletos los que acompañaron a Esteban de Flacourt cuando salió de Dieppe el 20 de mayo de 1660.

Carta 3131 (CF).

— Archivo de la Misión, minuta. 1.

El mariscal de la Meilleraye. 160

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ber enviado sacerdotes a dicho señor para el viaje de Madagascar, no se lo podíamos dar a los señores de su Compañía 2 y que le rogaba que les presentase mis excusas, que estábamos obligados a preferir a ese buen señor, ya que siempre nos ha recibido en sus barcos antes que a los demás; que tiene ya con él a uno de nuestros sacerdotes, e igualmente el pequeño número de católicos instruidos y bautizados por nuestros misioneros.

Me ha contestado que se lo comunicará a la Compañía y yo le he asegurado a dicho señor mariscal, por una carta que le envío a la señora duquesa de Aiguillon para que se la entregue, que no les daremos ningún sacerdote de la congregación ni de fuera, para no ligarnos más que con Dios y con él, y no tener nada que ver con los demás.

Por eso, Padre, cuando llegue a Madagascar, si quiere llevarle allá dicho señor, le ruego que no tenga ni usted ni los suyos ningún trato con las gentes de esos señores, sino que se dediquen con todo su afecto a los intereses de este buen señor, por la obligación que tenemos de obedecerle.

Esto es lo que le digo que hará usted y usted se lo podrá confirmar.

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No creo que después de estas promesas quiera exigir un juramento de fidelidad ni de usted ni de los demás.

Y si lo quiere hacer, dígale que son hijos de obediencia y que les basta con saber cual es la intención de los que le envían para no actuar jamás en contra, y que ese es su juramento.

Sobre el transporte de sus ropas a La Rochelle, adonde tiene que ir el barco, me parece bien que lo haga, si el señor mariscal le concede la gracia de concederle el pasaje y es necesario que vaya a embarcarse a La Rochelle.

En ese caso, hágamelo saber; le escribiré allá con mayor amplitud.

Entretanto siga abandonándose a los cuidados amorosos de la Providencia y entregándose a la bondad paternal de Dios.

Sobre lo que me dice que le descargue del cuidado de la pequeña compañía, le ruego que no piense en ello, sino que se quede oculto bajo las cenizas de esa humildad en el espíritu de Nuestro Señor, que será él mismo su dirección en este cargo, su fuerza en su debilidad, su ciencia en sus dudas y su virtud en sus necesidades.

Por su lado, Padre, entréguese a él para no ser duro con nadie, para tratar a todos con mansedumbre y ________ 2.

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La Compañía de Indias 161

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