Carta · tomo VIII
A SANTIAGO PESNELLE, SUPERIOR EN GENOVA
blando, será difícil encontrar hombres idóneos y muy decididos para esa vida apostólica.
Realmente, se podrán presentar algunos que entren de buena gana en ese seminario; pero, para emprender efectivamente esas misiones lejanas con el desprendimiento y el celo necesarios, se encontrarán pocos obreros. 3332 [3198,VIII,368-369] A SANTIAGO PESNELLE, SUPERIOR EN GENOVA 13 agosto 1660 Nuestra regla, cuando nos ordena tener todos los días una hora de oración mental, no exceptúa los días de descanso; por eso, Padre, hay que hacerla también esos días durante una hora entera, lo mismo que si no se tuviese descanso; no es justo que ese descanso se haga a costa de la acción más importante del día.
Sin embargo, hay que acomodarse a la necesidad de los asuntos.
A veces hay que preparar cosas que no se pueden dejar para luego, y que no son compatibles con la hora de oración; en ese caso, hay que tener en cuenta esos impedimentos, aunque después de haberlos considerado delante de Dios y haberlos encontrado razonables, porque Dios no nos pide nada que sea contrario a la razón.
Pero, como no siempre es así ni en todas las personas, es oportuno, generalmente hablando, atenerse a la regla, no sólo a propósito de la oración, sino que hay que consultar a la regla en todas las dudas y dificultades que se presenten, para conformarnos a ella todo lo que sea posible.
El señor príncipe de Conti será algún día nuestro juez, al menos el mío.
Es admirable en su fidelidad a la oración; la hace todos los días durante dos horas, una por la mañana y otra por la tarde; y a pesar de las enormes ocupaciones que surgen en ese mundo que lo rodea, no falta jamás a ello.
Es cierto que no es muy apegado a las horas, que las adelanta o las retrasa según las exigencias de sus asuntos.
¡Quiera Dios darnos ese atractivo para unirnos a Nuestro Señor, en quien soy...! ________ Carta 3332.
— Reg. 2, 215 377
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