Conferencia · tomo IX-A

CONFERENCIA DEL 27 DE JULIO DE 1653 Sobre la práctica de pedir permiso

27 DE JULIO DE 1653

Tipo
Conferencia
Autoría / fuente
San Vicente de Paúl
Tomo
IX-A
Extensión
733 palabras
Página inicial
566 (PDF)
Asunto principal
La Práctica De Pedir Permiso
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55(55,IX,643-657) CONFERENCIA DEL 27 DE JULIO DE 1653 Sobre la práctica de pedir permiso Mis queridas hermanas, el tema de la presente conferencia se divide en tres puntos.

El primero es sobre las ventajas de no hacer nada sin permiso de los superiores y superioras; el segundo, sobre los grandes males que vienen sobre la Hija de la Caridad cuando faltan al no pedir permiso; el tercero, sobre las faltas principales que se pueden cometer contra esta práctica de no hacer nada sin permiso; el cuarto, sobre los medios que hay que emplear para adoptar esa práctica, o mantenerse en ella si ya se observa.

Mis queridas hermanas, es éste uno de los temas más importantes que se han tratado entre vosotras.

¡Que el Salvador de nuestras almas os dé la gracia de entrar en esta práctica y de vivir en conformidad con lo que podáis oír!

Dígame, hija mía, ¿qué ventajas se siguen para una Hija de la Caridad y para toda la Compañía de esta práctica de no hacer nada sin permiso de los superiores?

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— Padre, yo no tengo mucha capacidad para comprender bien todo esto; pero me parece que una hermana que es obediente tiene que estar segura de que perseverará en su vocación.

Y como el Hijo de Dios fue obediente durante toda su vida hasta la muerte 1, nosotros debemos sentirnos muy honradas al imitarle en eso.

Además, sin la obediencia, todo es turbación, e inquietud.

— Hija mía, hay una diferencia entre la obediencia y el tema que se ha propuesto; ahora se trata de no hacer nada sin permiso.

A vosotras os toca pedir permiso.

La obediencia supone ya un mandato; consiste en hacer lo que se ha ordenado; empieza por aquel que manda; pero la práctica de la que ahora ha________ Conferencia 55.

— Cuaderno de sor Maturina Guérin (Arch. de las Hijas de la Caridad). 1.

Flp 2,8. 578

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blamos empieza por el que pide permiso.

Ha dicho usted muy bien, hermana, al afirmar que una hija obediente persevera en su vocación, ya que no es posible esperar que una Hija de la Caridad pueda perseverar sin la obediencia.

Aquí se trata de decir las razones por las que una Hija de la Caridad tiene que pedir continuamente permiso a sus superiores.

Usted, hermana, ¿qué dice de esto?

— Padre, la obediencia nos proporciona una gran tranquilidad, porque, cuando se pide permiso, se sabe que la voluntad de Dios es que hagamos tal cosa.

— ¡Dios la bendiga hija mía!

Mirad, hermanas, acordaos de esto.

Esta hermana ha dicho que la voluntad de Dios es que no se haga nada sin la obediencia, y añade que esta práctica nos llena siempre de satisfacción.

No hay nadie en el mundo tan contento como los que viven bajo obediencia; y en los remordimientos de conciencia yo no veo más que personas que faltan a la obediencia.

He aquí dos cosas que nos proporciona la sumisión: una gran tranquilidad de espíritu y la gracia de cumplir la voluntad de Dios.

Pues bien, fijaos, hijas mías, cumplir la voluntad de Dios es empezar el paraíso en la tierra.

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Enseñadme una persona, enseñadme una hermana que cumpla, durante toda su vida, la voluntad de Dios; empieza a hacer ya en la tierra lo que hacen los bienaventurados en el cielo; empieza su paraíso ya en este mundo, ya que no tiene más voluntad que la de Dios; y esto es participar de la dicha de los bienaventurados.

Hermana, ¿qué ventajas se obtienen de la obediencia?

— Padre, no sé decir nada más que lo que mis hermanas han dicho; además, me parece que esto proporciona también un gran consuelo a los superiores.

— ¡Bien, hija mía!, ¿cree usted que es una gran satisfacción para los superiores ver que son sumisos sus súbditos?

— Sí, Padre, veo que los superiores y los inferiores reciben entonces un gran consuelo.

— ¿Tiene usted deseos de vivir de este modo?

¿No le parece, hija mía, que sería, un gran bien ver a toda la Compañía en esta práctica, en la que creo que ya está, gracias a Dios? 579

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— Sí, Padre; esto me da un gran consuelo.

— Sí, hermanas mías.

Uno de mis mayores consuelos es saber que la Compañía no hace nada sin permiso, y es esta la recompensa que Dios da a los superiores en este mundo, si es que les da alguna.

Yo he tenido algunas veces esta recompensa.

No debería hablar de mí mismo, que soy tan pobre y miserable pecador.

Yo he sido párroco de una aldea

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