Documento · tomo X
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21 DE JULIO DE 1657
256 [178,XIII,733-737] CONSEJO DEL 21 DE JULIO DE 1657 Nuestro venerado Padre Vicente mandó reunirse a las hermanas antiguas para deliberar sobre los remedios que convendría emplear para solucionar el caso de nuestras hermanas de Chars, a propósito de su dirección espiritual y su manera de obrar en el servicio de los pobres y en la instrucción de los niños, que difería mucho de nuestras costumbres ordinarias y que hacía temer para el futuro algunos contratiempos.
Su caridad dijo: — Se trata ahora de decidir lo que tenemos que hacer para retirar a nuestras hermanas de Chars, que hace tiempo están sufriendo muchas contradicciones por ciertas diferencias con el señor párroco y con el confesor que tenían, aprobado por él como vicario suyo.
La primera razón para cerrar aquella casa es que, desde que están allí nuestras hermanas, siempre ha costado mucho cambiarlas, como conviene hacer de vez en cuando según costumbre de la compañía.
Otra razón es el recelo que se debe tener en contra de esas nuevas opiniones, debido a la turbación que causan en los espíritus.
Ese buen párroco no quiere que nuestras hermanas se confiesen más que cada ocho días, aunque comulguen más a menudo cuando hay alguna fiesta entre semana, y el adviento y la cuaresma, cuando vosotras tenéis costumbre de confesar y de comulgar.
Pues bien esos señores, que enseñan esa nueva doctrina, son de la opinión de que eso es muy peligroso y que va en contra de lo que el Espíritu Santo enseña, tal como dice la Escritura: «Aun cuando estén perdonados vuestros pecados, no estéis sin temor».
Dicen que es inútil confesarse de los pecados que ya están perdonados por medio de una confesión bien hecha; esto en contra de lo que dice David de los pecados pasados: «Amplius lava me ab iniquitate mea» 1, esto es: «Señor, lávame una vez más de mi iniquidad».
Pues bien, David sabía perfectamente que Dios le ________ Documento 256.
Archivo de las Hijas de la Caridad.
Original de sor Maturina Guérin. l.
Sal 50, 4. 851
había perdonado, pues el profeta se lo había asegurado; y sin embargo pide expresamente que Dios le lave de nuevo.
Santo Tomás de Aquino, al hablar del sacramento de la penitencia, dice que la materia próxima para recibir la absolución es la acusación y la contrición por haber ofendido a Dios.
Ahora bien, ellos opinan que los pecados de las hijas de la Caridad no son más que veniales y por eso no aprueban que se confiesen tantas veces.
En contra de esta opinión el santo concilio de Trento dice que, aunque no haya obligación de confesar más que los pecados mortales, sin embargo es aconsejable confesarse de los veniales para conseguir mayor pureza.
La tercera razón es la conducta del señor párroco con las alumnas, pues quiso en cierta ocasión que se azotase en su presencia a una alumna.
Estas son las razones para retirarlas de allí; veamos las razones en contra.
La primera es que tenemos motivos para creer que esta fundación se ha hecho por orden de la divina providencia y que, si esto es así, es de suma importancia no destruirla, a no ser que se demuestre que es también por orden suya.
Otra razón es que, como ha sido la señora presidenta de Herse la que ha procurado esta fundación, es de temer que tome de aquí ocasión para enfadarse con nosotros, sobre todo si esto se hace sin que ella se entere.
La tercera razón es el miedo al escándalo, de que el mundo diga que las hijas de la Caridad resultan molestas y difíciles de contentar y que no es muy seguro tenerlas.
Cuando nuestro venerado Padre recogió las opiniones, una dijo que siempre había costado mucho mantener allí a las hermanas, unas veces por el temor de que las que tenían inteligencia y buenas disposiciones ensuchasen esas máximas y se apegasen a ellas, y otras veces porque las menos capaces y de menos formación podían carecer de discreción y no atenerse a las máximas de la compañía y a las advertencias que se les habían dado a este propósito, y entonces podrían llegar a causar algún desorden, como ha sucedido en esta última ocasión; esto nos ha obligado a cambiarlas con frecuencia.
Sobre la segunda razón para retirarlas se dijo también que la mera consideración y el temor de esas nuevas opiniones 852
aconsejaba sacar de allí a nuestras hermanas, por el respeto y la obligación que teníamos de mantener la autoridad de la iglesia.
Y eso más serviría de edificación que de mal ejemplo.
Nuestro venerado Padre se informó de si alguna se había quejado de la conducta del señor párroco y qué era lo que se había observado.
Se le respondió brevemente indicándole algunas cosas que habían ocurrido, que habían inquietado mucho a los feligreses y que habrían producido mayores desórdenes si no hubiera sido por un buen sacerdote que había en la parroquia que no opinaba como él y que confesaba a la mayor parte; que realmente, durante los primeros años en que estuvo de párroco, como es un hombre naturalmente bueno, apacible y fácil, nuestras hermanas se habían entendido bien con él y habían vivido en paz hasta que los padres del Oratorio del barrio de Santiago, con los que estaba relacionado el párroco, quisieron llevar su dirección y enviaron a uno de ellos que la tomó por completo; y entre los dos dieron mucho que hacer a nuestras hermanas queriendo hacerse cargo absoluto de su conducta y diciendo que no tenían que obedecer a nadie más que al párroco; así las torturaban unas veces con problemas de conciencia, otras metiéndose con su forma de hacer los diversos ejercicios de piedad, hasta llegar a entrar en sus habitaciones y quedándose allí todo el tiempo que les parecía.
Tomo X · página PDF 851Y un día, como algunas de nuestras hermanas defendiesen enérgicamente las máximas de la compañía a este propósito, ellos hicieron tal violencia que llegó el ruido hasta la calle; de forma que, aunque pudo haber alguna culpa por parte de nuestras hermanas por su poca discreción, la gente no dejó de criticar a los eclesiásticos.
Esto fue lo que indujo a esos señores a quejarse d., nuestras hermanas y a pedir que las sacasen de allí.
— Eso es, dijo nuestro venerado Padre, un celo indiscreto, aunque crean que obran bien.
Me parece que, mientras sigan allí esos eclesiásticos, no hay que esperar otra cosa y que es de temer que ganen a algunas de nuestras hermanas, convenciéndolas de sus opiniones.
Por eso hay que prepararse para dejar ese lugar 2. ________ 2 El manuscrito añade aquí: «Esto se ejecutó inmediatamente después, y fueron llamadas nuestras hermanas». 853
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