Documento · tomo X
ESTUDIO SOBRE LA GRACIA
buscar la pobreza, dejar lo que se posee, no resistir al que nos roba, presentar al que nos golpea la otra mejilla? 2. 82 [48,XIII,147-156] ESTUDIO SOBRE LA GRACIA De la gracia 1º Conviene estar bien instruidos sobre las diferencias que existen hoy en la iglesia sobre el tema de la gracia. 2º Estas diferencias consisten en que la antigua opinión de la iglesia es que Dios les da a todos los hombres, tanto fieles como infieles, las gracias suficientes para salvarse, y que se pueden aceptar o rechazar esas gracias.
Y los que tienen nuevas opiniones sostienen que no hay gracias suficientes que se den a todos los hombres; que no hay más que gracias eficaces, que se dan a pocas personas, y que aquellos a los que se les dan no pueden resistir a ellas. 3º Las razones por las que queremos, como ha creído la iglesia hasta el presente, que hay gracias suficientes dadas a todos y que es posible resistir a ellas. 4º Las razones de los adversarios. 5º Los medios para confirmarse y perseverar en la creencia antigua de la iglesia.
I.
¿Cuáles son los motivos que tenemos para estar bien instruidos en el tema propuesto? 1º Que se corre el peligro de verse engañado en el caso de nuevas opiniones y de seguir el error en lugar de la verdad; en este sentido dice el Espíritu santo que el ignorante será ignorado y que morirá en su ignorancia 1.
Ese es el motivo de que muchos, por no haberse ilustrado anteriormente en las opiniones de Lutero y de Calvino, hayan caído en el error. ________ 2.
El último párrafo en latín.
Documento 82.
Autógrafo.
El original pertenecía en 1913 al señor Lacaill 50 boulevar Melesherbes, París; falta el desarrollo de la quinta parte. 1. 1 Cor 14. 38. 189
2º Que va en ello nuestra salvación, que consiste en creer todo lo que la iglesia enseña y que, en cierto modo, los que no quieren recibir instrucción en las cosas de su salvación se dirigen a su condenación. 3º Que es prudente tener ideas claras, en la religión, en caso de división y es una temeridad y un grave peligro obrar de otra manera.
¿En qué consisten esas diferencias?
Ya lo hemos dicho: consiste en saber si Dios les da a los hombres, a todos los hombres, tanto fieles como infieles, esas ayudas que llamamos gracias para que se salven, y que los hombres pueden abusar de esas gracias y rechazarlas.
Y que los de las nuevas opiniones defienden lo contrario: que no hay gracias suficientes dadas a todos, sino sólo gracias eficaces, que solamente se dan a algunos, y que los que reciben esas gracias no pueden abusar de ellas rechazándolas.
Y para entender mejor esta cuestión conviene recordar que hace unos mil doscientos años sostuvo Pelagio que el hombre podía realizar las obras necesarias para la salvación por sus pobres medios humanos, sin más ayuda de Dios que la de las predicaciones, la lectura de buenos libros, y otros medios exteriores semejantes, que nos llevan hacia Dios.
Que san Agustín, contemporáneo suyo, se opuso a estas opiniones de Pelagio y sostuvo que el hombre, por sus propias fuerzas, ayudado por los medios exteriores de la predicación, etc., no podía realizar las cosas necesarias para la salvación, y que se necesitaba una gracia actual y sobrenatural de Dios por medio de Jesucristo. que nos hiciera abrazar los bienes necesarios para la salvación y huir del mal.
En esto fue seguido san Agustín por los soberanos pontífices y por la iglesia, con excepción de algunas personas que siguieron la opinión de Pelagio.
De esta disputa que surgió entre san Agustín y Pelagio han ido surgiendo de vez en cuando algunas otras dependientes de aquella, sucediendo lo mismo que en algunas enfermedades malignas, que nunca se curan, sino que de vez en cuando hacen brotar otras nuevas, lo mismo que aquella que produce cierto mal que no me atrevo a nombrar, junto con fiebres cuartanas en algunos. 190
Tomo X · página PDF 188La de los semipelagianos surgió inmediatamente después de la muerte de san Agustín.
Estos propusieron una opinión media, que estaba de acuerdo con la de san Agustín en sostener que los hombres no podían nada sin la gracia de Dios, y con Pelagio en que decían que los hombres tenían dentro de si un principio de obras buenas, que daba lugar a que Dios les diera esas gracias; por eso se llamaron semipelagianos y fueron condenados por la iglesia.
Cuatrocientos años más tarde, ese error produjo otro, que era que Nuestro Señor no había muerto por todos; de forma que el obispo de Troyes 2, al no poder asistir a la elección de un obispo en París, envió a un procurador para votar a uno, expresamente con la condición de que creyese que Nuestro Señor no había muerto por todos.
Y aquella opinión, de que Nuestro Señor no había muerto por todos era para excluir la gracia suficiente dada a todos los hombres.
El año 1560 Bayo, doctor y decano de Lovaina, defendió un cúmulo de opiniones, entre las que había algunas contra la libertad de indiferencia, diciendo que lo voluntario, aunque necesario, estaba de acuerdo con la libertad que se ha entendido siempre como libertad de indiferencia; hacía esto para mostrar que es imposible resistir a la gracia.
Y esas opiniones fueron condenadas por Pío V; rechazadas una vez más bajo el pontificado de Gregorio XIII, este Papa condenó explícitamente esas opiniones.
Pero volvieron a empezar el año 1640 3 por obra del obispo de Ypres, Jansenio, y han sido defendidas también por el abad de Saint-Cyran y otras muchas personas que las han abrazado.
Pero lo mismo que lo que queda de una enfermedad, como hemos dicho, es otra enfermedad distinta, también los errores de Jansenio son diferentes de aquellos que hubo en tiempos de san Agustín.
Las opiniones de Pelagio iban en contra de la necesidad de la gracia interior para la salvación; y las de estos tiempos son que Dios no les da a todos la gracia de salvarse, y que las ________ 2.
El obispo Prudencio.
El hecho mencionado por san Vicente sucedió en el año 858. 3.
Año de la publicación del Augustinus. 191
gracias que da a algunos obran necesariamente, de forma que es imposible resistir a ellas.
Según esto, hemos de demostrar que Dios da gracias suficientes a todos los hombres y que Nuestro Señor, al darnos esas gracias, no coacciona a nuestro libre albedrío, sino que le deja la libertad de emplear bien esas gracias o de abusar de ellas.
La prueba de lo que afirmo se saca de la sagrada Escritura, de los concilios, de los santos padres y de la razón.
He aquí las que hacen ver que la bondad de Dios es tan grande que les da medios a todos los hombres de salvarse.
San Pablo dice de Dios que quiere que todos los hombres sean salvos 4.
De aquí se hace este argumento: si quiere que todos los hombres se salven, es necesario que les dé a todos los hombres los medios para poder salvarse, sabiendo muy bien que no pueden conseguirlo por sus propias fuerzas, ya que ha hecho decir a san Pablo: No podemos decir Abba, Padre, más que en el Espíritu santo 5.
La misma Escritura dice también de Dios que no quiere que nadie perezca6 Siendo esto así, es necesario que les dé a todos la ayuda para impedirlo.
En tercer lugar vemos que ha dado un medio universal para salvar a todo el mundo, que es el de la muerte y pasión de nuestro Señor: Uno ha muerto por todos7.
Y san Juan dice en otro lugar: Murió como propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo 8.
Y la iglesia, para demostrar que lo entiende de esta manera, pone en labios del sacerdote estas palabras en la oblación del cáliz: Te ofrecemos, Señor, el cáliz de salvación, suplicando a tu clemencia que suba hasta la presencia de tu divina majestad por nuestra salvación y la de todo el mundo.
Y el concilio de Orange dice que todos los bautizados pueden y deben realizar las cosas necesarias para la salvación con la gracia preveniente de Cristo. ________ 4. 1 Tim 2,4. 5.
Rom 8, 15. 6. 2 Pe 3, 9. 7. 2 Cor 5, 14. 8. 1 Jn 2. 2. 192
Y san Agustín, en relación con aquellas palabras: Ilumina a todo hombre que viene a este mundo , se pregunta cómo es que no todos son iluminados, y responde: No es que les falte la luz, sino que ellos faltan a la luz.
Y este mismo santo, al preguntarse cómo es que, aunque Dios les da siempre su gracia y su buena voluntad a todos los hombres, no todos se salvan, responde: porque no quieren; eso es lo que dice, y advertid cómo da a todos esa gracia.
Y su discípulo san Próspero dice, hablando de la gracia que esta ayuda se les concede a todos.
Y Pablo Osorio dice que cree firmemente que se les da a todos los hombres la gracia para que se salven: No sólo a los fieles, sino a todas las gentes; y no sólo algunos días, sino todos los días, en cada tiempo, en cada hora, en cada momento, en cada instante .
Y luego concluye diciendo que a ningún hombre le falta esa ayuda.
Y ciertamente no puedo explicarme cómo Dios, que es una bondad infinita, que tiene siempre los brazos abiertos para abrazar a los pecadores según se dice: Todos los días abro mis manos a un pueblo que no cree y que me contradice , sería capaz de negar sus gracias a todos los que se las piden y se dejaría aventajar por la bondad de David, que se preocupaba por encontrar a alguno de su casa, que fuera su enemigo, para concederle su misericordia.
Añadid a ello que, si Dios niega a algunos sus gracias, no habría motivos para exigirles la observancia de los mandamientos de Dios, que él sabe que no pueden cumplir sin su ayuda; y eso sería una acusación contra la justicia de Dios, si los condenase por eso; pero no puede pensarse en esa posibilidad, porque de ello se seguiría que no habría infierno para los hombres.
Según esto, se deduce que Dios es tan bueno que, lo mismo que no depende del sol el que todo el mundo vea, sino de la falta de vista, o de que uno cierra las ventanas a los ojos, también Dios envía sus gracias a todo el mundo, sin que dependa de él que todo el mundo se salve.
El bienaventurado obispo de Ginebra demuestra esto con la comparación de unos peregrinos que, habiéndose dormido todos, a la hora de despertar, unos se levantan, caminan y llegan felizmente al sitio adonde se dirigían, mientras que otros 193
Tomo X · página PDF 191se despiertan tarde, se extravían durante la noche y son asaltados y saqueados por los ladrones; pues bien, el sol salió a la misma hora para todos, y no depende de él el que no todos se levanten y lleguen felizmente al lugar adonde iban 9.
Estas son las objeciones en contra: Se afirma que san Agustín dijo: Dios no quiere que todos se salven.
Esto es verdad en relación con los que no han querido observar los mandamientos, pero no en relación con quienes los observamos.
Dios desea que todo el mundo se salve y les da a todos los medios para ello pero, si no los observan, la culpa no es de Dios, sino de ellos.
Se objeta también que: Hemos dicho que la segunda dificultad consiste en la opinión que tienen los seguidores de las nuevas opiniones, de que la gracia de Dios actúa de tal forma que no puede resistirlo nuestro libre albedrío.
Estas son las razones en contra de esta afirmación: El concilio de Trento dice lo contrario en la sesión 6 Sobre la justificación, fulminando el anatema contra los que creen que nuestra voluntad no puede resistir al movimiento de la gracia 10, basándose en la Escritura, que dice: ¿Hasta cuándo vais a resistir al Espíritu Santo?
Os llamé y no me escuchasteis.
¡Jerusalén, Jerusalén!
¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, lo mismo que reúne la gallina a sus polluelos, y no quisiste!, y en san Agustín que afirma (como se dijo anteriormente) que los hombres no observan los mandamientos de Dios, porque no quieren.
Y dice también de Esaú: Esaú no quiso correr, y no corrió; si hubiera querido, habría corrido y habría llegado al paraíso si, después de despreciar su vocación, no hubiera sido reprobado.
Y el mismo san Agustín en otra ocasión, hablando del faraón y de Nabucodonosor, dice: «Los dos eran reyes, los dos persiguieron a Dios y Dios los castigó a los dos con infinita clemencia; uno de ellos se arrepintió, otro luchó con su libre albedrío contra la verdad de Dios misericordiosísimo».
El bienaventurado obispo de Ginebra para expresar cómo puede ser esto, se sirve de la comparación de las aves que no ________ 9.
San Francisco de Sales, Tratado del amor de Dios, I.IV ,cap.5. 10.
Canon 4. 194
tienen patas 11: al no poder levantarse para volar más que con la ayuda del viento y extendiendo sus alas, pueden también quedarse en el lugar en que están si no extienden las alas; puede soplar perfectamente el viento, pero no se las llevará si ellas no quieren y no extienden las alas.
También se ve esto en la comparación de los peregrinos que citamos anteriormente, en la de nuestros ojos que pueden rechazar los rayos del sol, y de los navíos que están en el mar y que pueden rechazar el impulso del viento recogiendo sus velas.
Estas son las razones por las que Dios les ha dejado a los hombres la libertad de rechazar su gracia.
Si así no fuera, el hombre lo haría todo por necesidad y por consiguiente no podría tener mérito alguno.
¿Qué mérito tiene un forzado en saludar al general de las galeras?
Un hidalgo libre de la provincia le honrará mucho más al saludarle que diez mil forzados.
Según todo esto, se seguiría que el hombre no tendría ningún mérito en el bien que hace, ni en el mal que evita, y por consiguiente que no habría recompensa, ni por tanto cielo, y que, al no haber tampoco infierno como se ha dicho, trabajaríamos inútilmente, haríamos el bien y huiríamos del mal sin esperanza alguna de recompensa y sin temor alguno de ser castigados.
En una palabra, de allí se seguiría, como dice santo Tomás en el libro De lege evangelica, que nuestra religión es vana y una pura locura, de ahí viene quizás que uno de los autores de estas bonitas opiniones 12, desde que entró en ellas, abandonó el ayuno y la abstinencia y dejó de celebrar la santa misa, que antes celebraba todos los días, y que su segundo de a bordo 13 no ha hecho nunca un acto exterior de virtud a los ojos de quienes lo han tratado.
Estas son sus objeciones: — Según san Agustín, Dios conduce al alma inflexiblemente, de una forma insuperable e indeclinable; por tanto, nuestro libre albedrío no Puede defenderse contra esta moción de Dios. ________ 11.
San Francisco de Sales, o.c., I.II,cap.9. 12.
Probablemente, el abad de Saint-Cyran. 13.
¿Estará pensando san Vicente en Antonio Arnauld, o en Barcos, el sobrino del abad de Saint-Cyran? 195
Tomo X · página PDF 193Respondo que, por parte de la gracia, la gracia sí que obra de esa manera, pero que por parte de la voluntad ocurre lo mismo que cuando el sol conduce a la facultad de ver de forma insuperable, etc., pero que no puede obrar de esa manera cuando el hombre cierra sus párpados e impide el efecto del esplendor del sol.
— San Agustín dice que Dios no les da a los hombres actualmente la gracia de querer y de no querer, como hizo con Adán, por culpa de su pecado y de la decadencia de la virtud del libre albedrío.
Pero respondo que, aunque no tengamos esta gracia inherente en nosotros, por la razón indicada, Dios nos la da cuando la necesitamos.
Pues, ¿cómo diría, si no, el concilio de Trento que el hombre contribuye al movimiento de la gracia y la rechaza si quiere, fulminando el anatema contra quienes dicen lo contrario?
— San Agustín pone la libertad en el deleite de hacer el bien y huir del mal, pero no en la indiferencia.
Respondo que las autoridades mencionadas de Esaú y de los dos reyes que él alega demuestran que ellos pueden hacer el bien y huir del mal.
— Dicen que el voluntario necesario es esa libertad que siempre se entiende de indiferencia.
Respondo que esa opinión está condenada, lo mismo que la que dice que esa clase de libertad no se encuentra en la Escritura.
Pudo pecar y no pecó, hacer el mal y no lo hizo 14.
He puesto ante ti el fuego y el agua: extiende la mano hacia lo que quieras 15.
— San Agustín está formalmente en contra de las opiniones antiguas de la iglesia en torno a la gracia.
Eso es lo que les parece a los de este partido; los pasajes anteriormente citados demuestran lo contrario.
— ¿Quién es el que te distingue? 16.
Esta es otra objeción.
Respondo que no soy yo, sino la gracia de Dios conmigo17. ________ 14.
Ecl 31, 10. 15.
Ecl 15, 17. 16.
I Cor 4, 7. 17.
I Cor 15. 10 196
— La justificación es obra de Dios, y no de los hombres.
No es del que quiere, ni, etc. 18.
Respondo que esto es verdad de nuestras propias fuerzas, pero no con la gracia de Dios, con la cual cooperamos nosotros en nuestra justificación.
— La opinión moderna es más humilde, mientras que la antigua es orgullosa.
Respondo lo que dice san Pablo: El que se gloría, que se gloríe en el Señor 19; no podemos nada sin la gracia y por eso toda la gloria se le debe a él, lo mismo que un maestro que toma y dirige la mano del niño para hacerle escrihir 83.
SAN VICENTE CELEBRANTE DE LOS OFICIOS DE SEMANA SANTA [1652] Paul Masson, nacido en Pons, diócesis de Amiens, de 80 años de edad, doctor en artes por la Universidad de París, cura de la diócesis de Chartres depone, entre otras cosas... «En el año de 1652, estando haciendo los ejercicios espirituales en San Lázaro, durante la Semana Santa, para disponerse a recibir el sacerdocio que tuvo el honor de recibirlo el sábado siguiente, fue escogido para servir como diácono a la misa celebrada por el servidor de Dios, Vicente de Paúl, el jueves santo.
Acabada la misa, el servidor de Dios hizo la ceremonia de la cena, lavando los pies a doce pobres.
Realizó esta función con tanta devoción, que el testigo estuvo obligado a sostenerle en sus brazos con el subdiácono y de levantarle de los pies de los pobres ante los cuales él se mantenía prosterna ________ 18.
Rom 9, 16. 19. 1 Cor 1, 31.
Documento 83.
Procès informatif parisien de la canonisation, 158 temoignage.
El testimonio lo da Paul Masson, hijo de Juan Masson y de Margarita Avord, párroco de Val Saint Germain, de la diócesis de Chartres, el día 23 de Junio de 1705 en el priorato de Louyé de la Orden de Grandmont.
Conoció y admiró a S.
Vicente en la casa de los Lamoignon.
Cf.
Annales C.M. 103 (1938) 475-476. 197
do.
El testigo ha notado con cuánta devoción, el servidor de Dios, después de haber lavado los pies de cada uno de los pobres, los abrazaba y los besaba con tanta ternura y respeto como si besara reliquias. 84.
EXAMEN Y CERTIFICADO DE DOCUMENTOS RELATIVOS A LAS RELIGIOSAS HOSPITALARIAS DE LA CARIDAD DE NUESTRA SEÑORA 13 febrero 1653 El año y día indicados, estando presentes nosotros, Fabien Hervé y Claude Moussinot, notarios apostólicos de la Curia arzobispal de París, abajo firmantes, comparecieron Etienne Binet, provincial de los Reverendos Padres Jesuitas de la ________ Documento 84.
Esta acción se efectúa a consecuencia de un rescripto apostólico de Urbano Vlll, 14 de diciembre de 1633, que concernía a la Congregación de la Madre Francisca de la Cruz, y para ella se había formado una Comisión el 12 de febrero de 1635.
El manuscrito forma parte de las nuevas adquisiciones francesas (1810), 2-13 contienen los Estatutos y Ordenanzas de la Tercera Orden de San Francisco... aceptadas en Wisbecq,1483; 14-21 contiene la Tercera Regla de San Francisco 25-69 contienen las Constituciones de las Religiosas Hospitalarias de la Caridad de Nuestra Señora de la Orden de San Agustín aprobadas el 12 de noviembre de 1634 por Juan-Francisco de Gondi, arzobispo de París, 70.
De esta congregación hay diversas huellas en los escritos de san Vicente, así Coste, t.
XIV: Hospitalières de la Charité Notre-Dame .
El P .
Hélyot (16601716) menciona expresamente la intervención de san Vicente en favor de la Madre Francisca de la Cruz, véase su Histoire des Ordres religieux(1792, XL VIII, t.
IV , 382-394.
Cf art. de Dom Gazeau, Catholicisme).
De la Madre Francisca tiene una Vie... (1745, París, chez J.
Barrois, XXIV216) el P .
Pin.
Nacida en Pathai-en-Dunois (Patay, Loiret) en septiembre de 1591, la que antes de su confirmación se llamó Simone Gauguin, fue hija legítima de Jean Boucher y Pierret Houzé.
Entre los 12 y los 17 años había guardado ganados.
Mas en Orgeres-en-Beauce, próximo a Pathai, veraneaba Madame Mangot, mujer del Guardasellos, quien se prendó de la muchacha y la tomó a su servicio la víspera de Navidad de 1614.
En Pascua siguiente Francisca se presenta a la viuda del Procurador de la Cámara de Cuentas de Rouen, Madame Jeanne Hennequin.
El 11 de julio de 1615 es ya su hija adoptiva, y cuando le sobreviene la muerte (Louviers,1622), Francisca tiene la idea de una fundación.
En 1623 ha ensayado la vida religiosa en un medio adverso.
Más tarde se establece por si misma en París (Rue du Colombier, rue des Tournelles, Saint-Paul).
En enero de 1625, obtiene de Luis XIII carta 198
provincia de Francia, Antoine Vigier, rector de los RR.
PP . de la Doctrina cristiana de París, y Vicente de Saint-Paul [de Paúl], superior de los sacerdotes de la Congregación de la Misión, quienes nos dijeron e hicieron la declaración de habérseles requerido por parte de la Madre priora de las Religiosas hospitalarias de la Caridad de Nuestra Señora de la Place Royale, para ver el Breve de Su Santidad anteriormente escrito, y mirar lo que sería preciso hacer a fin de aprovechar la gracia que Su Santidad concede a dichas Religiosas.
Visto, pues, dicho Breve y las Constituciones otorgadas por el Ilustrísimo y Reverendísimo arzobispo de París, y que éstas se atienen a lo ordenado por Su Santidad, no conteniendo nada que no esté sabiamente mandado y conforme al Concilio de Trento y a los cánones y Decretos de la iglesia, juzgaron que todo ello estaba tal como es preciso para que se estime aprobado por Su Santidad y establecido por autoridad apostólica, sin que haya cosa alguna que ajustar; de ahí y de cuanto a nosotros se pide, que sirva y valga el acta presente a favor de ellas levantada en el lugar y tiempo que son de razón.
Firmaron con nosotros los antedichos y abajo firmantes: E TIENNE BINET y todos los demás, con rúbricas ANTOINE VIGIER VINCENT DEPAUL ________ patente para un hospital destinado a las mujeres y muchachas enfermas.
Pese a la oposición del Hôtel-Dieu y de los Hermanos de la Caridad, se instala cerca de los Mínimos de la Place Royale.
El 9 de junio de 1628 el arzobispo aprueba la casa, y el 18 bendice el hospital.
El 24 de junio de 1629, la fundadora emite los votos solemnes.
Tras excruciantes acusaciones de magia, sortilegio, crímenes, de las que fue declarada inocente, Francisca de la Cruz moría el 14 de octubre de 1657 siendo enterrada en la iglesia de su monasterio.
El abate Gobelin, decano de Notre-Dame, pronunció su elogio fúnebre.
Cf.
Annales C.M. 124 (1959) 401-403. 199
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