Conferencia · tomo X
PLATICA A LOS POBRES DEL NOMBRE DE JESUS
85 [49,XIII,156-163] PLATICA A LOS POBRES DEL NOMBRE DE JESUS [Verano de 1653] 1 El domingo..., el Padre Vicente fue al Nombre de Jesús para comenzar a enseñar a los pobres obreros de la familia de Jesús la doctrina cristiana.
Una vez llegado les dijo: «Rezaremos ahora el rosario y luego os daré una plática».
Y después de haberlo rezado, empezó a decir: Hijos míos, creo que haremos una cosa muy agradable a Dios si hablamos de la doctrina cristiana, y para ello os preguntaré sobre los principales misterios de la fe y de la señal de la cruz.
Pero no os asustéis si no la sabéis hacer; no, hijos míos; pero tenéis que hacer todo lo posible por aprenderlo; el motivo de ello es que vuestro fundador, vuestro sostenedor 2, os ha admitido aquí con esta intención, atendiendo especialmente a la salvación de vuestras almas.
Esta razón os obliga a hacer todo lo posible para aprender bien lo que se os enseñe.
Este es el deseo de vuestro fundador; me ha dicho lo siguiente: «Padre, no me interesa el cuerpo, sino el alma.
Yo entrego mis bienes para su mantenimiento, no solamente para sacarles de su miseria, sino para que sean instruidos y se les enseñe todas las cosas que se necesitan para su salvación».
Fijaos, hijos míos, lo hermoso que es que Dios haya dado estos pensamientos a un hombre, y un hombre de mundo.
¿Verdad que es maravilloso que Dios haya dado tales sentimientos a uno de sus siervos para con vosotros?
Esta es, por tanto, la primera razón que tenéis para aprenderlo bien.
Otra razón es que, si no, no conseguiréis la salvación.
Estáis obligados a saber los principales misterios de la fe, si es que queréis salvaros.
Ved si no es éste un poderoso motivo para aprenderlos bien y caed en la cuenta del gran favor que ________ Documento 85.
Archivo de las hijas de la Caridad, original, escrito por una hermana. 1.
No lleva fecha, pero su contenido demuestra que fue pronunciado el mismo año de la fundación del hospicio del Nombre de Jesús, en época de calor. 2.
El señor de París que había fundado el hospicio. 200
Dios os ha hecho al poneros con su bondad en un sitio en el que tenéis tantos medios, y tendréis muchos más todavía, según espero.
Hijos míos, tenéis que hacer todo lo posible por retener bien las instrucciones que os den, en la seguridad de que estáis obligados a ello como cristianos e hijos de Dios.
El doctor angélico santo Tomás dice que nadie puede salvarse sin saber ni creer que existe un Dios en tres personas.
Y los teólogos dan la razón de ello, diciendo que se trata de medios necesarios para la salvación.
Pues bien, el que no se preocupa de los medios que ayudan a la salvación no podrá salvarse.
Así pues, éstas son las dos principales razones que tenéis para aprender bien.
Voy a empezar a preguntaros; aunque no sepáis responder bien, no os preocupéis de ello.
Os preguntaré si sabéis hacer bien la señal de la cruz; aunque no lo sepáis, no tenéis que apenaros por ello.
No sois los únicos que no lo sabéis.
¡Cuántos hay en la corte, y hasta presidentes, que no la saben hacer!
Esto tiene que animaros a superar la vergüenza que sentimos muchas veces cuando no sabemos contestar a lo que nos preguntan.
Es el orgullo el motivo de esa vergüenza, porque siempre nos gusta aparentar más de lo que somos y sabemos.
Tenéis que hacer como esas buenas gentes del campo que demuestran tantas ganas de saber que vienen ante nosotros y nos dicen: «Padre, tengo mucho miedo de no saber todo lo que es menester que yo sepa.
No me ha instruido nadie.
Haga el favor de preguntarme para ver qué es lo que sé».
Fijaos bien, hijos míos, cómo esas buenas gentes no tienen vergüenza de parecer ignorantes.
Eso es lo que hay que hacer.
El Padre Vicente, después de haber dicho todo lo que hemos referido, empezó a preguntar a aquellos buenos hombres uno después de otro sobre la señal de la santa cruz y a enseñarles cómo había que hacerla, haciéndola él mismo varias veces para enseñárselo no sólo de palabra sino con su ejemplo.
Y dijo: La señal de la cruz, que es la señal de los cristianos, ha sido siempre muy usada desde el tiempo de los apóstoles y discípulos de nuestro Señor, que adoptaron esta señal para conocerse los unos a los otros, de forma que, cuando dos cristianos se encontraban en algún lugar, para saber si eran discípulos de 201
nuestro Señor, se hacían la señal de la cruz y se reconocían por medio de esa señal, sin decirse una sola palabra, porque no se atrevían a descubrirse abiertamente.
Pero, como se habían dado aquella señal para reconocerse, nadie se daba cuenta más que ellos, que veían enseguida quiénes eran cristianos.
Y entonces se abrazaban, se demostraban cariño y afecto y se decían palabras de consuelo.
Así es como usaban de ella los cristianos de la primitiva iglesia.
Después de que el Padre Vicente les enseñó a hacer bien la señal de la cruz, les preguntó si sabían el misterio de la santísima Trinidad, les fue preguntando a uno tras otro y, para hacérselo comprender mejor, les dijo: Hijos míos, os voy a poner una comparación, que nos enseñó san Agustín, y que está sacada del sol.
De la misma manera que en el sol hay tres cosas y esas tres cosas no hacen tres soles, también en la santísima Trinidad hay tres personas, pero esas tres personas no hacen más que un solo Dios.
Así pues, en él hay tres cosas, que son el cuerpo del sol, la luz y el calor.
El cuerpo del sol es ese astro tan hermoso que vemos en el cielo.
La luz es lo que nos ilumina a nosotros y a todos los que están en la tierra, lo que disipa las tinieblas de la noche y lo que finalmente alegra al mundo; porque, si estuviéramos en tinieblas, ¿qué alegría podría haber?
La tercera cosa que hay en el sol es el calor, un gran calor, que procede del cuerpo del sol y de la luz.
Ese gran calor es el que hace madurar los frutos y las demás cosas que hay en la tierra.
Cuando veis que hace calor, un calor sofocante, como el que hacía cuando hemos entrado aquí, es del sol de donde procede.
Por esa comparación podéis comprender cómo no hay más que un Dios y tres personas en Dios, que son inseparables las unas de las otras, lo mismo que el sol es inseparable de su luz y de su calor.
Esas tres cosas no se separan, como muy bien sabéis por experiencia ¿Por qué no hará tanto calor esta noche como está haciendo ahora?
Porque el sol se habrá retirado; y como el calor es inseparable del sol, ya no lo sentiremos, porque el sol se habrá retirado.
Empezó a preguntar a los hombres y, dirigiéndose a un muchacho, le preguntó: 202
— ¿Quién es Dios, hijo mío?
— Padre, es el creador del cielo y de la tierra, el señor de todas las cosas.
— Bien, muy bien respondido.
Es el creador del cielo y de la tierra.
¿Qué es lo que quieres decir con esas palabras: Creador del cielo y de la tierra?
— Quiero decir que lo ha hecho todo.
— Sí; cuando se dice «Creador del cielo y de la tierra» se quiere decir que lo ha hecho todo.
Tenéis que recordarlo bien, hijos míos.
Cuando oigáis pronunciar esta palabra, tenéis que recordar que creador quiere decir que él lo ha hecho todo.
Pero podéis preguntarme: «¡Cómo!
¿Ha hecho Dios todo lo que hay en la tierra?».
Sí, lo ha hecho todo. «Pero, Padre, ¿ha hecho Dios a todas esas criaturas tan distintas que vemos en la tierra?».
Lo ha hecho todo eso, y para el servicio del hombre.
No hay ni una sola criatura, por muy pequeña que sea, que no la haya hecho; hasta a un mosquito, que es tan pequeño; Dios lo ha hecho. «¡Cómo!
¿Es posible que Dios haya creado eso?».
Sí, es verdad que ha creado a ese mosquito que apenas se distingue sobre la piel, y a esas pequeñas hormigas que veis correr; Dios ha creado todo eso.
Los misioneros que han ido a evangelizar a esos pobres salvajes que no sabían lo que era Dios, cuando les enseñaron que había un Dios en tres personas, no sabían comprender eso, ni responder.
Cuando les preguntaban: «¿Quién es Dios?», no sabían responder ni comprender, hasta que se les decía que es el creador del cielo y de la tierra, el que lo ha hecho todo.
Cuando se les pregunta quién es Dios, contestan: «Es el que lo ha hecho todo».
Fijaos, hijos míos, la dicha que tenéis por haber nacido en un país cristiano, donde se conoce a Dios en la medida que puede permitirlo la debilidad de nuestro espíritu.
— Hijo mío, ¿cuántos dioses hay?
— No hay más que un solo Dios.
— ¿Y cuántas personas hay en Dios?
— Hay tres personas, pero las tres personas no hacen más que un solo Dios.
— ¿Podrías ponerme un ejemplo para comprender esto? 203
— Padre, puede servirnos el ejemplo de una vela, ya que en ella hay tres cosas: la cera, la mecha y el fuego; y esas tres cosas no hacen más que una sola vela.
— ¡Dios te bendiga, hijo mío!
Este muchacho nos ha puesto el ejemplo de una vela en la que hay tres cosas, que no hacen más que una sola vela encendida.
Del mismo modo, aunque hay tres personas en la santísima Trinidad, no son tres dioses, sino uno solo.
Acordaos bien de esto, de que no hay tres dioses, de que no hay seis, de que no hay diez ni veinte, como creen los paganos, pues se imaginan que hay muchos dioses; no, no hay más que un solo Dios en tres personas.
Luego, dirigiéndose a una mujer, le preguntó: — ¿Quién es Dios?
— Es el creador del cielo y de la tierra.
— ¿Qué quiere decir creador?
¿Qué significa crear alguna cosa?
— Es hacer una materia de la nada.
— ¡Qué lista es usted, amiga mía!
Quiere usted decir que crear es hacer alguna cosa de la nada; y sólo pertenece a Dios este poder de hacer alguna cosa sin materia alguna.
Los hombres pueden muy bien hacer alguna obra; pero esto se entiende de que hacen una cosa de otra, como por ejemplo hacer esta casa es hacer algo; pero como se necesitan piedras, cemento y otros materiales, eso no puede llamarse crear, sino hacer.
Esta es la diferencia que hay entre hacer y crear: para hacer se necesita tener antes una materia, mientras que para crear no se necesita nada más que la omnipotencia de Dios, que puede hacer todo lo que le venga bien.
Estas son, hijos míos, las razones que os obligan a aprender bien la intención de vuestro fundador: que sin eso no hay salvación.
Mirad si vale entonces la pena que os esforcéis en ello, para reconocer las gracias que Dios os ha concedido al haberos provisto de las cosas necesarias tanto para el cuerpo como para el alma.
¿Podéis desear algo más?
Se os da con qué alimentaros, no ya como a los presidentes, pero al menos lo necesario.
¡Cuántos pobres hay en París y en otros lugares que no tienen la dicha que vosotros tenéis!
¡Cuántos pobres de la nobleza que se considerarían muy felices si tuvieran el alimento que vosotros tenéis!
¡Cuántos pobres trabajadores que tra204
bajan desde la mañana hasta la noche, que no están tan bien alimentados como vosotros!
Todo esto os tiene que obligar a trabajar manualmente mientras podáis, según vuestras fuerzas, en vez de poneros a pensar: «No tengo que preocuparme por hacer nada, ya que estoy seguro de que nada habrá de faltarme».
¡Hijos míos!
Tenéis que guardaros mucho de esto y decir más bien que hay que trabajar por amor de Dios, ya que él mismo nos dio ejemplo trabajando continuamente por nosotros.
Este es, por tanto, el fruto que tenéis que sacar de esta instrucción: amar el trabajo, a ejemplo de nuestro Señor, que tanto trabajó por nosotros, y aprender las cosas que son necesarias para la salvación, y cuanto antes, no sea que la muerte os sorprenda.
Hay muchas personas que tienen ganas de aprender; pero es cuando se encuentran en el lecho de muerte; y entonces se ponen a decir: «Enséñenos, díganos los actos que tenemos que hacer».
Pero entonces muchas veces es demasiado tarde para ellos.
Hagamos de manera que no nos ocurra a nosotros esta desgracia y procuremos hacer todo lo que podamos para sacar provecho de las gracias que Dios nos ha concedido.
Pido a su divina bondad que nos dé la gracia de ayudarnos a hacer lo que él pide de nosotros, y a mí la de cumplir con mi deber, dándoos las instrucciones necesarias, ya que me ha escogido para serviros, a pesar de que no soy más que un pobre pecador.
Sancta María, succurre miseris... 86 [50,XIII,163-165] EXHORTACION A UN SACERDOTE PARA QUE ACEPTE EL CARGO DE CAPELLAN EN EL HOSPITAL DE PARIS 20 mayo 1655 El jueves, 20 de mayo de 1655, fue a verle un sacerdote y, después de haber hablado con él, se marchó.
El Padre Vicente, estando ya a punto de marchar a la ciudad, preguntó dónde ________ Documento 86.
Manuscrito de las repeticiones de oración, conferencias y pláticas a los misioneros, fº 17 vº. 205
estaba aquel sacerdote y, cuando le dijeron que se había ido, partió enseguida y dio prisas a la carroza para que alcanzara a aquel buen sacerdote; lo alcanzó en el barrio de Saint-Denis y le invitó a subir a la carroza.
Aquel buen hombre quiso excusarse, pero el Padre Vicente le dijo: «Señor, suba usted, por favor; tengo una cosa que proponerle».
Después de subir, el Padre Vicente empezó a decirle: Señor, he pensado en proponerle si le gustaría a usted aceptar un humilde cargo para el que se necesita a un buen eclesiástico.
Se trata de lo siguiente.
En el hospital de esta ciudad hay de ordinario seis sacerdotes, a los que se mantiene a fin de utilizarlos en oír las confesiones generales de todos los pobres que acuden a dicho hospital.
Es un sitio en donde hay mucho bien que hacer y muchos servicios a Dios.
Las damas de la Caridad entregan para ellos quinientas libras a cada uno y además, actualmente, les dan de comer en comunidad.
Estos son los pros y los contras que pueden llevarle a aceptar este cargo o a dejarlo: 1º Los grandes bienes que allí pueden hacerse; pues de todo los pobres que van, unos mueren y otros se curan.
Si mueren, hay motivos para creer que se salvan, después de la confesión general que hicieron al entrar allí; y de este modo usted habrá cooperado a la salvación de esas almas y ellas rezarán a Dios por usted.
Si se curan, hay motivos para esperar que tendrán más interés en no volver a caer en pecado y que harán buen uso de los consejos que usted les habrá dado.
Ya ve usted cómo, en cualquiera de los dos casos, el bien es muy grande y muy agradable a Dios.
En contra está todo lo que puede impedirle entregarse a Dios para trabajar en esta buena obra, a saber, el temor de la mala atmósfera que hay allí entre los enfermos y que no podrá tener usted tiempo para ir de un lado a otro por la ciudad para atender a sus asuntos.
Pues bien, le diré, para responder a esta primera objeción, que sólo sé de un sacerdote que haya muerto allí desde hace siete u ocho años.
Toda la dificultad que hay en ello es que al principio cuesta un poco acostumbrarse; pero luego uno se habitúa a aquella atmósfera y no la siente.
Además, Dios asiste de una manera especial a los que se entregan a él para servirle en esta buena obra.
Después de 206
todo, ¿no son acaso suyas nuestras vidas?
¿Podríamos hacer algo mejor que emplearlas en su servicio?
Por lo que se refiere a lo otro, es verdad que tendría usted que deshacerse de todos los negocios que pueda tener en la ciudad, debido a que, una vez entrado allí, no se sale fácilmente, dado que siempre hay trabajo con los pobres que allí abundan.
Esto es lo que tenía que decirle.
Le he dicho los pros y los contras: por un lado, los grandes bienes que allí se hacen y la excelencia de este cargo, tan agradable a Nuestro Señor que él mismo vino, como nos dijo, para evangelizar a los pobres; y por otro, lo que puede disuadirle de abrazar este cargo.
Le ruego que piense en todo ello de hoy hasta el sábado, que vendrá usted a verme para decirme qué es lo que ha decidido, ya que el asunto urge un poco.
Entretanto vaya a ver de mi parte al señor Ladvocat y dígale el motivo por el que yo le envío a él, a fin de que él no contrate a otro 1. 87.
TESTIMONIO DE SAN VICENTE SOBRE NICOLAS SEVIN NOMBRADO COADJUTOR DEL OBISPO DE CAHORS 8 junio 1656 El venerable y prudente varón, Vicente de Paúl, sacerdote, superior general de la Congregación de la Misión, de 76 años, poco más o menos, residente en su casa de San Lázaro, cerca de París, responde, previo juramento y con la mano en el pecho, como sigue: En cuanto al primero de los puntos, responde que hace ya 14 años que conoce muy bien al Ilustrísimo nombrado Coadjutor, porque le trató con frecuencia y declara no ser consanguíneo, ni afín, ni envidiarle, ni excesivamente familiar, ni odiarle. ________ 1.
Aquel eclesiástico acepto el empleo que san Vicente le proponía.
Documento 87.
Processus consistoriales, t. 54, fº 527 v-528 r.
Processus pro coadjutoria ecclesiae caturcensis.
Cf.
Combaluzier F . en VicentianaI (1968) 64-65. 207
En cuanto al segundo y tercero, dijo que hace ocho años, el dicho Coadjutor fue nombrado y consagrado Obispo de Sarlat y que desde aquel tiempo continuó al frente de dicha iglesia.
En cuanto al cuarto responde afirmativamente.
En cuanto al quinto, sabe que el dicho Reverendísimo Sr., nombrado Coadjutor (lo sabe muy bien) visitó solemnemente, todos los años, su iglesia de Sarlat y toda la diócesis con gran consuelo de las almas y que socorrió también oportunamente las necesidades de los fieles.
En cuanto al sexto, que no sólo en los días de festividad solemne, sino también en otros días, celebró la Misa, tuvo ordenaciones, administró el sacramento de la confirmación en el tiempo debido y según lo exigía la necesidad y ejercicio de los otros deberes pontificales.
En cuanto al séptimo, dijo que también estaba cierto que durante el gobierno de su episcopado dejó muchos ejemplos de piedad, caridad y prudencia pastoral, que predicó frecuentemente en muchas iglesias de su diócesis, en donde aprovechó mucho con la palabra y el ejemplo.
En cuanto al octavo, sabe que siempre se comportó con prudencia y se mantuvo firme en defender los derechos de su iglesia y en aumentarlos y no ahorró trabajos y gastos por lo que cayó en enemistad de muchos.
En cuanto al noveno, que está dotado de doctrina excelente y que el presente tiene la que se requiere en el obispo para que pueda enseñar a otros.
En cuanto al décimo, sabe que el nombramiento de dicho Ilustrísimo Sr.
Obispo de Sarlat como Coadjutor del Obispo de Cahors será de gran utilidad, sin menoscabo del episcopado de Sarlat, que dista solamente de Cahors unas seis leguas francesas, a lo más, lo que nada impide que el dicho Ilustrísimo Sr. designado Coadjutor, de edad conveniente, y salud fuerte, pueda ejercer sus obligaciones en el obispado de Sarlat y como Coadjutor hacer las veces en el obispado de Cahors, de donde se ve que ni el Ilustrísimo Sr. de Cahors, de edad avanzada y salud precaria, puede elegir partido mejor, ni tampoco el rey cristianísimo puede nombrar hombre más apto como Coadjutor de Cahors.
F IRMADO: VICENTE DEPAUL 208
88.
OBEDIENCIA DE SOR ANGELICA LE ROY 16 octubre 1656 Nos, Vicente de Paúl, Superior General de la Congregación de la Misión y padre espiritual de las religiosas de la Visitación de Santa María de París.
A vos, nuestra querida sor Francisca Angélica Le Roy, religiosa del primer monasterio de dicha ciudad, salud.
La Madre superiora de vuestra casa de Le Mans nos ha pedido una joven de vuestra comunidad que la ayude a llevar el yugo de Nuestro Señor en el gobierno de la suya y a contribuir a la santificación que Dios pide a las almas que la componen.
Y sabedores de que Dios ha bendecido hasta ahora en ella vuestra conducta en cuantas funciones habéis desempeñado, os hemos escogido y deputado, escogemos y deputamos para que vayáis a dicha casa vuestra de Le Mans, acompañada de nuestra sor María-José Trouillet y permanezcáis allí para el fin expresado hasta que la santa obediencia ordene otra cosa.
Os mandamos bajar el velo cuando entréis en las ciudades por las que paséis, y comportaros siempre según las reglas y prácticas de vuestro santo Instituto, de manera que Dios se honre en ello y se edifique el prójimo, rogando a su divina Bondad os honre con su protección y continúe bendiciéndoos.
Dado en Saint-Lazare-les-Paris. 16 de octubre 1656.
V INCENT DEPAUL,1 i. ste. de la c. m.
Al reverso: sobrescrito del siglo XVIII: Obediencia de nuestra Muy Honorable Sor Francoise-Angélique Le Roy de la Grange por San Vicente de Paúl. ________ Documento 88.
Annales C.M. 101 (1936) 701. 1.
Solo firma, es de puño y letra de S.
Vicente. 209
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