Conferencia · tomo XI-A
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26 DE JUNIO DE 1642
hay que comenzar con la fe, sin que admitamos nunca en nuestro ánimo ningún razonamiento contrario a esta virtud, contrario a la sagrada Escritura, contrario al sentido de explicación de la iglesia.
Dijo luego que hay que tener mucha confianza en Dios, desconfianza de nosotros mismos y mucho amor a Dios; y a este propósito refirió el ejemplo de un gentilhombre que había sido antes libertino y que ahora está tan lleno de amor de Dios, que no puede hacer más que amarle; el amor de Dios tiene tanto atractivo sobre su espíritu que se puede decir en cierto modo que las almas condenadas y los demonios no tienen tanto odio a Dios como amor le tiene este gentilhombre. 11 [93,XI, 117-119] R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN DEL 26 DE JUNIO DE 1642 Muerte edificante de la condesa de Saint-Paul.
Se humilla el padre Vicente.
Trabajos de los misioneros de Annecy Carta de un misionero a uno de sus hermanos Padre: He creído que era mi obligación comunicarle los buenos consejos que nuestro bondadoso y veneradísimo padre nos ha dado esta mañana en la repetición de la oración a propósito de nuestros hermanos de Annecy.
Nos decía que el padre..., con otro de la compañía y tres del seminario daban una misión con mucho fruto; por otra parte, que el padre..., con otro de la comunidad, estaban ocupados en otra misión, y que los padres Tholard y Bourdet (hermano del que usted conoce) se habían quedado en casa haciendo ambos la última ordenación con gran fruto.
Nos ha hecho admirar la bondad de Dios con estos dos últimos, y sobre todo con el padre Bourdet, que mientras estuvo aquí no logró tener éxito en las ocupaciones exteriores; muchos creían que no tenía suficiente sentido común y tenían miedo incluso de que tuviera que repetir su oración; incluso el padre de ________ Conferencia 11.
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la Salle, o algún otro, habían propuesto muchas veces que se le despidiese; por lo demás, era muy espiritual y obediente.
Yo he tenido la dicha de verlo algún tiempo en el seminario y me ha parecido tal como nuestro padre lo describía; sin embargo, ahí está ahora, nos decía, dirigiendo a los ordenandos, que en esta ocasión eran nada menos que 39, y en aquel país los ordenandos tienen más talento y prudencia que por aquí.
Estos son los temas de sorpresa y admiración que nuestro buen padre nos proponía hoy.
Luego nos exhortó a tener mucha confianza en Dios, que siempre se ha complacido en hacer maravillas por medio de las cosas pequeñas, y añadió que por eso teníamos que esforzarnos mucho en la humildad y en la obediencia.
Pero lo que más me movió a escribirle es que nos dijo que, al leer las cartas que escribieron dichos padres Bourdet y Tholard, se le ocurrió en su corazón venir al seminario a gritarles a todos nuestros hermanos que saliesen para ir a trabajar al campo, que ya tenían bastante ciencia y capacidad, que Dios quería servirse de ellos.
Estas son sus palabras: «Vayamos, hermanos míos, vayamos a servir a nuestro buen Amo».
También se le ocurrió la idea de enviar a Roma a los que no tuviesen edad para ser sacerdotes, para obtener de Su Santidad poder ordenarse antes de la edad.
No puedo expresarle con cuánta efusión, con qué abundancia del espíritu de Dios decía todo esto, con qué fuego, con qué violencia; solamente puedo decirle que mi corazón se llenó de gozo y de contento; sin embargo, él se lamentaba de que no sentía este movimiento con violencia, porque quizás había cometido algún pecado y Dios le retiraba sus gracias.
¡Ya puede usted pensar que si así se conmovió mi corazón tan duro, cuánto más los de toda la compañía!
Nuestros buenos hermanos, a quienes no parecía que iba expresamente dirigido aquel discurso, estaban muy impresionados.
En otra ocasión nos refirió la muerte de la virtuosa condesa de Saint-Paul, que a pesar de haber sido muy hugonote y muy princesa, cuando le llevaron a nuestro Señor, se arrojó del lecho para adorarle y exclamó: «Bien sabéis, Dios mío, que soy indiferente a todo lo que no sea amarte y cumplir tu voluntad y que, por el contrario, estoy decidida y dispuesta a cumplirla por entero».
De allí nuestro buen padre sacaba motivos de confusión para nosotros, que somos tan obstinados en resistir a la volun42
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