Conferencia · tomo XI-A

R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN , NOVIEMBRE DE 1658

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Conferencia
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XI-A
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conceda la gracia de amar y de practicar la humildad en todo y por todo, de estimar el desprecio de vosotros mismos, de no buscar ni desear más que esto, y sobre todo de creer que, si tenéis algo en vosotros mismos que os haga dignos de un poco de estimación, es porque Dios os lo ha dado y lo habéis recibido de él 1.

Vivid, hermanos míos, con este espíritu; procurad, hermanos míos, conservarlo, si es que ya lo tenéis; y si no lo tenéis, pedídselo insistentemente a nuestro Señor.

Que la filosofía que vais a aprender os sirva para amar y servir mejor a Dios, para elevaros hasta él por medio del amor, y que al mismo tiempo que estudiáis la ciencia y la filosofía de Aristóteles y aprendéis todas esas divisiones, aprendáis también la de nuestro Señor y sus máximas, y las pongáis en práctica, de forma que todo lo que aprendáis os sirva, no ya para hinchar vuestro corazón, sino para servir mejor a Dios y a su Iglesia.

La filosofía es muy útil a una persona, cuando uno se sirve de ella como es debido y con el espíritu que nuestro Señor lo desea; cuando se obra de otro modo, sólo sirve para perder a las personas y para hinchar su corazón.

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Benedictio Domini nostri... 115 [192,XII, 64-67] R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN , NOVIEMBRE DE 1658 Reprensión a un estudiante que había llamado a la compañía santa compañía.

Cómo hay que hacer oración.

Triste estado de la religión en varios países.

La compañía tiene que pedir a Dios el don de lenguas.

Manera de aprenderlas.

El padre Vicente, en la repetición de la oración, reprendió a un estudiante que, al repetir su oración, utilizó la expresión santa compañía para hablar de la compañía, diciéndole que había que decir la compañía, o esta compañía, pura y sencillamente. ________ 1 Cor 4,7.

Conferencia 115.

— Manuscrit des répétitions d'oraison, fº 83. 373

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Dijo además: Convendrá ver si el asistente o el subasistente se tendrán que encargar de leer ellos mismos los puntos de la meditación, pues me parece que no se toma en serio la oración mental y que no se entra suficientemente en la materia de la oración que se propone cada día.

Quizás provenga esto de que no se comprenden muy bien los puntos del tema que se medita.

Entonces ellos podrán indicarlos y decir: «Hermanos, la meditación tiende a esto; en el primer punto, meditaremos esto; en el segundo, esto; y en el tercer, esto».

Quizás, por este medio, podáis entrar más fácilmente en el tema de la oración que haya que meditar.

Por ejemplo, hoy se trata de la elección que nuestro Señor hizo de sus apóstoles.

Pues bien, ¡había tantas cosas y tan hermosas que meditar en este tema!

Doce pobres campesinos, pobres pecadores fueron escogidos para convertir y trastornar a todo el mundo, para derribar toda la idolatría, etcétera.

Escogió solamente a doce, y no más.

Se podía considerar en esta meditación la mucha necesidad que tiene la Iglesia de buenos sacerdotes, de buenos operarios.

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Hay muchos, es verdad; pero entre ese número hay bastantes que no son buenos ni tienen las cualidades que deberían tener para trabajar útilmente en la viña de nuestro Señor; entre ellos hay no pocos viciosos.

Pedidle, pues, a Dios, hermanos míos, que envíe buenos operarios, buenos sacerdotes, a su Iglesia 1, buenos misioneros a la compañía; pero que sean buenos de verdad y bien escogidos.

Eso es lo que deberíamos haber hecho en esta meditación, que era muy indicada para ello.

Desde Roma me escribe el padre Jolly que ha dirigido el retiro a unos treinta alumnos del colegio que tiene en Roma la Propagación de la Fe, y que entre ellos había uno de Moravia, que es una provincia cercana a Hungría.

Ese joven le dijo al padre Jolly que en toda su provincia, que es muy grande, sólo había siete u ocho sacerdotes en total.

¿Por culpa de quién?

De la herejía.

¿No debería esto animarnos, hermanos míos, a entregarnos plenamente a Dios para hacernos útiles, en cuanto podamos, para servirle en nuestra vocación, a fin de poder ayu________ 1 Mt 9,38. 374

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dar a esas pobres gentes, si la providencia de Dios nos llama a ello?

El señor obispo de la Rochelle, cuando era todavía obispo de Saintes 2, me decía un día que en aquella diócesis había muy pocas personas que quisieran ser de Iglesia y hacerse sacerdotes; que esto se debía a la herejía, de la que dicha diócesis está muy infectada en varios lugares.

Los herejes, me decía, han hecho tan despreciable el estado de sacerdote que apenas se encontraba en su diócesis algún muchacho que quisiera ser de iglesia; y si el muchacho quería, se lo impedían el padre o la madre.

De hecho, en la actualidad, el seminario de Saintes cuenta solamente con cuatro o cinco seminaristas.

Es necesario que la compañía se aficione a pedirle a Dios el don de lenguas, que es el mismo que les dio a los apóstoles al elegirlos para apóstoles suyos, de forma que entendían a todos los que les hablaban, aunque fuesen de distintos países y de naciones diferentes; y los apóstoles se hacían entender igualmente por ellos, hablándoles y respondiéndoles en su propio idioma 3.

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Pidámosle a Dios, hermanos míos, que nos dé al menos el deseo de aprender las lenguas; todos tienen que estar dispuestos para ello y pedírselo a Dios.

Esa grande y santa compañía de los padres jesuitas se ha dedicado mucho a ello, y una de las primeras cosas que hacen los que son enviados a un país cuya lengua ignoran es dedicarse a su estudio; ponen en ello todo su empeño e interés; toman a su lado a alguno del país o a cualquier otro que entienda su lengua, para que les ayude.

Y esto es lo que deberán practicar también los de nuestra compañía, cuando vayan destinados a países extranjeros, cuando Dios los llame allá.

Nuestro pobre, pero bienaventurado padre Nacquart así lo hizo; pues, apenas llegó a Madagascar, tomó a su lado a un francés que entendía la lengua de aquella isla y empezó a estudiarla, a aprender los nombres, los verbos, más tarde a conjugar, y así con todo lo demás; de forma que, al cabo de cuatro meses, entendía esa lengua y era capaz de empezar a tener el catecismo. ________ 2 Santiago Raúl de la Guibourgère. 3 Mc 16,17; Hech 2,6. 375

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VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.

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