Conferencia · tomo XI-A
C HARLA CON LUIS LANGLOIS, SACERDOTE DE LA MISION. MARZO DE 1659.
plo; concédenos esta gracia.
Como no podemos hacerlo por nosotros mismos, te lo pedimos a ti, lo esperamos alcanzar de ti, pero con toda confianza y con un gran deseo de seguirte.
Señor, si quieres darle este espíritu a la compañía, ella trabajará por hacerse cada vez más agradable a tus ojos y tú la llenarás de ardor para que sea semejante a ti; y este anhelo la hace ya vivir de tu vida, de modo que cada uno puede decir como san Pablo: Vivo ego, jam non ego, vivit vero in me Christus 17.
¡Bendita compañía!
¡Bienaventurados todos nosotros!
Si tendemos a ello, lo alcanzaremos infaliblemente.
¡Qué dicha poder comprobar en nosotros estas palabras: Vivo ego, jam non ego, vivit vero in me Christus!
Pues ya no vivimos una vida humana, sino una vida divina, y viviremos esa vida, hermanos míos, si nuestros corazones están llenos y nuestras acciones van acompañadas de esa intención de cumplir la voluntad de Dios.
Pues bien, si algunos pueden decir que así lo han hecho, como es verdad, otros pueden decir, como yo: «¡Qué desgraciado soy al ver cómo mis hermanos viven la vida de Jesucristo y son agradables a los ojos de su Padre eterno, mientras que yo vivo una vida sensual y animal y merezco ser arrojado lejos de su trato, como objeto de disgusto para Dios!».* Quiera su bondad que este sentimiento penetre tan hondo en nuestra alma que avergonzados de nuestra cobardía, redoblemos el paso para alcanzar a los más adelantados en el camino de la perfección.
¡Que Dios nos conceda esta gracia! 123 [200,XII, 165-167] C HARLA CON LUIS LANGLOIS, SACERDOTE DE LA MISION.
MARZO DE 1659.
El padre Vicente advierte al padre Langlois que le va a encargar de una obra nueva, que se le ha confiado a la compañía.
Se la impone a pesar de su resistencia. ________ 17 Gál 2,20. * Se ha rehecho el párrafo anterior, dado que la presentación de la traducción española era deficiente.
Conferencia 123.
— Manuscrit des répétitions d'oraison. 457
El padre Vicente llamó al padre Langlois, sacerdote de la compañía, y le dijo que el señor arzobispo de Narbona 1, coadjutor solamente por entonces, le había escrito pidiéndole que le indicase el nombre de aquel que se encargaría de dirigir a las personas que iba a enviar a San Lázaro para hacer el retiro y formarse en lo que hay que hacer para enseñar en las escuelas de niños; que había puesto sus ojos en él y le llamaba para rogarle que lo hiciera él y se cuidase de esas personas; que así se lo indicaría al señor obispo coadjutor de Narbona.
El padre Vicente le pidió a dicho padre Langlois que se entregase a Dios para hacer este servicio a su divina majestad; el padre Langlois se excusó y dijo incluso que los sacerdotes de San Nicolás de Chardonnet 2 podrían hacerlo mejor que los de la compañía, ya que ellos tienen de esas escuelas y conocen mejor, por consiguiente, las cualidades que se requieren para ser maestros.
El padre Vicente le contestó que, puesto que nos lo mandaba para esto, no había que rechazarlos, sino hacer ese servicio a Dios y a la Iglesia; que él podría informarse, por algunos de esos sacerdotes de San Nicolás, de lo que se acostumbra observar en semejantes ocasiones y de lo que tiene que hacer un maestro de escuela para desempeñar bien este oficio.
Volvió a decirle el padre Langlois que él se consideraba incapaz de esto y que tenía muy poca virtud, ya que era un hombre sin oración, y que cualquier otro lo haría mejor que él.
Entonces el padre Vicente le dijo estas palabras: Es verdad, padre, que de usted mismo y por usted mismo no hará nada que valga la pena, más bien estropeará que hará nada de valor y por eso tiene usted razón al decir que lo va a estropear todo.
Pero, padre, D os será el que haga todo el bien que resulte de estos ejercicios, y no usted; pues por nosotros mismos, padre, no haríamos más que estropearlo todo.
Bien, padre, vaya y haga lo que pueda de su parte, S Dios hará lo demás; anímeles mucho a entregarse a Dios en esta ocupación; y para animarlos más, hágales ver los bienes que ________ 1 Francisco Bourquet 2 Los sacerdotes del padre Bourdoise. 458
Tomo XI-A · página PDF 440VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.