Conferencia · tomo XI-A
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5 DE SEPTIEMBRE DE 1642
tumulto, sin jaleo, y adujo varias razones: 1.º Te decet [silentium], Deus, in Sion 1: que el silencio agrada a Dios; 2.º por el escándalo que se da al no observarlo.
Añadió que una persona piadosa le había dicho que se cerraban las puertas con demasiada rudeza.
Al limpiar la vajilla, había que hacerlo en silencio, sin ruido.
Conocía una casa, muy distinta de nuestra profesión, donde había 200 personas, pero en la que todos se habían acostumbrado a hablar bajo, y esto porque el dueño había dicho que así lo quería.
Le pidió a la compañía que pusiera atención en ello durante un mes y dijo que esa debería ser la primera falta que había que acusar en el capítulo.
Aquel mismo día recomendó que no usasen en ciertos lugares los escritos en donde se hablase del santo nombre de Dios o de la Virgen: 1.º porque ese santo nombre tiene que ser muy venerado y reverenciado; 2.º porque, lo mismo que está prohibido jurar el santo nombre de Dios en vano, tampoco debemos servirnos de él suciamente.
Se le ha dicho al pecador: Quare tu assumis testamentum meum per os tuum 2, y les recomendó a los encargados que lo tuvieran en cuenta. 15 [97,XI,125-126] CONFERENCIA DEL 5 DE SEPTIEMBRE DE 1642 Buena acogida que se merecen los misioneros al volver del campo.
El padre Vicente recomendó que se recibiese con mucha caridad a los que vuelven del campo y dijo que había que recibirlos como a personas que vuelven de expulsar demonios, de hacer reinar a Jesucristo y hacer triunfar el nombre de Dios.
Si se acostumbra recibir en triunfo a los que han ganado una bata________ 1 El manuscrito dice: Te decet hymnus, Deus, in Sion(Sal 64,2) pero estas palabras no significan ni mucho menos que a Dios le agrade el silencio; por eso preferimos creer que S.
Vicente se expresó en esta repetición lo mismo que en la del 1 de agosto de 1655 (cfr. p. 168). 2 Sal 49,16.
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lla, ¿por qué no a los que acaban de vencer al diablo?
Para ello dijo que, cuando regresara alguno de ellos, el portero tocase cinco o seis veces la campana, para llamar al procurador y al que se cuida de los ejercitantes, y que acudan enseguida.
Al sonido de la campana, ellos deben dejarlo todo, a no ser el santo sacrificio de la misa. 16.
C ONVERSACIÓN ENTRE R RICHELIEU Y SAN VICENTE (1638-1642) Me encargaron un día que le rogase al señor cardenal de Richelieu que asistiese a la pobre Irlanda en tiempos de la guerra de Inglaterra contra su rey.
Al hacerlo así, me dijo: «¡Ay, padre Vicente!
¡El rey tiene demasiados asuntos para poder atender a ése!».
Le dije que el papa le ayudaría y que le ofrecía 100.000 escudos.
Y me contestó: «Cien mil escudos no son nada para un ejército; se necesitan muchos soldados, mucho equipo, muchas armas y muchos medios de transporte; el ejército es como una gran máquina que cuesta mucho mover» 17 [98,XI, 126-128] R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN ; OCTUBRE DE 1643 SOBRE EL ESTUDIO El padre Vicente encomienda a los estudiantes a las oraciones de la compañía; después de exponer los motivos de esta recomendación, indica con qué espíritu han de entregarse al estudio los seminaristas.
El día que comenzaron las clases, en la repetición de la oración, el padre Vicente aprovechó la ocasión para encomendar a ________ Conferencia 16.
— L.
ABELL Y., o.c., I, cap. 35, 170.
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los estudiantes a las oraciones de la compañía, diciendo que, s; algo había recomendado con insistencia alguna vez, había sido esto; y señaló las razones, diciendo: 1.º que, aunque todos los sacerdotes estén obligados a ser sabios, nosotros estamos especialmente obligados a ello, en virtud de los ejercicios y ocupaciones que nos ha dado la divina providencia, como son los ordenandos, la dirección de los seminarios eclesiásticos y las misiones, aun cuando demuestre la experiencia que los que obtienen más éxito son los que hablan con mayor familiaridad y sencillez popular.
De hecho, hermanos míos — añadió — , ¿hemos visto alguna vez que los que se ufanan de predicar bien hayan producido quizás algún fruto?
Sin embargo, se necesita ciencia.
Y añadió además que los que eran sabios y humildes formaban el tesoro de la compañía, lo mismo que los buenos y piadosos doctores son el mejor tesoro de la iglesia.
Indicó también otra razón por la que recomendaba esto con cariño e interés: que éste es el estado más peligroso, no sólo para los estudiantes particulares, sino incluso para la compañía en general, que tiene mucho interés en que los particulares estudien como es debido, para hacerse capaces de las tareas en que ha de ocuparlos.
Pues bien, como naturalmente deseamos saber algo nuevo, si no reprimimos este deseo y esta curiosidad, no habrá hoja escrita que no sirva para nuestra vanidad; y empezando por el espíritu, acabaremos por la carne; por deseos de parecer, apacentándonos de humo, querremos estar por encima de los demás, ser tenidos por sutiles, de mucha inteligencia, de juicio equilibrado: ¡y quién sabe adónde llegaremos!
¡Hermanos míos, tengamos mucho cuidado de que este espíritu no se introduzca en la compañía!
Así fue como se hundió en el infierno el espíritu maligno.
Aquí refirió el ejemplo de una comunidad de las más florecientes en la iglesia de Dios, que se deshizo en menos de seis años por culpa de ese espíritu de saber y de acumular ciencia sobre ciencia, que se introdujo en ella y produjo un enorme desorden.
A continuación añadió algunos medios para estudiar como es debido: 1.º Estudiar sobriamente, queriendo saber sólo las cosas. que nos conciernen según nuestra condición. 50
Tomo XI-A · página PDF 322.º Estudiar humildemente, esto es, sin querer que se sepa ni que se diga que somos sabios; no querer estar por encima de los demás, sino ceder a todo el mundo.
¡Ay, padres!
— nos dijo — , ¡quién nos diera esa humildad, que es la que nos sostendrá!
¡Qué difícil es encontrar a un hombre que sea a la vez muy sabio y muy humilde!
Sin embargo, no se trata de dos cosas incompatibles.
Conocí a una persona santa, a un buen padre jesuita, llamado..., que era muy sabio; y con toda su ciencia era tan humilde, que no recuerdo haber conocido un alma tan humilde como aquella.
Todos conocimos también al buen padre Duval, tan sabio y al mismo tiempo tan humilde y sencillo, que no se puede pedir más. 3.º Hay que estudiar de forma que el amor corresponda con el conocimiento, sobre todo en los que estudian teología, como lo hacía el señor cardenal de Bérulle, el cual, tan pronto como había concebido una verdad, se entregaba a Dios, o para practicar tal cosa, o para entrar en esos sentimientos, o para producir aquellos actos; por este medio, adquirió una santidad y una ciencia tan sólidas que apenas se puede encontrar algo semejante.
Y concluyó de este modo: «Se necesita la ciencia, hermanos míos, ¡y ay de los que no emplean bien el tiempo!
Pero tengamos miedo, hermanos míos, tengamos miedo y hasta temblemos y temblemos mil veces más de lo que podría deciros; porque los que tienen talento tienen mucho que temer: scientia inflat 1; y los que no lo tienen, todavía es peor, si no se humillan». 18 [99,XI, 129-132] REPETICIÓN DE LA ORACIÓN DEL 21 DE OCTUBRE DE 1643 Hacer penitencia para expiar los pecados e imitar a nuestro Señor.
Ejemplos de una hija de la caridad y de la señorita du Fay.
La compañía ha de sentirse feliz de no contar en su seno más que con hombres de humilde condición y poca ciencia. ________ 1 1 Cor 8,1.
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Sobre la meditación del pobre Lázaro y el rico epulón, uno de nuestros hermanos llegó en su oración al tema de la penitencia; esto le dio motivo para hablar, diciendo que el día anterior los sacerdotes de la conferencia habían tocado también la cuestión de la penitencia; y lo que dio lugar para ello fue el pensamiento de cierta persona, que decía que no les correspondía a los sacerdotes hacer penitencia, sino sólo al pueblo; que ellos tenían que dedicarse al estudio y al santo sacrificio y consumirse allí, iluminando al pueblo y procurando alentarlo con la predicación y otras maneras en el amor de Dios.
No obstante, en la conferencia se dijeron cosas tan interesantes para probar que los eclesiásticos tienen que entrar en el espíritu y en los actos de la penitencia, que nos dijo el padre Vicente que nunca se había visto tan impresionado, y nos indicó algunas cosas de las que allí se dijeron: 1.º Se alegó la razón de que es una venganza, como la llama san Agustín, que se toma contra los pecados para satisfacer a la justicia de Dios y reparar en cuanto podamos el daño que se le ha hecho.
Por consiguiente, se trata de cumplir con la justicia.
¿Qué medio más grande y eficaz para reconciliar a los hombres con Dios que éste?
Los sacerdotes también cometen pecados, que son incluso mayores y más enormes delante de Dios que los de los laicos, y quizás son la causa de los castigos con que Dios prueba al pobre pueblo. 2.º Nuestro Señor, que es el modelo perfecto del sacerdote, nos ha dado ejemplo continuo de penitencia, a pesar de ser inocente y la misma inocencia, satisfaciendo sin cesar por los pecados del pueblo.
¡Ay, hermanos!
¡Ay, sacerdotes!
¡Temblemos y llenémonos de vergüenza ante el hecho de que los mismos cánones condenen a los sacerdotes a duras penitencias!
¡No presumamos, padres, no presumamos!
¡Tenemos necesidad de penitencia y no hacemos penitencia!
¡Dios mío!
¿Quién nos dará el espíritu de penitencia?
Padres, lo que ha dicho este buen hermano es verdad: uno solo de nuestros pecados merece una gran penitencia.
¿Acaso no es una gran misericordia de Dios recibirnos en su gracia después de habernos rebelado contra él? 52
Luego habló de una hermana de la caridad, fallecida recientemente, y nos dijo algo de lo que se comentó en la conferencia que se tuvo sobre sus virtudes, entre las que se señaló el espíritu de penitencia que siempre se había apreciado en ella. 1.º Era de las primeras, e incluso la primera, en la oración. 2.º Nunca perdía la ocasión de orar, apenas tenía un momento de tiempo; la vieron rezando a Dios de rodillas sobre una piedra puntiaguda. 3.º Sentía una devoción especial en oír la santa misa, de forma que nunca perdía la ocasión de oír otra, aunque ya hubiera oído una o dos. 4.º Hacía ordinariamente lo más costoso y humilde que hubiera que hacer, como conducir el caballo por las parroquias; y lo hacía con celo muy grande; cuando se veía mojada y empapada de agua, decía: «¿Pues qué?
¿No hay que padecer algo por amor de Dios?».
Estas palabras las tenía siempre en los labios en ocasiones semejantes.
¿Lo veis, hermanos?
¿qué santidad es esta?
¡Ved qué tesoros en el barro, en el barro, pues no era más que una pobre viuda, aparentemente ruin de cuerpo y de espíritu!
¡Ved cómo es sabiduría delante de Dios lo que para los hombres no es más que locura y bajeza!
Y al contrario, lo que parece esplendor, dignidad y sabiduría a los ojos de los hombres, ante Dios no es más que locura.
¡Locura, locura delante de Dios!
Ved a David, un pobre pastor.
San Gregorio de Tours era un hombre maltrecho de cuerpo, un enano: cuando su fama llegó hasta el papa y éste lo quiso conocer, al principio experimentó cierto disgusto, pero cuando el santo le dijo estas hermosas palabras: Ipse fecit nos et non ipsi nos 1, concibió de él mejor opinión y lo acogió con cariño.
Todos conocemos a la buena señorita du Fay, hermana del señor de Vincy: por una desgracia natural, tiene una pierna dos o tres veces más gruesa que la otra, pero está tan unida a Dios que no sé si he visto alguna vez a un alma tan unida a Dios como ella.
Solía llamar a su pierna su «bendita pierna», pues era la que le había apartado de las compañías y hasta del matrimonio, en donde podría haberse perdido. ________ 1 Sal 99,3. 53
Hermanos míos, miremos estos defectos, tanto del cuerpo como del espíritu, como una misericordia especial de Dios, y sintamos siempre una reverencia especial para con aquellos que tengan tales defectos, mirándolos siempre como si fuesen rasgos de un gran maestro, aunque la obra no esté todavía acabada.
Los que entienden un poco de pintura aprecian mucho más una pequeña pincelada de un gran pintor, que un cuadro acabado de un aficionado.
In nomine Domini!
Me parece que ya os he dicho otras veces lo que me dijo el superior general del Oratorio 2 sobre la compañía.
Entre otras cosas me dijo: «Padre Vicente, ¡qué feliz es usted al tener en su compañía el sello de las obras de Jesucristo!
Pues, lo mismo que al instituir la iglesia quiso escoger a unos pobres hombres, ignorantes y pecadores, para fundarla y plantarla por toda la tierra con esos instrumentos, a fin de demostrar más su poder, derribando la sabiduría de los filósofos por medio de unos pobres pecadores, y el poder de los reyes y emperadores por la debilidad de quienes respondían a las injurias con su humildad y rezaban por quienes los maldecían y, cuando los golpeaban, demostraban su superioridad presentando la otra mejilla, de la misma forma la mayor parte o casi todos los que Dios llama a su compañía son pobres o de humilde condición, o de los que no resplandecen mucho en ciencia».
Pues bien, hermanos míos, a pesar de eso, todo este reino está inflamado y lleno del espíritu de esta pequeña compañía y este aprecio ha llegado hasta el punto de que el difunto rey, poco antes de morir, me hizo el honor de decirme que, si recuperaba la salud, no permitiría que se nombrase ningún obispo sin pasar tres años por la misión.
¿Qué es todo esto, hermanos míos?
In nomine Domini!
In nomine Domini!
Hermanos míos, os decía últimamente que necesitabais ciencia; os lo repito una vez más.
Por amor de Dios, emplead bien el tiempo, pero no descuidéis la virtud. ________ 2.
El padre de Condren (cfr.
L.
ABELL Y, o.c., I, cap. 21, p. 94). 54
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