Conferencia · tomo XI-A
EXHORTACIÓN A UN HERMANO MORIBUNDO , 1645
21 [102, XI, 142-148] EXHORTACIÓN A UN HERMANO MORIBUNDO , 1645 El padre Vicente sugiere pensamientos piadosos, actos de confianza, de contrición y de amor.
Bien, hermano mío, ¿cómo se encuentra usted?
Ahora resulta que es nada menos que nuestro gran general, el primero de todos los misioneros, nuestro Señor, el que quiere llevarle a la misión del cielo.
Fíjese; él quiere que vayamos todos allá, cada uno cuando nos llegue la hora, siendo ésta una de las principales reglas y constituciones que él ha dado en la tierra: Volo ut ubi ego sum, illic sit et minister meus 1; Vos estis qui permansistis mecum, etcétera 2 ¡Dios mío!
¡Qué consuelo ha de sentir por haber sido elegido de los primeros para ir de misión, pero a esa misión eterna en donde todos los ejercicios consisten en amar a Dios!
¿No es verdad que nuestro gran superior querrá concederle la gracia de ser del número de esos felices misioneros?
Sin duda, tiene usted que esperarlo así de su bondad y, con esta confianza, decirle humildemente: «¡Señor mío!
¿De dónde a mí tanta dicha?
¡Ay!
¡No soy yo el que la he merecido!; no, porque ¿qué proporción hay entre el trabajo de las misiones que se hacen aquí abajo y la alegría y recompensa eterna de los misioneros que están contigo?
Por tanto, sólo lo espero de tu bondad y liberalidad, mi buen Señor.
Y aunque, además de la desigualdad que hay entre el trabajo de las misiones de aquí abajo y la alegría y recompensa que tú concedes allá arriba, he sometido innumerables pecados, desidias e infidelidades que me hacen indigno de ello, yo espero sin embargo de tu bondad y liberalidad infinitas que me perdonarás esta gran deuda, como a aquel pobre deudor del evangelio: Et omne debitum dimisi ei 3, ya que tu misericordia y bondad es infinitamente mayor que mis indig________ Conferencia 21.
— Arch. de la Mission, copia del siglo XVII o XVIII El uso de las citas latinas es explicable si se piensa que este hermano era clérigo. 1 Jn 12,26. 2 Lc 22,28. 3 Mt 18,32. 63
nidades y malicias».
Por lo que se refiere a las negligencias pasadas, ¡ay!, ¿qué remedio podemos aplicar ahora más eficaz que el pesar por haberlas cometido?
Y luego esforzarse en glorificar a Dios y honrarle todo lo que podamos este poco tiempo que nos queda.
Pues bien, es cierto que uno de los mayores honores y la mayor gloria que es usted capaz de darle en estos momentos, es esperar con toda la extensión a su corazón en su bondad y en sus méritos infinitos, a pesar de esa indignidad y esas infidelidades cometidas en el pasado; porque el trono de su misericordia es la grandeza de las faltas que perdona.
Esa confianza es la que él espera de usted, a fin de que le obligue así a decirle con ese afecto de padre que le ha tenido desde toda la eternidad: Hodie mecum eris in paradiso, «Hodie mecum eris in Paradiso» 4.
Consuélese y alégrese al mismo tiempo con este pensamiento y con esta confianza filial de que él le dirá desde arriba estas mismas palabras: Hodie mecum eris; y ríndale ahora, mi querido hermano, este homenaje: es ésta la mejor ocasión.
También es este el tiempo de ejercitarse mucho en frecuentes y ardorosos actos de amor a nuestro querido Maestro; y estos hermosos actos de esperanza, tan agradables a su divina majestad, que acaba de hacer, tienen que dirigirse a ello.
Pues, si él es tan magnífico, tan liberal y tan bueno como usted espera, ¿no es verdad que tiene muchos motivos para entusiasmarse y decir: «¡Dios de mi corazón! tu infinita bondad no me permite compartir con nadie mis afectos con mengua de tu amor ¡posee tú solo mi corazón y mi libertad!
¿Cómo podré querer a otro más que a ti?
¿quizás a mí mismo?
¡Ay!
Tú me quieres infinitamente más que yo mismo; tú deseas infinitamente más mi bien y puedes hacérmelo mejor que yo mismo, que nada tengo y nada espero más que de ti.
¡Oh, mi único bien!
¡Oh, bondad infinita!
¡Ojalá pudiera amarte como todos los serafines juntos!
Pero ¡ay!
¡es demasiado tarde para poderles imitar!
O antiqua bonitas, sero te amavi!
Pero al menos te ofrezco con toda la magnitud de mi afecto la caridad de la santísima reina de los ángeles y la de todos los bienaventurados.
¡Dios mío!
Ante el cielo y la tierra te entrego mi corazón, tal como es.
Adoro por amor tuyo los decretos de tu paternal providencia sobre tu pobre servidor: ________ 4 Lc 23,43 64
detesto, en presencia de toda la corte celestial, lo que me pueda separar de ti.
¡Oh, soberana bondad, que quieres ser amado por los pecadores!
Dame tu amor, y luego mándame lo que quieras: Da quod jubes et jube quod vis».
Sí, mi queridísimo hermano, es cierto, y no cabe duda de ello, que Dios se ha complacido siempre en que usted le amase, pero especialmente en esta hora; para que le amásemos, nos ha hecho a su imagen y semejanza 5, dado que uno no ama más que a lo que es semejante a él, si no en todo, al menos en algo.
Ese gran Dios, al crearnos con el plan de exigir de nosotros esa agradable ocupación de amarle y ese honorable tributo, ha querido poner en nosotros el germen del amor, que es la semejanza, para que no nos excusásemos diciendo que no podríamos pagarle jamás.
Ese enamorado de nuestros corazones, al ver que, por desgracia, el pecado había estropeado y borrado esa semejanza, quiso romper todas las leyes de la naturaleza para reparar ese daño, pero con la ventaja maravillosa de que no se contentó con devolvernos la semejanza y el carácter de su divinidad, sino que quiso, con el mismo proyecto de que le amásemos, hacerse semejante a nosotros y revestirse de nuestra misma humanidad.
¿Quién querrá entonces negarse a tan justa y saludable obligación?
Además, como el amor es infinitamente inventivo, tras haber subido al patíbulo infame de la cruz para conquistar las almas y los corazones de aquellos de quienes desea ser amado, por no hablar de otras innumerables estratagemas que utilizó para este efecto durante su estancia entre nosotros, previendo que su ausencia podía ocasionar algún olvido o enfriamiento en nuestros corazones, quiso salir al paso de este inconveniente instituyendo el augusto sacramento donde él se encuentra real y substancialmente como está en el cielo.
Más aún, viendo que, rebajándose y anulándose más todavía que lo que había hecho en la encarnación, podría hacerse de algún modo más semejante a nosotros, o al menos hacernos más semejantes a él, hizo que ese venerable sacramento nos sirviera de alimento y de bebida, pretendiendo por este medio que en cada uno de los hombres se hiciera espiritualmente la misma unión y semejanza que se ob________ 5 Gen 1,26. 65
Tomo XI-A · página PDF 47tiene entre la naturaleza y la substancia.
Como el amor lo puede y lo quiere todo, él lo quiso así; y por miedo a que los hombres, por no entender bien este inaudito misterio y estratagema amorosa, fueran negligentes en acercarse a este sacramento, los obligó a él con la pena de incurrir en su desgracia eterna: Nisi manducaveritis carnem Filii hominis, non habebitis vitam 6.
Ya ve usted cómo se ha esforzado por todos los medios imaginables en conseguir que todos los hombres le amasen; por eso, tiene usted que excitar su corazón para pagar este justo y suave tributo al amor de un Dios que ha sido el objeto de todos sus planes sobre usted, y que para obtenerlo ha hecho todo lo que ha hecho con usted.
Crea que el mayor presente que puede usted ofrecerle, es el de su corazón; no le pide nada más: Fili, praebe mihi cor tuum 7.
Y si sus pensamientos le dicen que es una temeridad el que un pobre deudor y un mal esclavo aspire a las caricias y besos del Esposo, dígales que es Dios el que lo manda y lo desea.
Si la dificultad que ha podido usted tener en formar, por ejemplo, algún acto de fe, le causa alguna pena y escrúpulo, recurra a los actos de amor que, a pesar de la mayor facilidad en producirlos, le serán sin embargo más meritorios, pues agradarán más a Dios y, por otra parte, encerrarán también dentro de sí los actos de las demás virtudes interiores.
Y si le cuesta hacer actos de contrición, hágalos por el camino del amor; en el fondo, se trata siempre de lo mismo.
¿No desea que en usted se cumpla la voluntad de Dios?
¿no quiere que él se complazca infinitamente en usted?
¿No desea que él reciba toda la gloria que espera de los dolores que permite que sufra usted ahora?
Si pudiera usted procurarle la gloria que espera de todas las criaturas, ¿no lo haría de buen grado?
¿Pues no se goza usted en toda la gloria y perfección que Dios tiene en sí?
¿No detesta de todo corazón lo que va en contra del agrado y del contento de Dios?
¿No le gustaría haberle amado durante toda su vida, como la santísima Virgen?
Pues bien, entreténgase con frecuencia en estos actos tan hermosos, tal como desea de usted su divina majestad, y crea ________ 6 Jn 6,54. 7 Prov 23,26. 66
Tomo XI-A · página PDF 48que ésas son las lámparas encendidas de esas vírgenes sensatas que, por esta causa, fueron admitidas en las bodas eternas del Esposo 8.
¡Qué hermosa disposición es ésta para entrar con él!
¿No quiere usted dejarnos con la esperanza de que no se olvidará de nosotros cuando esté en el cielo, con el pequeño grupo de misioneros que ya están allí?
Haga el favor de manifestarles la confianza que tenemos en sus santas plegarias, para que ellos nos obtengan de nuestro gran general la gracia de cumplir tan bien nuestra misión aquí abajo que podamos decir con humilde confianza en la hora de nuestra muerte: Feci quod jussisti, fac tu quod promisisti: esto es, estar en la misión del cielo, que es una misión de amor que durará eternamente.
Luego, retirándose, el padre Vicente les dijo a los que se quedaban al lado del enfermo: De vez en cuando podéis entretenerle y consolarle, comparando los dolores de nuestro Señor con los suyos, y otras veces diciéndole cómo se portaba algún santo en esta ocasión, sobre todo, excitadle mucho a la confianza en Dios. 22 [103,XI,148-150] R EPETICIÓN DE LA ORACIÓN , EN 1645 SOBRE LAS TENTACIONES Utilidad de las tentaciones y de las disposiciones con que hay que aceptarlas.
El padre Vicente, en una repetición de la oración, dijo que el de la tentación era un estado feliz, y que un día pasado en semejante situación nos proporcionaría más mérito que un mes sin tentaciones.
Venid, tentaciones, venid; sed bienvenidas.
— Pero es que son contra la fe.
— ¡No importa!
No hay que pedirle a Dios que nos libre de ellas, sino que nos haga utilizarlas bien y que impida que caigamos.
Son un gran bien.
Un apóstol ha dicho: Omne gaudium existimate, fratres, cum in varias ten________ 8 Cfr.
Mt 25,4-10.
Conferencia 22.
— Recueil de diverses exhortations. p. 30. 67
tationes incideritis 1.
Por el contrario, es una señal de reprobación el que todo salga a nuestro gusto.
Testigo de ello es aquel hecho de san Ambrosio, tan celebrado por la historia.
Este santo llegó un día a casa de un hombre muy rico y le preguntó si había tenido alguna vez algún disgusto; éste le respondió que no y que todo le salía bien, que tenía varios hijos y que éstos le producían mucho gozo.
San Ambrosio dijo: «Salgamos de aquí; no hace buen tiempo».
Apenas salió, empezó a aparecer una nube por encima de la casa, se formó una tempestad, cayó un rayo en aquella casa y mató al dueño y a sus hijos. 1.º Hay que aceptar verse tanto más tentado cuanto más se avanza en la virtud.
— 2.º No hay que extrañarse de ser tentado.
— 3.º Aceptarlo de buena gana.
— 4.º Dar gracias a Dios por ello.
El primer grado es esperar la tentación, sintiéndonos satisfechos de tener que combatir.
Job dice: Quare posuisti me contrarium mihi et factus sum mihimetipsi gravis? 2 Es que nosotros estamos compuestos de varias partes.
Hay que recordar aquí la historia de un capitán, que le pagaba a cada uno su soldada y también le daba el pan de la munición; pero luego los ponía en el batallón donde era mayor la fatiga, en vez de alimentarlos delicadamente y hacer de ellos unos holgazanes que no sirven para nada.
También Dios da al principio satisfacciones, pero luego nos va poniendo en los aprietos y tormenta de las tentaciones y pruebas.
Una persona que ha oído hablar de las cosas del mar decía que, cuando se ven marchar en orden una gran cantidad de delfines, saltar sobre las aguas, y ver cómo se posan en el mástil una multitud de pajarillos, se siente gozo; pero luego, cuando falta el agua, el pan y los víveres, todo son fatigas y preocupaciones.
El agua de la marea, por estar siempre en reposo, está corrompida, cenagosa y maloliente; por el contrario, los arroyos y las fuentes, que corren con agilidad por entre las piedras y las rocas, son aguas mansas y hermosas.
¿A quién no le gustaría más ser arroyo que ciénaga, aunque sea a costas de tropezar con las piedras?
Y no hay que extrañarse de que nos aburran las mismas cosas, ya que estamos compuestos de la misma manera. ________ 1 Sant 1,2. 2 Job 7,20. 68
Tomo XI-A · página PDF 50VINCENTIUS es una herramienta de consulta. Para trabajos académicos recomendamos verificar siempre la referencia en la edición original indicada.